Hay esperanza
Miguel Rivilla San Martín
En la catástrofe sin precedentes de la marea negra, se
está palpando la impotencia humana frente a la lucha desigual con la
fatalidad y los elementos.
En la catástrofe sin precedentes de la marea negra, se está
palpando la impotencia humana frente a la lucha desigual con la fatalidad
y los elementos. A pesar del ingente esfuerzo realizado en todos los
frentes, podría cundir, en breve, el desánimo o la desesperanza, al no ver
resultados tangibles a corto o medio plazo. Si ha habido desolación por lo
pasado, ya se avisa que quizás lo peor está por venir, a causa de las
50.000 toneladas de crudo que aún almacena el petrolero maldito.
En esta situación de angustia y creciente preocupación por
lo peor que pueda ocurrir y que se escapa a todo control humano, es cuando
un pueblo como el español, en su inmensa mayoría creyente, debería dar la
talla de su fe y confianza en Dios.
Según la Biblia, punto de referencia de los creyentes,
todas las desgracias acaecidas a la humanidad están relacionadas con el
desvariado comportamiento del ser humano y de la rebelión de la criatura
frente al Creador.
Una gran parte del pueblo español -instalado sobre la
frivolidad y superficialidad de la vida- ni reflexiona, ni comprende y
menos se siente interpelado por los acontecimientos presentes.
No estaría de más que tanto los pastores de la Iglesia,
como los creyentes y cristianos conscientes, diéramos un testimonio
fehaciente de nuestra esperanza en el poder de Dios omnipotente y con la
oración de fe y la conversión del corazón, impetrásemos el auxilio de lo
alto en esta ocasión tan catastrófica.
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