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Documento de la Conferencia
Episcopal sobre el terrorismo
Los obispos condenan el nacionalismo idolátrico y totalitario
Luis F. de Prada
La Conferencia Episcopal española, reunida en su habitual Asamblea de
otoño, aprobó el pasado 22 de noviembre la Instrucción Pastoral
“Valoración moral de terrorismo en España, de sus causas y de sus
consecuencias”, en donde los obispos españoles no sólo condenan una vez
más y con gran dureza el terrorismo de ETA, sino que van más allá al
condenar también las raíces que lo sostienen, identificadas como el
nacionalismo excluyente y totalitario. De los 76 obispos con derecho a
voto, 8 votaron en contra y cinco prelados votaron en blanco.
Según indicó en la presentación del
documento monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid, entre
los prelados hubo “un acuerdo máximo y sin fisuras sobre la condición de
ETA y del nacionalismo excluyente y totalitario. Lo más debatido ha sido
el capítulo V, dedicado a valorar la independencia. Ha habido un admirable
clima de serenidad y de diálogo”. El documento es una “Instrucción
Pastoral”, por lo cual no precisaba para su aprobación más que de los dos
tercios de los votos, cosa que logró con holgura. Si hubiera sido un
documento estrictamente magisterial, sólo hubiera obligado en caso de
alcanzarse la unanimidad; de lo contrario, hubiera debido ir a Roma para
obtener allí el refrendo del Vaticano. Debe recordarse que la Conferencia
Episcopal no es una instancia por encima de los obispos, cada uno de los
cuales tiene la máxima autoridad en su diócesis, salvada la suprema del
Papa. Pero estas precisiones canónicas tienen poca importancia para la
mayoría del pueblo, que deseaba ante todo un documento claro. Por lo
demás, esta falta de unanimidad en un grupo tan numeroso y plural no es
tan extraña; el cardenal Rouco declaró en la cadena COPE: “No recuerdo
ningún documento de una cierta entidad que haya sido aprobado nunca por
unanimidad”.
¿Disensiones?
Todo hace pensar que los votos en contra
fueron de algunos obispos que discrepaban en la valoración del
nacionalismo y de las tesis independentistas. Lo que resulta absolutamente
calumnioso es hablar de disensiones episcopales respecto al terrorismo. En
ese aspecto, nunca ha habido dudas entre los obispos. Desde hace más de
treinta años, cuando muchos miraban a otra parte ante los primeros
atentados de ETA, la Iglesia ya los condenaba tajantemente. Bien se puede
comprobar mirando el reciente libro de la BAC “La Iglesia frente al
terrorismo de ETA”. Como señalaba un editorial de La Razón, el problema
“no era la simple condena del terrorismo, algo en lo que todos estaban de
acuerdo, sino la calificación moral de las raíces que han hecho posible el
nacimiento de la violencia terrorista etarra”. Y en este sentido sí que se
puede hablar de una profundización en la doctrina episcopal, apoyada en el
magisterio de Juan Pablo II.
Los obispos no hacen juicios sobre
propuesta política alguna, leyes, medidas judiciales, etc., sino que han
elaborado un escrito doctrinal, de una profundidad muy superior a la de
los habituales discursos políticos. Según el catedrático de Deusto Rafael
Aguirre, estamos ante un texto “muy bien escrito, matizado y directo”;
“naturalmente es discutible, pero lo interesante es que esta vez los
obispos han aceptado bajar a la plaza pública, no en virtud de su
autoridad magisterial, sino con el peso de sus argumentos, con una
aportación que puede ser un punto de referencia no sólo para el interior
de la Iglesia, sino para el conjunto de la sociedad española en el tema,
quizá, más candente de nuestra convivencia”.
Tras este documento aprobado por la
inmensa mayoría de nuestros obispos, ninguna persona de buena voluntad
puede poner en duda la nítida posición de la Iglesia sobre este tema. Como
ha escrito el periodista Álex Rosal, con él “se pone punto y final a las
críticas de tibieza y neutralidad que se han proferido al estamento
eclesial, entrando en una dinámica de valentía y firmeza ante esta lacra
violenta que representa ETA y todo su entramado político”.
Síntesis de Pose
Monseñor Romero Pose hizo un apretado
resumen de la Instrucción al presentarla a los medios. Pose destacó estas
claves del documento:
En primer lugar, los Obispos juzgan
moralmente el terrorismo como “una realidad intrínsecamente perversa,
nunca justificable, que debe ser calificada como una estructura de
pecado”.
Este juicio moral debe aplicarse tanto a
la organización terrorista ETA como a sus colaboradores.
El documento ve a ETA como una asociación
terrorista, de ideología marxista revolucionaria, que propugna un
nacionalismo totalitario y persigue la independencia del País Vasco por
todos los medios. Por eso, entre las causas de su terrorismo, analizan la
ideología marxista revolucionaria, el nacionalismo totalitario y la
voluntad impositiva de independencia.
Respecto al nacionalismo, indicó Monseñor
Romero, “el documento no enjuicia moralmente el nacionalismo en general
-opción política que puede ser perfectamente legítima y moral, cuando se
armoniza con las exigencias del bien común-, sino el nacionalismo de ETA,
que es totalitario e idolátrico y, en consecuencia, gravemente inmoral”.
Respecto a la voluntad impositiva de independencia, los obispos recuerdan
que “no cualquier pretensión de independencia es moral. Poner en peligro
la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de
España, no es ni prudente ni moralmente aceptable. La Constitución
española de 1978 es hoy el marco ineludible de convivencia”. Por eso,
consideran inadmisible “pretender unilateralmente alterar este
ordenamiento en función de una determinada voluntad de poder”.
La Instrucción concluye con una
invitación a recuperar la esperanza, insistiendo en la conversión de los
corazones como el único camino para la verdadera paz; en la petición a
todos los católicos a hacer de sus comunidades “centros de comunión de las
personas, donde se condene sin equívocos el terrorismo y se comparta la fe
que construye la fraternidad entre los hombres y los pueblos”, y en “la
necesidad ineludible de acompañar y atender, de modo especial, a las
víctimas del terrorismo”. Finalmente, la Iglesia invita “a ofrecer y
recibir el perdón, consciente de que no hay paz sin justicia, ni justicia
sin perdón. Sabiendo que el perdón es don de Dios, pedimos a todos los
creyentes que intensifiquen la oración”. |