Cardenal Angelo Sodano a su despedida de Ecuador:
"A la Iglesia la quiero porque soy misionero"
QUITO, Dic. 11 de 2002.- Luego de una estadía de 4 días en
Ecuador, ayer el Cardenal Angelo Sodano se despidió de los católicos y de
la ciudad de Guayaquil.
El Secretario de Estado de
El Vaticano realizó una visita oficial por invitación conjunta del
presidente, el Dr. Gustavo Noboa Bejaranoy la Conferencia Episcopal
Ecuatoriana.
La despedida la realizó ayer, el pueblo católico de
Guayaquil junto al Sr. Arzobispo Mons. Juan Larrea Holguín, 10 obispos
ecuatorianos, y centenares de sacerdotes y religiosas, acompañados por
casi diez mil fieles. La impresionante Eucaristía fue celebrada en el
Coliseo Voltaire Paladines Polo, que queda ubicado en un punto central de
esta ciudad portuaria.
El Cardenal Sodano había partido por la mañana desde Quito,
para realizar una breve visita a la ciudad de Portoviejo, habiendo sido
invitado por el Arzobispo de esa diócesis Mons. José Mario Ruiz.
En el Coliseo fue recibido por una ovación de aplausos y
aclamaciones por los fieles, en su mayoría pertenecientes a los pujantes
movimientos de seglares que son coordinados por el Consejo Arquidocesano
de Laicos de Guayaquil. La organización del evento, como la recepción de
la alta autorida se caracterizaron por ser impecables y de mucho fervor.
Junto al altar se encontraba una imagen de la Beata Narcisa
de Jesús Martillo quien fuera una hija de esta tierra, que llevó una vida
-siendo laica- ejemplar en la virtud y en el servicio a los semejantes. Se
cumplían ayer 9 años de su beatificación.
Durante la homilía, en donde se percibía un cardenal muy
animado y contento, a pesar de las agotadoras jornadas hizo un especial
llamado a revitalizar el sentido de la Misa. Basándose en la Carta
Apostólica de Juan Pablo II al respecto enfatizó "es de vital importancia
decisiva para nuestra fe, el revitalizar el significado de la Misa, cuán
edificante es ver a las familias unidas y reunidas en celebración
eucarística del domingo. También hago un llamado a los pastores y
sacerdotes que no ahorren energías en dar todas las facilidades para que
los fieles puedan participar y asisitir, ojalá en familia, al santo
sacrificio del altar".
Más adelante, refiriéndose a su principal objetivo del
viaje, en estimular y animar a los católicos ecuatorianos a participar de
la Gran Misión Nacional, exclamó "A la Iglesia yo la quiero porque soy
misionero". En efecto los obispos ecuatorianos han lanzado un gran plan en
donde los laicos están comprometidos en ser agentes de misión, casa por
casa, puerta por puerta. El lema de esta Misión Nacional es "Gran Misión
Nacional, Tarea de Todos. Jesucristo 2000 años entre nosotros". El marco
de solemnidad y participación de este evento fue gracias -entre otros- a
la participación del joven sacerdote P. Vicente Agila y al Coro de los
Heraldos del Evangelio. También se debió a la gran cobertura de los medios
de prensa quienes dieron amplio destaque a la ilustre visita y al solemne
evento.
Finalizada la ecuaristía, el alcalde Jaime Nebot le hizo
entrega de las llaves de la ciudad. La autoridad edilicia, en encendidas
palabras destacó el papel de los gobernantes en servir a sus semejantes y
basar la labor de la autoridad, en los principios cristianos que están en
las sagradas escrituras. "La legitimidad del ejercicio del poder está
fundamentado en la doctrina social de la Iglesia".
Antes de partir para el Aeropuerto le fue ofrecido un
cocktail de gala en el Grand Hotel Guayaquil, con la asistencia de
personalidades de la ciudad y altas dignidades del clero y dirigentes de
movimientos laicales.
Esta breve pero intensa visita a Ecuador, marcó al pais y
especialmente incrementó el fervor religioso y el amor por la Iglesia y
por el Papa Juan Pablo II.
|