[ FIRMAS ] CARLOS DÍAZ
Palabras, palabras, palabras...
Carlos Díaz
Por desgracia, casi ninguno de los vocablos alumbrados por la
Ilustración y profusamente empleados hasta Mayo del 68, última escalada
verbal del repertorio contestatario, significa hoy casi nada.
Por desgracia, casi ninguno de los
vocablos alumbrados por la Ilustración y profusamente empleados hasta Mayo
del 68, última escalada verbal del repertorio contestatario, significa hoy
casi nada. Términos tan clásicos como socialismo, progreso, derechas,
izquierdas, movimiento obrero, vanguardia del proletariado, soberanía, y
tantos más se usan inercialmente porque carecen de recambio con sentido
(de resultas de lo cual los alemanes han desarrollado la cultura verbal
del por así llamarlo, que podríamos traducir como discurso omoioideo), y
esto sin hablar de otros ya totalmente borrados del mapa tras haber sido
dramáticamente disueltos por el viento de la historia, tales como
"comunismo", "anarquismo", "militancia", etc.
A la vista de todo ello ¿sería mucho
pedir a los intelectuales orgánicos de los partidos políticos que al menos
intenten definir en sus campañas electores qué quieren decir realmente
cuando en sus respectivos eslóganes apelan emotivistamente a sus "opciones
de progreso" (¿qué partido no optaría por el "progreso"? ¿pero progreso
también hacia el precipicio?), a sus "opciones de izquierda" (es decir, no
de derechas, ahora bien ¿cuál es la diferencia entre ambas?), a sus
opciones como "partidos centrados" (pero ¿en qué centra tal o cual partido
su condición centrada, en hallarse centrada en aforismos monetaristas?),
sería mucho pedir que los filósofos a los cuales aluden los políticos
citándoles "de oído" valgan por lo que nos dicen? ¿o habrá que esperar a
que el pueblo se rebele contra las mitologías para retirar las estatuas
faraónicas de las Plazas Rojas, o las ecuestres hagiolátricas del Caudillo
de turno?
Lo más chistoso de todo este sistema de
apelaciones a los símbolos y emblemas es que incluso vaciados de contenido
continúen resultando argumento lacrimomucosonasal ¡valiente mayoría de
edad ilustrada a que habríamos llegado manteniendo unos idolos que sólo
tienen el valor de símbolos desfigurados! ¡en tiempo de vacas rojas, rito
de obligado cumplimiento citar a Marx; en tiempos de apuntarse a santo
Tomás, tomismo al canto, y así sucesivamente! En fin, que para nadie es
noticia que las universidades que más presumen de Ilustración son aquellas
donde mayor grado de servilismo y de instrumentalización de los símbolos
se registran, olvidándose que los argumentos valen o no valen, los utilice
Marx o Tomarx de Aquino, marx o menox...
No. Las cosas no son verdaderas porque
hoy las diga o no las diga la ya empalagosamente re-citada Escuela de
Francfurt, entre otras cosas porque tiempos vendrán en que, pasada la
pleamar, se descubra por ejemplo algo tan sencillo como que dicha
académica Escuela nunca existió en singular (recuérdese que aquel taxista
germano solicitado para dirigirse "a la Escuela de Francfurt" preguntó:
"¿A cuál de ellas?"), pues como todo ismo terminará usado exclusivamente
por los argumentalmente perezosos.
En definitiva, mucho criticar al pueblo
porque se deja llevar por lo que Marcuse denominase desublimación
represiva, esto es, por el "sarna con gusto no pica" del obrero engañifado
por el capitalismo que le explota a cambio del televisor en color, pero
mucho contentarse también los intelectuales con la lucha de palabras, las
contiendas verbales, los venablos satíricos.
Algo muy duro está teniendo lugar
civilizatoriamente cuando en lugar de esforzarse por encontrar nuevos
conceptos para designar nuevas realidades nos aferramos a vocablos del
siglo anterior para definir realidades mutadas en el siguiente. Bajo
tamaña irresponsabilidad, y a falta de categorías conceptuales más
rigurosas, los políticos al uso se reparten el Eden según preferencias
posicionales, y así unos le sitúan al Este (al Este del Eden), y entonces
reducen la esperanza a sistema de seguridad, la caridad a distribución de
la renta, y la religión a manerología etc; y otros le siniestrizan tanto,
que hasta de la foto le sacan, llegando a trucarla si es menester, y a
superponer la cabeza del Partido agiornato sobre el busto del Eden. Ambos,
en cada caso, hacen todo lo posible por vallar el Eden a fin de
convertirlo en su finquita particular: Paradise Now.
Mal, pues, nos ha de ir en el siglo XIX
con morfemas, fonemas, y lexemas del XIX, no siendo una tarea de menor
cuantía la de reformular un nuevo vocabulario básico donde las palabras no
se desentiendan de las cosas. ¿Sería eso al fin la famosa "mayoría de
edad" prometida por la Ilustración?
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