Una Iglesia del
tiempo presente pata el hombre que se transforma en un objeto
Víctor Corcoba Herrero
No está el ser humano tan alejado de Dios como algunos
medios de comunicación nos venden a diario
Aunque la Iglesia es siempre una Iglesia del tiempo
presente, no mira a su herencia como un tesoro de un pasado caduco, sino
como una poderosa inspiración para avanzar en la peregrinación de la fe
por caminos siempre nuevos, se me ocurre reflexionar sobre algunos datos
(para la esperanza), a raíz de la publicación del libro de la Conferencia
Episcopal, sobre la Iglesia Católica en España.
Destaca el aumento en el porcentaje de contribuyentes
que señalan la opción de la Iglesia católica en la declaración del IRPF.
Con ello, a pesar de tantas fuerzas contrarias, se refrenda el testimonio
de que la sociedad española valora positivamente la actividad de la
Iglesia católica, y manifiesta el compromiso cristiano, que no es otro que
una forma de hacer el bien.
También la citada publicación recoge que el número de
parroquias se ha mantenido prácticamente constante a lo largo del período
mostrado, con un ligero incremento en los últimos años. Quiérase o no, la
parroquia, a pesar de tantas urbanizaciones, sigue siendo una referencia
importante para los católicos. Y debe ser así, también para los no
creyentes, puesto que si la parroquia es la Iglesia que se encuentra
cercana al domicilio de las personas, debe vivir injertada en la sociedad
humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dramas, dando luz y
vida a tanta desesperanza, cultivando unas relaciones más fraternas y
humanas. Nadie debe ser excluido de la ayuda hacia esa vida digna que
proviene de Dios, y que por tanto, ninguna persona puede disponer de ella.
Por lo que respecta al número de sacerdotes, también
existe una tendencia estable. La vocación de servir, es vocación del todo
natural, porque el ser humano es naturalmente siervo, no siendo dueño de
la propia vida y estando en cambio necesitado de tantos servicios al otro.
Pero frente a una cultura clasista, donde el que sirve es considerado
inferior, y donde la preocupación exclusiva por el tener suplanta la
primacía del ser, no pueden surgir vocaciones. Nadie quiere servir a nadie
dada la aridez espiritual que actualmente respira la atmósfera humana.
Recordemos que el verdadero siervo es humilde, no busca provechos
egoístas, pero se empeña por los otros experimentando en el don de sí
mismo el gozo de la gratuidad.
En un mundo que, con la desaparición de las distancias,
se hace cada vez más pequeño, las comunidades eclesiales deben
relacionarse entre sí, intercambiar energías y medios, comprometerse
aunadamente en la única y común misión de anunciar y de vivir el
Evangelio. La labor misionera de la Iglesia católica en España también va
dando sus frutos, con nuevos encuentros y formas de unión. Así, del 18 al
25 de enero, se celebra la Semana de oración por la unidad de los
cristianos. La diócesis de Granada, al igual que el resto de diócesis
españolas, ha dispuesto un programa de actos de celebraciones eucarísticas
y actos ecuménicos en distintas parroquias con este motivo, bajo el lema:
“Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro”.
También la importante labor caritativa y social de la
Iglesia católica encuentra su fiel reflejo en los proyectos atendidos por
Cáritas y Manos Unidas que, junto con los centros que se dedican a atender
a los más desfavorecidos, ayudan a compensar las graves desigualdades
existentes en nuestra moderna sociedad. Tenemos que aprender a compartir
lo que somos y lo que tenemos, a todas horas y en todo momento, a proteger
a los que nada tienen, a promocionar a los más débiles, a ofrecer
oportunidades a cuantos carecen de ellas. Cáritas y Manos Unidas existen
porque todavía no hemos aprendido a convivir, a crear comunidad, a vivir
en solidaridad, sin parcialidad, sin excluir a ningún vecino, a comulgar
con todos, especialmente con los que más sufren y están más necesitados,
que es otra manera de comulgar con Cristo. Sería saludable para esta
sociedad egoísta, instruirse en el morir, o lo que es lo mismo, en
gastarse por los demás, a dejarse partir como el pan, a "perder la vida"
como el grano de trigo, para producir más vida. Y no menos gozoso sería
dejarse emerger por el hombre nuevo, libre y solidario, el de manos
gastadas y corazón encendido, fermento de una sociedad nívea, más digna
del hombre y con menos cosas, más según Dios.
En cuanto a la práctica sacramental. Los bautismos
sufren variaciones oscilantes provocadas principalmente por el ritmo de
variación de los nacimientos en cada año, aunque se mantienen en el
incremento. Algo parecido ocurre con los matrimonios eclesiásticos, que
han experimentado crecimientos. En esa encrucijada de desconciertos, la
Iglesia católica ofrece al hombre, la savia siempre nueva y siempre eterna
del Evangelio, creador de cultura viva, fuente de poesía y belleza, al
mismo tiempo que promesa de horizonte luminoso. En suma, una última
reflexión: Los datos de este estudio, nos indican que no está el ser
humano tan alejado de Dios como algunos medios de comunicación nos venden
a diario. A Dios gracias.
Fecha de publicación: 24 de enero de 2003 |