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Alonso Cano y la catedral de Granada

Víctor Corcoba Herrero

Con la edición del libro “Alonso Cano y la Catedral de Granada”, a cargo de Francisco Javier Martínez Medina, Manuel Serrano Ruiz, y Emilio Caro Rodríguez , bajo los auspicios patrocinadores de la Obra Social y Cultural de Caja Sur, y como homenaje del Cabildo de la Catedral a Alonso Cano, en la conmemoración del IV Centenario de su Nacimiento, y que ha sido presentado recientemente en la Santa Iglesia Catedral, se muestra una obra de constante actualidad, respondiendo a la propia naturaleza del legado que Cano dejó para la historia.

Tiempo atrás se han celebrado diversos actos conmemorativos del cuarto centenario del nacimiento de Alonso Cano, el singular artista del siglo XVII, que murió siendo presbítero beneficiado de nuestra Catedral, como consta expresamente en su propio testamento. De todo ello Granada Costa ya dio cuenta. Pero una de las cosas que siempre queda para el futuro es escribir una obra con el rigor y la seriedad de la verdad sobre la persona y la creación del autor que se recuerda. Es lo que se hace en este libro, refrendado por bellos prólogos de Monseñor Cañizares y de Miguel Castillejo (presidente de Caja Sur), cuya edición ha estado dirigida por el sacerdote, canónigo de la Catedral de Granada y profesor universitario: Francisco Javier Martínez Medina, que ha sabido rodearse de un extraordinario equipo de expertos en la materia.

Por el interés suscitado, puesto que es una de las personas mejor documentada sobre Alonso Cano, publicamos íntegramente el texto que el profesor Francisco Javier Martínez Medina, dirigió el día de la presentación del libro a los presentes; volumen del que ha sido promotor y acontecimiento trascendental que tuvo lugar en la Sacristía de la Santa Iglesia Catedral.

TEXTO ÍNTEGRO DE FRANCISCO JAVIER MARTINEZ MEDINA, PROMOTOR DEL LIBRO, SOBRE LA OBRA “ALONSO CANO Y LA CATEDRAL DE GRANADA”

Después de haber celebrado el pasado año el centenario de Alonso Cano, puede parecer extemporáneo la edición y presentación de este libro que tiene por tema monográfico la vinculación de Alonso Cano con la Catedral de Granada. Nada más lejos de la realidad. Los centenarios son temporales, son conmemoraciones imprescindibles pero siempre efímeras, limitadas al año de celebración. En cambio el Alonso Cano de la Catedral de Granada es intemporal.

Además, hubiera podido calificarse de oportunista esta publicación si la hubiéramos hecho coincidir con las exposiciones y demás actividades que generó el Centenario. Este libro es el homenaje del Cabildo de la Catedral de Granada a uno de sus miembros más ilustres y, sin duda, su artista más notable junto a Diego de Siloe.

En la Catedral de Granada destacan con luz propia los nombres de estos dos grandes artistas, uno del renacimiento, Diego de Siloe, y, el otro del barroco, Alonso Cano.

El primero proyecta y diseña el monumental conjunto catedralicio y, antes de morir, deja terminado gran parte del mismo. Un siglo más tarde, el segundo vendrá a Granada para enriquecer el templo con geniales creaciones iconográficas, la más representativas del patrimonio catedralicio, y para cerrar y terminar el templo con la monumental fachada.

Este centenario hemos podido comprobar la abundancia y la importancia de la obra de Cano, dispersa actualmente por todo el mundo. La historia del Arte distingue tres grandes períodos en la vida y la obra del genial artista granadino: el sevillano, el madrileño y el granadino.

Pues bien, las obras del periodo granadino son las más creativas e importantes. Todos los historiadores el Arte las consideran como las de su época de madurez. Entre todas ellas destacan con luz propia sus creaciones para la Catedral de Granada, conocidas no solo en el ámbito local sino justamente admiradas como obras cumbres de la cultura barroca occidental.

Ciertamente no se entiende la Catedral de Granada sin Alonso Cano ni Alonso Cano sin la Catedral de Granada. Precisamente será esta institución, la Catedral de Granada, la razón principal que justificó en 1652 la vuelta de Cano a su ciudad natal para obtener una ración capitular. Desde este año hasta su muerte enriquecerá el templo Catedralicio con significativas obras de todos los géneros artísticos. Por si fuera poco, la Catedral de Granada es el único lugar donde las obras del artista se conservan in situ. Y además, para el mismo fin para el que se crearon. También es este templo el lugar donde reposan los restos del genial artista por su expreso deseo.

Al final de su vida Alonso Cano vivió en la más absoluta pobreza, asistido solamente por sus compañeros, los miembros del Cabildo de la Catedral. Unos días antes de morir, conscientes de su mal estado y de sus necesidades, se reunió el cabildo y se decidió gastar doscientos reales "en gallinas, dulces y lo que más le pareciere". Y un día después de su muerte, acaecida el 3 de septiembre de 1667, se reunió de nuevo el Cabildo y leyó su testamento, en el que entre otras cosa dejó escrito: "Mando que mi cuerpo sea sepultado como sacerdote en la parte y lugar que los señores Deán y Cabildo suelan enterrar a sus prebendados y les pido y suplico de misericordia que me den de limosna entierro porque mi pobreza y necesidad están notorias. Usen conmigo de piedad acompañando mi cuerpo y haciendo por él los sufragios que suelen hacer por los demás señores prebendados pues del afecto con que he deseado servir dicha Santa Iglesia puedan estar cierto hiciera una grande dotación. Y porque según el estado de mi hacienda reconozco que apenas e de tener para pagar mis deudas no mando que se digan por mi misas dejándolo así, los señores Deán y Cabildo mis amigos y bienhechores quisieren decir alguna por mi".

Desde su muerte hasta nuestros días, la memoria de Cano ha estado viva en este Cabildo al que perteneció y que, al final de sus días, fue se consuelo y su refugio. Se ha escrito sobre las disputas de Cano y el Cabildo. Y es cierto que las hubo. El artista tenía el carácter difícil del genio; además había sufrido mucho. Claro, que en el Cabildo, como en cualquier otro colectivo, hubo personas que encubrirían su envidia y su afán de protagonismo hacia el artista con el pretexto del cumplimiento de las normas. Pero tampoco podemos olvidar que, como queda reflejado en este libro que presentamos, desde el principio también tuvo buenos amigos entre los canónigos. Éstos fueron sus defensores en los momentos difíciles; a ellos les dirige en su testamento las palabras antes indicadas: mis amigos y bienhechores. Ha sido el culto ininterrumpido a aquellas de sus obras que guarda nuestra Catedral y la admiración por las mismas el mejor testimonio del respeto y cariño que, ininterrumpidamente, ha profesado esta institución por la persona y la obra de Cano.

En el centenario de 1967-68 el Cabildo, además de participar activamente en las celebraciones y auspiciar varios actos en recuerdo del artista, programó un libro: Alonso Cano en la Catedral de Granada. Treinta y siete años después, los actuales miembros capitulares retoman el testigo publicando este libro. Un medio para actualizar y conocer en profundidad la presencia viva de Cano en esta Catedral a través de su obra, la de sus discípulos, los documentos que custodia el archivo, y la memoria que, a través del tiempo, ha mantenido esta institución hacia uno de sus más destacados miembros. Cano se nos presenta en el templo metropolitano granadino como uno de los artistas más versátiles de su tiempo, lo que le ha valido la denominación del Miguel Ángel español.

En su faceta de pintor, Cano vuelve a Granada con el encargo de "hazer siete lienzos para siete espacios de la capilla mayor" de la Catedral granadina, el reto más difícil para un artista de su tiempo, por ser este espacio "uno los ámbitos más brillantes de la historia de la arquitectura europea". En este contexto espacial la obra de Cano no defrauda, sino que potencia el plan ideado más de un siglo antes por Diego de Siloe. La serie es considerada como "una de las obras más grandiosas de todo el barroco europeo", y "única en la historia de la pintura española". También se ha dicho que son las palabras más sabias y más sentidas que pronunció el pintor, y que infundieron el alma que faltaba al grandioso conjunto.

En ellos el artista se expresó con mayor maestría y soltura, empleando en su ejecución todos los recursos técnicos aprendidos a lo largo de su ya amplia carrera, así como su creatividad e innovaciones en los esquemas compositivos de unos temas, que, a pesar de ser clásicos en la iconografía religiosa católica, presentan en este singular espacio una originalidad en sus contenidos ideológicos que bien podríamos considerar como singular teología del arte.

No menos importantes es su obra escultórica. Pequeña pero selectísima. Así puede calificarse la colección de esculturas de Alonso Cano que exhibe la Catedral de Granada. Cuatro de ellas surgieron de su compromiso artístico con el Cabildo. Las otras dos obras se incorporan al patrimonio catedralicio en la centuria siguiente. Sólo seis obras que bastan, sin necesidad de más, para remitir la grandeza del escultor al más alto nivel cualitativo. Las esculturas de la Catedral son reveladoras, así como las pinturas, de una de las obsesiones de la poética de Alonso Cano: la belleza.

También diseñaría para tan nobilísimos espacios otras importantes obras para las funciones litúrgicas: el facistol, pieza propia e indispensable del mobiliario coral catedralicio, y las dos monumentales lámparas rituales de plata destinadas a mantener siempre luz encendida ante la Eucaristía. Y por si fuera poco, unos meses antes de morir proyectó la fachada de la Catedral, la obra arquitectónica más importante de Cano y "una de las más personales y originales obras de toda la arquitectura española".

Tras su muerte, acaecida el 3 de septiembre de 1667, será a Catedral de Granada el lugar donde reposan sus restos mortales, y donde su memoria sigue viva: en sus obras que se conservan in situ para los mismos fines que fueron concebidas, a través de los documentos conservados en el Archivo de la Catedral, de los lugares que fueron escenario de este último período granadino de su vida, y finalmente la actualización de su recuerdo reconstruido a través de las conmemoraciones y centenarios.

A la sombra de este legado, que fue horizonte estético para varias generaciones de artistas granadinos, la Catedral guarda también, en muchos ámbitos de su grandiosa fábrica, un relevante acervo de obras dimanadas de la creación de una rica Pléyada de discípulos y seguidores del Racionero, que el encargo, la donación y otros avatares del acontecer histórico fueron depositando entre sus muros. Sin duda, las creaciones de Alonso Cano para la Catedral son sus obras más importantes. No se comprende la Catedral de Granada sin Alonso Cano, ni Cano sin la Catedral.

LAS OTRAS INTERVENCIONES

El Presidente de Caja Sur, el sacerdote Miguel Castillejo, que por la mañana había firmado un Convenio para la recuperación del Monasterio de la Concepción, por la tarde ahondó en la vida de Cano, una de las figuras más apreciadas y altas del excelso y nutrido censo artístico del siglo XVII, que diera figuras de la talla de Velázquez, Martínez Montañés o Zurbarán. He aquí algunas de sus palabras: “Racionero de la Catedral granadina y devoto artífice, tuvo una vida agitada y marcada por su particular vehemencia, de cuyos rastros han quedado innumerables testimonios escritos. Por uno de ellos sabemos que, en su lecho de muerte, rechazó un crucifijo al cura que le daba los últimos sacramentos, y advirtiéndole éste de los terribles efectos de su acción, explicó el sublime artista: “ ¿Quiere que me irrite, si está mal hecho y me lleve el diablo?. Deme una Cruz sola, que yo allí con fe la venero y reverencio como es en Sí y como yo le contemplo en mi idea”. Su devoción cristiana estaba, además de en sus imágenes, en la propia consideración divina del mester artístico”.

El turno de intervenciones lo cerró Monseñor Cañizares Llovera, que subrayó la obra de Cano como fundamentalmente religiosa. “No sólo porque la gran mayoría de su producción artística tenga este carácter religioso y se refiera a personas y acontecimientos, o a misterios de la fe cristiana, o porque la mayor parte de su obra se conserve en catedrales, iglesias, conventos o monasterios, sino, y sobre todo, porque, en su conjunto, es expresión de la fe cristiana, porque esa fe es fuente inspiradora de las obras mejores de lo mejor de su corazón de hombre, hontanar de creación artística que plasma en imagen los sentimientos más nobles que anidan en los más hondo y vivo del corazón humano de Alonso Cano. Ese es Alonso Cano: el que refleja su obra, y que vemos tan señeramente en la Catedral de su ciudad natal”.

Las palabras de Monseñor Cañizares no fueron las últimas. Era lógico, que los periodistas presentes en el acto, preguntasen al sacerdote Miguel Castillejo sobre el asunto de la póliza; cuestión que fue, además, ampliamente contestada por un directivo de Caja Sur, con argumentos convincentes, en base a su trayectoria honesta y solidaria, ilustrada con ejemplos concretos, así como también comparando emolumentos que se reciben en otras Cajas, con la salvedad de que la cuantía de la póliza complemento de su pensión, menor que la de otros altos cargos de entidades crediticias, irán destinados a una fundación benéfica. De todos es conocido sus aportaciones actuales a instituciones como Proyecto Hombre y otras solidarias, y de que su vida privada, dentro de su estatus social, se desarrolla con gran modestia, con lo que cada día se va engrosando el fondo a percibir por la citada fundación que tendrá espíritu caritativo y cultural. A juzgar por los hechos narrados, da la sensación - y es un juicio de valor- que es una persecución hacia lo que representa, la iglesia católica. Y eso es muy grave, si fuese así. Esperemos acontecimientos y que la justicia se pronuncie.

COMENTARIO AL LIBRO

Esta obra pretende mostrar al genio Alonso Cano, como el artista integral que fue, tanto como pintor, escultor, arquitecto y diseñador, y en una clara etapa de madurez en la que se pone de manifiesto un rico mundo interior de marcado carácter clasicista e idealista, expresado a través de las formas del Barroco imperante, como evidenciar sus trabajos bajo la condición de Racionero de esta Catedral.

Junto a ello, surge otra dimensión de Cano que trasciende el genio artístico y se introduce en la profunda espiritualidad del personaje: la singular emoción y expresión religiosa que caracterizará sus obras para la Catedral granadina, recuerdo constante de la Obra de Salvación e invitación al compromiso cristiano.

El libro bellamente ilustrado profundiza en diversos temas a través de sus especialistas. Francisco Javier Martínez Medina: El ciclo de la vida de la Virgen de Alonso Cano y el Lienzo de la Inmaculada del Oratorio de la Sala Capitular. Manuel Serrano Ruiz: Otros lienzos en torno a Cano en la Catedral de Granada y el Facistol de la Catedral. Miguel Ángel León Coloma: La escultura de Alonso Cano en la Catedral de Granada. Mª Pilar Bertos Herrera: Las lámparas del Altar Mayor, diseño de Alonso Cano. Emilio A. Villanueva Muñoz: El proyecto de Alonso Cano para la fachada de la Catedral. Emilio Caro Rodríguez: Alonso Cano en la memoria de la Catedral y un Memorial de Cano en el Archivo de la Catedral de Granada. Antonio Calvo Castellón: Pinturas de discípulos y seguidores de Cano en la Catedral. Luis Moreno Garzón: Un autógrafo de Cano en el archivo de la Catedral de Granada. Manuel Serrano Ruiz y Emilio Caro Rodríguez: Una pintura del maestro Cano: La Virgen de Belén de Pacheco.

En suma, estamos ante un libro imprescindible, por sus espléndidos trabajos que nos ayudan a adentrarnos más y mejor en la persona y en la creación artística de Alonso Cano.

 

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