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Santa Cecilia, patrona de los músicos

Hubert Alberto

Hoy viernes 22 de noviembre, la Iglesia propone en la liturgia le memoria de Santa Cecilia, Virgen y mártir, y la tradición también le adjudica el patronazgo de los músicos.

En mi comunidad religiosa, hay un venerable anciano, que fue biblista y le pregunté sobre esta tradición y devoción artística protegida por el martirio de Santa Cecilia.

Según sus palabras:  la tradición adjudicó a esta Santa el patronazgo musical a partir de la Antífona Litúrgica de su memoria:  "cantantibus organis Cecilia Domino de cantabat, fiat cor meum inmaculatum ut non confundar".

Según nuestro venerable biblista, la traducción indica que "en medio de la música mundana, Cecilia ruega al Señor para su inmaculado corazón no se vea perturbado".   A razón de nuestro anciano sacerdote, docto en materias teológicas, al contrario de que Cecilia quisiera la música, creía ella que la música podía alejarle de la vida con Dios.   ¡Interesante!  porque entonces la tradición contradice el texto latino de la liturgia.

Bien.  Realmente no hay historicidad sobre la persona de Cecilia, mártir entre tantas y tantos de los orígenes de la era cristiana, sin embargo, el texto latino que he tocado podría llevarnos a la siguiente reflexión:

Los que estamos en el mundo del arte religioso, particularmente de la música, tenemos el deber de ser acompañantes del latir y sentir del corazón de un pueblo, un pueblo que es quien engendra indirectamente nuestras canciones que sirven para alabar, meditar, reflexionar, celebrar y vivir.

Por otra parte, bien es cierto que mucha música comercial que alimenta el corazón de la gente, sin lugar a dudas, le alejan de la vida con Dios, dado que no transmiten valores objetivos que conduzcan una recta conciencia sobre el sentido de la propia existencia.  Entonces, nuestro deber se convierte en producir música que alimente el corazón y la concienca, que fundamente la razón y la fe, que favorezca la vivencia de valores que conduzcan nuestra existencia por el sendero del bien.  Bien sea que la música sea alabanza, textos profundos para la meditación, canciones para celebrar, etc., sean todos estos medios por los que el cristiano crezca a la medida de Jesús, el hombre perfecto.  ¡Cuánta falta hace que los cristianos consideremos la música como medio formativo, prioritariamente sobre la dimensión afectiva-subjetiva-recreativa!

En fin... anímemonos para este medio artístico de la música, que es don y tarea, nos haga perseverar en la fe y la anunciemos con alegría y creatividad, porque nadie da de lo que no tiene... con la convicción que nos pueda provocar hasta el martirio incruento de la incomprensión, pocas ventas y difusión que sufre nuestra música católica, y entonces tener el valor de "Cantate Domino cum laetitia".

Día a día con alegría...

 
 

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