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En estos días difíciles lo que más necesitamos todos es unión y solidaridad

Roberto Fernández Iglesias, OP

En política los populismos son como volcanes fogosos. Pasan letárgicamente dormidos mucho tiempo hasta que erupcionan. En un primer momento nos hacen disfrutar con una pirotecnia arrebolada. Después empiezan a enfriar la atomósfera.

Tiene el sabor y el encanto moral del estoicismo aquella apreciación de un viajero alemán que describía al Ecuador como un "pueblo que vive pobre en medio de inmensas riquezas, que duerme tranquilo sobre volcanes fogosos y que se alegra con música triste". Se non è vero, è ben trovato. Quizá por eso Presley Norton tuvo la ocurrencia de llamar "Absurdistán" a nuestra querida República, en la que últimamente se han sucedido diversas sorpresas capaces de despertar al más dormido. Chaupi punchapi tutayarca (Por su laconismo, suena mejor en quichua, habría dicho mi profesor de oratoria). En la mitad del día anocheció. Y no lo digo sólo por nuestra Empresa Eléctrica que se debate heroicamente todos los días por darnos luz. Lamparilla ardiente de mis ojos...

En política los populismos son como volcanes fogosos. Pasan letárgicamente dormidos mucho tiempo hasta que erupcionan. En un primer momento nos hacen disfrutar con una pirotecnia arrebolada. Después empiezan a enfriar la atomósfera con nubes grises de arena que nadie quiere pero que acaban cayendo sobre nosotros. Más tarde hay que llevar máscara por tanto polvo que no deja ni respirar y, al final, nos pondrán a todos a barrer.

Quien de verdad acaba echando una mano es el cielo, con la lluvia y sus metáforas, y el pueblo con sus escobas. Es que los volcanes y la política tienen sus ciclos telúricos y hay que temerlos, pero no demasiado. Se puede convivir con ellos algún tiempo. Y acabarán pasando. Mientras tanto, hay que aprender a soportar y a redimir la vida con el trabajo y con algo de buen humor. Penas me ha dado la vida...

Aunque en Pedagogía las comparaciones sean didácticas, en filosofía política, comparación y razón no son equivalentes. Por eso, aceptando la realidad del populismo, de ambos candidatos a la Presidencia, no estamos todavía ante el determinismo de un fenómeno natural irreversible. Podrían sorprendernos, cualquiera de los dos, y cambiar. Puesto que ambos invocan a Dios, nos gustaría una 'conversión' y una confesión pública de fe en la democracia. Con el compromiso de fortalecerla mediante el respeto de las instituciones, de la pluralidad del país y teniendo la generosidad de aceptar el chiripazo de haber ganado una primera vuelta con porcentajes muy bajos y gracias al despiste electoral de muchos ciudadanos poco informados.

De lo que se trata en el fondo es del Estado. Cuya función principal como decía Hobbes, es mantener la paz interna y la defensa exterior. Con este propósito podemos coincidir todos los ciudadanos conscientes de que nuestro poder se expresa en las urnas para elegir a una minoría que nos gobierne lo mejor posible. Y que llegando al Gobierno, el que sea, todos debemos de ayudar. Esto sólo no basta para la democracia, pero es parte del juego para legitimarla. Tampoco bastaría que los gobernantes sigan ofreciendo pan y circo a las masas. Estas no pueden conformarse con una política gregaria. Por eso sería muy bueno que los dos candidatos a la segunda vuelta nos pudieran ofrecer no sólo palabras, sino una política de Estado basada en la racionalidad de un plan. El modo de fortalecer cada vez más nuestra democracia es entrar en su pedagogía de fondo. La democracia es una formación permanente. Pan y circo es demasiado poco. Hay que añadir libros, pensamiento, cultura. Y permitir que la gente hable y se informe y aporte creatividad y opinión informada. En estos días difíciles lo que más necesitamos todos es unión y solidaridad.

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Publicado en diario "HOY", Quito, Ecuador. Domingo 10 de noviembre de 2002

 

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