El diezmo navideño: un milagro entre todos
Miguel Rivilla San Martín *
Millones de personas se están muriendo de hambre. El contraste con
nuestro modo de vivir en occidente, no puede ser más llamativo y
escandaloso. Derroche y gastos superfluos por doquier, especialmente en
estas épocas navideñas. ¿Y si damos un diezmo (10%) del gasto navideño
para ayuda contra el hambre?
Lo evidente no necesita demostración. Nadie puede alegar
desconocimiento o ignorancia de lo que está pasando en nuestro mundo. El
bochornoso espectáculo nos entra por los ojos a diario. Millones de
personas -con los mismos derechos humanos que tú y que yo- se están,
literalmente, muriendo de hambre en el tercer mundo, en tu estado o
provincia, en tu localidad...
Los supermercados, a tope. Los hogares, en general, abarrotados. Casi
todas las familias, con gastos innecesarios. Las personas no carecen de
nada.
Vergüenza colectiva nos debería causar este injusto contraste que clama
al Cielo
No hay justificación que valga. En nuestras manos está el acabar con
esta lacra mundial. Nadie se debe evadir de su responsabilidad y de
romper, de una vez por todas, la costra de su “justificado” egoísmo. Desde
los organismos internacionales y nacionales. Desde los gobernantes y
políticos. Desde los de arriba, del medio y los de abajo. Desde la Iglesia
católica y demás confesiones religiosas del mundo. Desde los creyentes,
ateos y hombres de buena voluntad, debemos ponernos todos manos a la obra
cuanto antes. No tenemos derecho a celebrar alegre e inconscientemente las
próximas fiestas si no arrimamos el hombro todos a esta humanitaria labor.
Sería un crimen de lesa humanidad.
Segurísimo que no faltarán iniciativas de todo tipo y a todos los
niveles. Nuestra ciudad (sea la que sea) podría dar la campanada estas
Navidades ante el mundo entero si nos tomamos en serio la cosa.
La reacción en cadena podría producirse en el mundo entero
Propongo una sencilla cosa al alcance de todos y con los cauces,
colaboración y controles debidos de instituciones, organismos ciudadanos
de todo color y eclesiásticos: dar el diezmo cada persona del gasto
navideño para ayuda contra el hambre en el mundo.
¡Por favor, que nadie se excluya, lo desprecie como un sueño inútil o
mire para otro lado!
Con fe y corazón se hacen los milagros. Intentémoslo entre todos.
Quizás puedan ser para casi todos, de verdad, unas felices fiestas.
* Agradecemos a nuestro colaborador el Pbro. Miguel Rivilla San
Martín esta iniciativa que, por su interés, hacemos nuestra y, quiera
Dios, de usted.
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