La ley de Dios
Pbro. Miguel Rivilla San Martín
Nada existe tan importante, para toda persona,
criatura de Dios, que conocer y cumplir la santa y adorable voluntad de su
Señor y Creador.
Nada
existe tan importante, para toda persona, criatura de Dios, que conocer y
cumplir la santa y adorable voluntad de su Señor y Creador. En esto y no
en otras cosas, por buenas que parezcan, radica la realización y la
felicidad del ser humano. La voluntad de Dios se expresa en su Ley, en el
Decálogo o diez mandamientos. Esta Ley es universal y obliga a todo
persona que la conoce.
Para los
que la ignoran, la llevan grabada en su propia conciencia. Dios ha dado su
Ley a los hombres no para coartar su libertad y fastidiarles, sino para
encauzarla y para que el hombre sea feliz. Lo que son las vías del tren
para el convoy, son los mandamientos para toda persona. Sin los raíles y
sin Ley, no es posible ir a ninguna parte, pues el tren y los humanos,
como demuestra la experiencia de siglos, descarrilan y se malogran. La Ley
está dada por Dios con toda sabiduría y amor. Sus preceptos no son una
carga, sino una vía, un camino para alcanzar la meta y el bien sumo, que
es Dios mismo.
Cuando los
hombres o los pueblos, se han esforzado en vivir conforme a la Ley de
Dios, han experimentado con alegría -como el pueblo escogido ,a lo largo
de los siglos de su historia- que la paz, el bienestar, la convivencia y
la prosperidad , eran realidades al alcance de su mano. Por el contrario,
cuando los poderosos usurparon el poder divino, quisieron imponer sus
leyes a los demás, no según la voluntad divina, la situación ha sido
lamentable : guerras, homicidios, latrocinios, violencia, mentira y
corrupción generalizada.
Esta ha
sido la clave de la felicidad o de la infelicidad de todos los pueblos en
su historia pasada y presente. El cumplir la Ley divina conduce a la
bendición de Dios .El rechazo y desprecio a la ley de Dios, conlleva a la
infelicidad y frustración de toda persona.
En resumen
,como personas y como colectividades ,todos , por bien nuestro, deberíamos
esforzarnos en adaptar nuestra vida a la Ley de Dios. Dichoso el hombre
que teme al Señor, y cumple sus mandatos. Se cumpliría entonces el
enunciado del salmo 66 : “El Señor bendice a su pueblo con la paz”.
Me parece
oportuno, tras identificar la Ley de Dios con su Voluntad , parafrasear el
precioso y profundo prólogo del Evangelio de San Juan, a fin de que cada
uno lo medite y saboree convenientemente. Helo aquí:
-“En el
principio ya existía la Ley / y la Ley estaba junto a Dios y la Ley era
Dios. / La Ley en el principio estaba junto a Dios.
-La Ley en
el principio estaba junto a Dios/.Por medio de la Ley se hizo todo y sin
ella no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
-En la Ley
había vida / y la vida era la luz de los hombres./ La Ley brilla en la
tiniebla y la tiniebla no la recibió.
-La Ley
era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
-En el
mundo estaba y el mundo fue hecho por ella y el mundo no la conoció.
-Vino a
los suyos y los suyos no la recibieron.
-Pero a
cuantos la recibieron / les dio poder para ser hijos de Dios ,si creen en
su nombre.
-Estos no
nacieron de sangre, ni de amor carnal ,ni de amor humano, sino de Dios.
-Y LA LEY se
hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria, gloria
propia del Hijo único del Padre ,lleno de gracia y de verdad”.
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