El mito adoptado de Santa Claus y el origen de su historia
María Velázquez Dorantes
Adoptamos un personaje mitológico, del cual poco
sabemos de su existencia con exactitud, y por lo que dejamos a un lado el
verdadero significado de la Navidad y la verdadera llegada de un personaje
que es más importante que Santa Claus el mismo Jesús.
Durante muchos años, los mexicanos hemos adoptado el mito
de un personaje que se ha situado como uno de los primeros en la lista de
la época navideña; este personaje se caracteriza por ser el señor de la
barba grande y blanca, y el traje rojo con el que se identifica. En torno
a él se han desarrollado grandes cuentos, aventuras, comerciales
publicitarios, programas para niños, etc.; y la imaginación de los niños
ha reconocido a este gran viejo, como el protagonista de los regalos que
llegan en navidad; el héroe de la carcajada más famosa: “ jo jo jo”, el
actor que viaja en un trineo, dirigido por el reno de la nariz roja, y que
viene del polo norte: el sorprendente Santa Claus o papá Noél. Que no se
trata, más que del mito que los mexicanos adoptaron, tras las historias de
vida, que han surgido en torno a esta figura navideña. Sin embargo, es
importante cuestionarnos acerca de cómo llega Santa Claus a México, y cómo
nacen los relatos de este hombre.
Se dice que el hombre vestido de un traje rojo, que vive en
una villa, con pequeños duendecillos que elaboran juguetes, para
repartirlos en navidad, según las cartas que recibe, surge de un hombre
que nace en el siglo III en Patras, Grecia y que a la muerte de sus padres
regaló todos sus bienes y optó por la vida religiosa. A los 19 años fue
ordenado sacerdote y poco tiempo después es nombrado arzobispo de Mira.
Cuenta la historia que su fama de generosidad con los niños
creció y se le cedió todo tipo de milagros y leyendas, que aún no se
logran descifrar en la actualidad, la verdadera causa de su origen sigue
en misteriosa y oculta. En torno a estas leyendas, se le debió el mito
repartidor de regalos que finalmente lo nombró Santa Claus.
Enseguida llega en el siglo XVII su imagen a los Estados
Unidos, extendiéndose así su celebración por los países de América Latina
y México no fue la excepción. Adoptamos un personaje mitológico, del cual
poco sabemos de su existencia con exactitud, y por lo que dejamos a un
lado el verdadero significado de la Navidad y la verdadera llegada de un
personaje que es más importante que Santa Claus el mismo Jesús.
Mientras que este personaje cobra vida en el consumismo,
los mexicanos realizan más leyendas y mitologías en las generaciones
venideras. Alimentan la falsa ilusión de una carta que llegará al Polo
Norte y que en cambio vendrá un ser gordito a dejar caer lo pedido en esa
carta, a través de una chimenea.
Ahora en la actualidad, debemos tener conciencia de lo que
nosotros mismo somos capaces de crear; de las historias que hacen revuelo.
De las distintas formas en las que se presenta este
personaje y el multifacético advenimiento de él. Y que sólo forman parte
de la imaginación del hombre.
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