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2002 año del viacrucis de la Iglesia Católica Colombiana

Henry Gómez Casas

El año de 2002 ha sido calificado por el semanario El Espectador como el del "Víacrucis de la Iglesia católica colombiana" ya que 56 de sus miembros han sido asesinados, 18 secuestrados y muchos mas están amenazados y/o han sido agredidos y perseguidos.

El año de 2002 ha sido calificado por el semanario El Espectador como el del "Víacrucis de la Iglesia católica colombiana" ya que 56 de sus miembros han sido asesinados, 18 secuestrados y muchos mas están amenazados y/o han sido agredidos y perseguidos.

Las cifras son escalofriantes y muestran por si solas la falta de garantías para con los integrantes de la Iglesia Católica cuya única labor es llevar el evangelio a todos los rincones de Colombia. El recuento es el siguiente:

El sacerdote Rubén Rivero Gómez fue secuestrado el 6 de enero de este año por guerrilleros del ELN (Ejercito de Liberación Nacional). A los dos días logró fugarse, gracias a la presión militar.

El 14 de enero fue asesinado el padre Guillermo León Corrales Bedoya, de 41 años de edad, en La Estrella (Antioquia).

El sacerdote Arley Arias García, párrioco de un corregimiento de Samaná (Caldas) y comisionado de Paz de la región, fue asesinado junto a otras dos personas el 18 de enero.

El padre Luis Alberto Toro fue secuestrado en un retén entre Bogotá, la capital del país y Villeta, el 10 de febrero.

Durante la toma de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) al municipio de Funes, en el departamento de Nariño, los subversivos atacaron a un grupo de personas que protestaban pacíficamente contra la incursión. Al explotar una granada en el parque principal, murieron dos civiles y resultó herido el sacerdote Ramiro Pazichara, párroco de la localidad.

En un acto de resistencia civil, los caficultores de Caicedo y Urrao, en Antioquia, hicieron caravanas por carretera para proteger los cargamentos de café de los frecuentes ataques de las FARC. El 28 de febrero una de esas caravanas fue atacada. Miembros de esta guerrilla golpearon a los sacerdotes José Gabriel Segura, párroco de Caicedo y Angel Rodríguez, de Urrao.

Cuando terminaba de oficiar una misa en el distrito de Aguablanca, cerca de Cali, fue asesinado el arzobispo de esta ciudad, monseñor Isaías Duarte Cancino. También resultó herido el sacerdote Joaquín Cortés. El jefe de comunicaciones de la arquidiócesis, padre Gersaín Paz, tuvo que salir del país por amenazas contra su vida.

Mientras daba la comunión a sus feligreses, un desconocido asesinó al padre Juan ramón Núñez, párroco de La Argentina (Huila).

El ELN secuestró a los sacerdotes Saulo Carreño, párroco de Saravena (Arauca) y Luis Teodoro González, párroco de Arauquita, a quienes habían citado en el monte para supuestamente recibir a siete alcaldes y concejales que debían ser liberados el 6 de abril.

Cuando las FARC secuestraron al gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y a su asesor de Paz, Gilberto Echeverri el 21 de abril durante una marcha de la No-Violencia, también fueron retenidos el arzobispo de Santafé de Antioquia, monseñor José Ignacio Aristizabal; el obispo auxiliar de Medellín, Jorge Iván Castaño; el obispo de Santa Rosa de Osos, monseñor Jaime Jaramillo Monsalve y al sacerdote Arturo Yepes. Todos fueron liberados al día siguiente.

En medio de combates entre paramilitares y guerrilleros de las FARC, fue atacada la iglesia Nuestra Señora del Carmen, de Bojayá (Choco). Varios cilindros de gas disparados por la guerrilla explotaron dentro del templo. Murieron 118 personas utilizadas por los paramilitares como escudos humanos.

Después de la tragedia, una comisión humanitaria integrada por religiosos de la Diócesis de Quibdo fue atacada por las Autodefensas Unidas de Colombia o paramilitares.

El sacerdote José Hilario Arango Serna fue asesinado el 27 de junio en la parroquia Santa Teresa de Jesús de Cali, después de celebrar la misa.

El padre Hernando Alarcón, párroco de El Peñón en la Diócesis de Zipaquirá, acompañó en el retorno a un grupo de desplazados en la inspección de Guayabal y fue amenazado por las FARC. No pudo regresar a su trabajo pastoral.

Luego de dos años de haber presidido la Asamblea Constituyente de Mogotes (Santander), proyecto ganador del Premio Nacional de Paz, la religiosa Marta Inés Ramírez fue asesinasa el 16 de julio.

El 26 de agosto el obispo de Apartadó, monseñor Germán García Isaza, denunció ante la televisión, durante uno de los primeros consejos comunales del presidente Alvaro Uribe, los retenes de las FARC en la carretera de acceso a Carepa (Antioquia). Las amenazas de la guerrilla lo obligaron a salir de su zona.

El padre José Luis Arroyave llevaba ocho años de trabajo en las peligrosas comunas de Medellín, participando en procesos de reconciliación con paramilitares y guerrilleros, cuando fue asesinado a tiros el 20 de septiembre.

El párroco de Restrepo (Valle), Jorge Sánchez Ramírez murió en una masacre el 27 de septiembre. El padre viajaba en un automóvil con otras tres personas cuando fueron interceptados y asesinados.

José Luis Cárdenas, párroco de Chalán (Sucre), fue asesinado el 17 de octubre cuando salía muy temprano de la casa cural.

Monseñor Gabriel Arias, vicario general de la diócesis de Armenia, fue asesinado con su conductor cuando viajaba en una comisión humanitaria para la liberación del ex senador Ancizar López, secuestrado por las FARC.

Dos sacerdotes, Belisario Ospina y Héctor Arbeláez, debieron huir de sus parroquias por graves amenazas. El primero era párroco de Quinchía (Caldas) y el segundo del Barrio Patio Bonito, uno de los sectores más peligrosos de Bogotá.

 

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