El ocio como cultura
Víctor Corcoba Herrero
El encuentro con la cultura es siempre el corazón del
hallazgo con una atmósfera y un pueblo, con sus vivencias y semblanzas del
tiempo; cuestión saludable para que el ocio no se confunda con la
ociosidad, y sea ocio gratificante, o lo que es lo mismo, de cultivo.
El encuentro con la cultura es siempre el corazón del
hallazgo con una atmósfera y un pueblo, con sus vivencias y semblanzas del
tiempo; cuestión saludable para que el ocio no se confunda con la
ociosidad, y sea ocio gratificante, o lo que es lo mismo, de cultivo. Un
laboreo que no es nada aburrido y que, además, es una necesidad. Sí,
efectivamente, hemos de apostar por esa cultura que es todo lo que el
hombre hace, conforma y cuasi-crea (cultura objetiva) y la coexistencia
del ser humano entre los entes objetivos creados por él (vida cultural). Y
en el mismo paralelismo de actuación, hemos de convenir que el deporte
crezca, pues también humaniza, y tanto, como el culto a la cultura.
Más cultura y más deporte de todos para todos, de apertura
a todos los colectivos, y no a “grupitos” que esperan el privilegio del
“Papá Estado”. Efectivamente, la cultura que generan las distintas
Administraciones jamás puede ser excluyente, puesto que la subvencionamos
todos con el pago de impuestos, y ha de potenciarse de manera real, y no
con unas simples semanas culturales para salir del paso, porque la persona
al cultivarse, se hace más humano. Me parece que el mundo contemporáneo no
ha ensayado, a pequeña escala, una educación para el ocio y el cultivo.
Sobran “grupitos” que se creen los dioses de la cultura, porque les avala
alguna titulación académica que explotan hasta la saciedad, y faltan
sabios, capaces de orientarnos a ser más felices. Porque una cultura que
no está al servicio de la persona no es una auténtica cultura.
Podemos admirar muchas cosas de la era post-industrial:
computadoras que hablan, robots que hacen las tareas domésticas, las
maravillas de la electrónica... Pero deploremos siempre lo que nos
deshumaniza, el fomento del alcohol y drogas en los fines de semana como
evasión tan de moda hoy; y convengamos en vivir los entornos desde la
cultura y el deporte. La sociedad de consumo piensa que con dinero se
puede comprar todo, cuando sabemos muy bien que las mejores cosas que nos
puede deparar la vida no pueden comprarse. Esta sociedad que cada fin de
semana se desmadra, ayudada por una inmensa publicidad de falsos goces,
olvida los principios estéticos y se orina a los pies de un monumento como
si fuera un water. ¿Por qué no afianzar más este tipo de encuentros con la
cultura y el deporte?.
El desarrollo del turismo, en particular del turismo
cultural, constituye en todo caso, un beneficio para aquellos que lo
practican y para la comunidad que acoge a los visitantes y turistas. En
suma, el turismo permite emplear parte del tiempo libre para contemplar la
belleza que tan excelsa es en esta ciudad, y gracias al contacto con los
demás, ayuda a profundizar en el diálogo y en el conocimiento recíproco
del crisol de culturas que habita por doquier esquina. De este modo, el
tiempo libre y la práctica del turismo, así como la práctica del deporte,
pueden colmar las carencias de humanidad, que a menudo se experimentan en
la vida diaria.
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