[ FIRMAS ] CARLOS DÍAZ
Páginas llenas de luz
Carlos Díaz
En todo tiempo hubo gente con tesis tan inhumanizantes, por fortuna,
tampoco faltaron nunca páginas llenas de luz. Suele afirmarse que la
sabiduría es una virtud "dianoética" sin la cual no hay acción moral
práctica: de una mala sabiduría no puede esperarse una verdadera virtud
vivida, nada hay más práctico que una buena teoría. Los mejores han aunado
teoría y práctica con asombrosa coherencia.
"No sé lo que le pasará a otra gente,
pero yo, cuando me agacho para ponerme los zapatos por la mañana, pienso:
'Ah, Dios mío, ¿y ahora qué? Estoy jodido por la vida, no nos entendemos.
Tengo que darle bocados pequeños, no engullirla toda. Es como tragar cubos
de mierda. Nunca me sorprende que los manicomios y las cárceles estén
llenos y que las calles estén llenas. Me gusta mirar a mis gatos, me
relajan. Me hacen sentirme bien. Pero no me metáis en una sala llena de
humanos. No me hagáis eso jamás... Yo no soy buena compañía; hablar no me
sirve para nada. No quiere intercambiar ideas, ni almas. Soy un bloque de
piedra que se basta a sí mismo. Quiero quedarme en ese bloque, sin que
nadie me moleste. Soy así desde siempre... La gente me vacía. Tengo que
alejarme para volver a llenarme. ¿Por qué hay tan poca gente interesante?
De entre todos los millones, ¿por qué no hay unos cuantos? ¿tenemos que
continuar viviendo con esta monótona y pesada especie? Parece como si su
único acto posible fuera la violencia. Eso se les da muy bien. Les hace
florecer de verdad. Flores de mierda, apestando nuestras posibilidades. El
problema es que, si quiero que las luces se enciendan, que me reparen este
ordenador, tirar de la cadena, comprar un neumático nuevo, sacarme un
diente o que me abran las tripas, tengo que seguir interactuando. Tengo
que contar con esos jodidos para las pequeñas necesidades, por mucho que
me horroricen. Y decir que me horrorizan es ser amable" ("El capitán salió
a comer y los marineros tomaron el barco").
Hasta aquí Bukowski. En todo tiempo hubo
gente con tesis tan inhumanizantes como las transcritas; por fortuna,
tampoco faltaron nunca páginas llenas de luz. Suele afirmarse que la
sabiduría es una virtud "dianoética", especulativa, transversal, sin la
cual no hay acción moral práctica: de una mala sabiduría no puede
esperarse una verdadera virtud vivida, nada hay más práctico que una buena
teoría. Los mejores han aunado teoría y práctica con asombrosa coherencia:
Nivel uno: tocar pobre. Los pobres te dan
infinitamente más de lo que tú puedas darles. Me contaba un preso que el
día en que trasladaron a su mejor amigo del penal, no teniendo éste qué
darle, se arrancó un diente y se lo entregó: los pobres dan sus dientes
cuando no tienen nada más. Quien ignora a los pobres no descubre la propia
riqueza, quien no se hace pobre con la lucha de los pobres no se
enriquece. Descubro a través de esa acción todas las posibilidades que se
albergan en mi alma. El mejor regalo para nuestros hijos es que descubran
el rostro de la viuda, del huérfano y del extranjero.
Nivel dos: analizar la realidad,
estudiarla a fondo, ver por qué tanto infortunio, por qué tanta grieta en
el sistema, qué está pasando. ¿Sabemos plantear adecuadamente las
relaciones disfuncionales del sistema? Para eso hay que dolerse en propia
carne: eso es saber dónde duele.
Nivel tres: presencia social. La realidad
demanda nuestra presencia en asociaciones culturales, recreativas,
sindicales, políticas, etc. Mejor el peor político que el mejor
abstencionista: quien nada hace y se queja es un hipócrita, aunque eso
forme parte del deporte nacional.
Nivel cero: presencia mística.
Conscientes los cristianos de que la tarea es mayor que las fuerzas,
descansamos en la parábola del hijo pródigo.
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