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¡Joven, llevas la salvación en el pecho!

José Antonio Benito

Los salvadores de los jóvenes deben ser los propios jóvenes y que debemos lanzar una campaña urgente hacia ellos.

Ante el horizonte sombrío de 50 suicidios entre los jóvenes de Lima en apenas 15 días, se impone una respuesta urgente por parte de los jóvenes y sus educadores. Les comparto una anécdota brotada de una jornada juvenil misionera y protagonizada por un joven que se prepara para la confirmación el 30 de noviembre.

¿Por qué se suicidan los jóvenes? ¿Por qué se busca la muerte cuando los quince años convidan a vivir? ¿Por qué se arrojan a la frigidez de la morgue cuando debían arder en la pasión de cambiar el mundo? George Bernanos escribió que los jóvenes son los que mantienen al mundo a la temperatura normal y que cuando la juventud se enfría al esto del mundo le castañetean los dientes. ¿Quién se preocupa de los jóvenes? ¿Quién le abre horizontes? ¿Quién le da razones para vivir? ¿Quién le estimula para luchar por un mundo mejor? Con estos pensamientos salí con 20 universitarios de la PUCP para un pueblo joven de San Juan de Lurigancho. Pasamos la mañana del domingo visitando casas, de puerta a puerta, invitando para Vacaciones Útiles gratuitas y conversando acerca de las necesidades familiares y de la fe en Dios. Uno de los jóvenes fue interpelado por un joven de la zona que estaba un poco tomado:

- ¿Y yo me puedo salvar?

El joven misionero le miró con simpatía y, al ver que llevaba colgado un crucifijo, le respondió:

- Amigo, llevas la salvación en el pecho.

- Gracias.

Y con gesto sonriente pareció decirle que ahí estaba la respuesta.

En cualquier momento, en la circunstancia más corriente Dios sale a nuestro paso. Lo que sí estoy seguro es que los salvadores de los jóvenes deben ser los propios jóvenes y que debemos lanzar una campaña urgente hacia ellos. Sin querer, me vinieron a la memoria unas palabras luminosas del Concilio Vaticano II en su mensaje a los jóvenes. Se las comunico a todos ustedes, amigos lectores, como homenaje al acontecimiento más importante de la Iglesia contemporánea en el 40 aniversario de su celebración, y como gratitud a los jóvenes del Perú, de quienes tanto estoy aprendiendo:

"Jóvenes... os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Jóvenes, luchad contra todo egoísmo, negaos a dar libre curso a vuestros instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores... a Iglesia posee lo que es la fuerza y el encanto de la juventud; la facultad de reunirse a lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes".

 

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