[ FIRMAS ] SANTIAGO MARTÍN
15 de diciembre de 2002
III domingo de Adviento: Descubrir al Cristo oculto
P. Santiago Martín
“Juan les respondió: Yo bautizo con agua;
en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí,
que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la
sandalia”. (Jn 1,27)
¿Quién es ese Dios desconocido que
predicaba el Bautista a sus conciudadanos? ¿Quién era el que existía ante
que él pero que venía detrás y del cual el buen Juan no era digno ni de
servirle como criado?. Ese Dios era y sigue siendo sólo uno: Cristo y
Cristo crucificado.
Cristo era y
es el “Dios desconocido”, especialmente cuando se nos muestra prendido por
los clavos en la cruz, o cuando camina por nuestras calles como un
emigrante, o cuando llama a nuestra puerta asediado por las deudas, o
cuando es anciano y está solo, o cuando su enfermedad le vuelve irascible
y desagradable. El hijo de María, el pequeño y débil Jesús de Belén, el
destrozado y humillado Jesús del Calvario, sigue estando en medio de
nosotros como un “Dios desconocido”. ¿Por qué?. Porque no queremos aceptar
nada que suponga cruz, esfuerzo, generosidad, sacrificio. Y si Dios viene
con ese rostro, preferimos mirar para otro lado y decir que no le
conocemos. ¡Pobre Jesús!. También hoy se cumple lo que dijo Juan: “Vino a
los suyos y no le conocieron”. Vino a los suyos y éstos miraron para otro
lado para no complicarse la vida, para no meterse en líos.
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