La Virgen de
Montserrat convocó a miles de fieles manabitas
Antonio Modernell
QUITO,
Nov. 24 de 2002.- La prueba de la devoción mariana fue multitudinaria.
Miles de ecuatorianos y cientos de extranjeros veneraron a la Virgen de
Montserrat. 300 000 feligreses visitaron el santuario de la Virgen situado
en Montecristi, en la provincia de Manabí, en la costa ecuatoriana.
Ni los
vientos helados de las noches ni los fuertes soles y la intensa humedad
del día desanimaron a los peregrinos; ellos llegaron en caravanas desde
todos los cantones manabitas y otros puntos del país.
Las
estrechas calles de Montecristi se abarrotaron de fieles, especialmente
antes de ayer, que terminó la fiesta en honor a la Madre de Dios bajo la
advocación de Montserrat.
Elena
Lucas, acompañada de su esposo José Calderón fue una de las peregrinas.
Ambos salieron a las 5 de la madrugada de antes de ayer de Rocafuerte, al
norte de Montecristi. Tomados de la mano, la pareja de esposos se dirigía
a Montecristi para agradecer los favores que la Virgen les había
concedido. Un suéter, en la cintura de Elena y un canguro de cuero café,
que llevaba José, eran su equipaje de caminata.
Transcurridas tres horas llegaron hasta el paso lateral, que une a Manta
con Montecristi. El reloj marcaba las 8:00 de la mañana y el cielo estaba
encapotado, lo cual constituyó un alivió para los centenares de
romeriantes.
En el
camino los esposos cruzaron por decenas de puestos de comida rápida y
bebidas. Al igual que el resto de familias comieron porciones de cuajada
con plátano maduro asado y una taza de café. Luego, una hilera de
peregrinos emprendió la caminata por una hora más hacia el santuario de su
protectora. Al ingresar a la ciudad encontraron un letrero luminoso que
apuntaba en dirección al templo, situado al pie del cerro de Montecristi.
La
caminata fue más dura pues debieron enfrentar un empinado y prolongado
ascenso. Cuando llegaron a la parte baja de la iglesia, tuvieron
dificultad para ingresar al templo, pues la aglomeración de la gente
dificultaba el acceso a la escalinata. Pero José y Elena se abrieron paso
entre la muchedumbre para orar de rodillas.
“Al
servicio de la Nueva Evangelización”
andinanoticias@hotmail.com
|