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Sin referentes claros

Miguel Rivilla San Martín

Por no perder un puñado de posibles votos, algunos políticos son capaces de vender su alma al diablo. No parece lógica la explicación que algunos políticos dan al pueblo y que este percibe en sus mítines o comparecencias ante los medios.

En esta larga precampaña electoral en que nos encontramos, los líderes políticos, secundados por sus fieles escuderos, se han lanzado a la conquista de la voluntad ciudadana, con el señuelo de promesas, sin fundamento alguno moral, solo con el fin de captar su voto.

Por no perder un puñado de posibles votos, algunos políticos son capaces de vender su alma al diablo. No parece lógica la explicación que algunos políticos dan al pueblo y que este percibe en sus mítines o comparecencias ante los medios.

Por encima y contra comportamientos tradicionales, que afectan al individuo, a la familia y a grupos significativos de la sociedad, se emplea el halago y aceptación de modos progresistas, que carecen de todo referente ético o moral y que conducen a la desintegración de la familia y de las instituciones del Estado.

No es de recibo el presentar como progreso social, verbi gratia, la admisión en cuarteles de la Guardia civil de parejas homosexuales. Ni lo son, ni lo pueden ser, por muchas vueltas que le den, el que tales parejas puedan adoptar niños, como matrimonios normales, dando de lado al derecho prioritario de los niños.

Lo que no es natural, no dejará de serlo, por mucho que se empeñen algunos políticos, en querernos hacer comulgar con ruedas de molino. El sentido común del pueblo lo grita por encima de otra consideración política.

 

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