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Gollum o el poder como vicio

Rodrigo Guerra López

guerrar@infosel.net.mx
Gollum, como todos los demás personajes que sienten la tentación del poder, buscan esgrimir argumentos para “poseerlo”, para hacerlo “nuestro”.

La reciente aparición de la segunda entrega cinematográfica de “El Señor de los Anillos” nos invita a mirar nuevamente el modo como J. R. R. Tolkien logró articular sus reflexiones sobre la conciencia y el poder. Todos los personajes si bien viven una historia exterior, con sus aventuras y momentos épicos, no pueden eludir que la principal aventura la experimentan al interior de la conciencia. “El Señor de los Anillos”, en este sentido, no es sólo un relato de un viaje a través de la “Tierra media” sino un relato sobre el viaje del yo personal al interior de otra tierra, más interior que la patria, en la que se desenvuelve el drama de la libertad. Alguien podrá argumentar que la mítica “Tierra media” no existe y por lo tanto que el viaje no es más que una historia trivial, un cuentito, una fantasía posmoderna. Sin embargo, para comprender el significado de la obra de Tolkien y la relación entre la travesía por la “Tierra media” y la historia de la propia conciencia, tal vez sea útil recordar que lo importante “no aparece en ningún mapa; los lugares verdaderos jamás figuran en ellos” (Herman Melville).

Uno de los personajes más elocuentes de toda la historia es la criatura “Gollum”. En algún tiempo tuvo figura humana. Sin embargo, el poseer el poder (el anillo) lo fue corrompiendo hasta deformarlo horriblemente, de adentro hacia fuera. Gollum posee una peculiar característica al hablar en primera persona del plural: su yo se encuentra escindido entre su tendencia estructural a buscar una compañía y una amistad, y su profundo afán de dominio instrumental en el que la desconfianza y la mentira se tornan los criterios de interpretación fundamental para la comprensión del mundo. Gollum de esta manera se vuelve una metáfora viviente de los efectos de la posesión del poder en el corazón humano.

En efecto, el poder, cualquiera que sea su origen, tiene en su interior la secreta voz que dice: “eres mío”, “soy tuyo”, “poséeme”. Tolkien coloca continuamente en la boca de Gollum expresiones donde el poder (el anillo) es calificado como “my precious”, como el tesoro que no debe ser entregado a nadie, sino que se busca retener con irracional avidez y desenfreno.

Gollum, como todos los demás personajes que sienten la tentación del poder, buscan esgrimir argumentos para “poseerlo”, para hacerlo “nuestro”. Sin darse cuenta, no son ellos los que poseen el poder, sino el poder el que los va poseyendo y destruyendo cada vez más y más. Los “argumentos”, “ideales” y “causas” que se esgrimen para adueñárselo no siempre son malos. Muchos son buenos. Sin embargo, en el momento de articulación del poder con la conciencia, la conciencia que cede al canto del poder busca “poseer” en lugar de “entregar”.

El poder es una facultad de gobierno que en sí misma - cualquiera lo intuye - no es mala. El problema que Tolkien trata de mostrar es que el “adueñarselo” como bien exclusivo y no como don inmerecido para servir al otro, nubla la inteligencia al grado que las más importantes verdades sobre el mundo y la vida quedan eclipsadas. Las contradicciones, hoy por hoy tan comunes, entre las necesidades objetivas de los muchos y los supuestos “merecimientos” de unos pocos que poseen poder, fungen como prueba empírica del valor permanente de la obra de Tolkien. El poder puede ser utilizado rectamente cuando la persona está dispuesta al sacrificio radical de la propia vida y del poder mismo en función del bien (Gandalf). Sin embargo, el poder como vicio, si bien genera numerosos adeptos que se suman al momento de la convocatoria a una guerra para “ganar”, destruye, confronta y enemista sistemáticamente.

Finalmente, vale la pena advertir que la criatura Gollum nos muestra, aún desde la segunda entrega del “Señor de los Anillos”, que existe siempre un resquicio de luz, una grieta en la condición humana que traspasando el orgullo y la avaricia puede permitir el ingreso de una esperanza. Siempre existe una posibilidad de conversión de la conciencia y del corazón. Este será uno de los temas centrales de la tercera parte (“El retorno del rey”) que podemos leer desde ahora, o mirar en el cine dentro de un año.

 

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