Hacer por los demás
es hacer cultura
Víctor Corcoba Herrero
Este año ha sido declarado por la Unión Europea, como
Año Europeo de las Personas con Discapacidad, y tenemos que seguir
avanzando en hacer por los demás, y ahí está ese cada día más alto
porcentaje de discapacitados con barreras arquitectónicas.
Como apunta la nota doctrinal sobre algunas cuestiones
relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública
(Congregación para la Doctrina de la Fe, 24 de noviembre de 2002), se
puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente
en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la
decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral
natural. Desafortunadamente, como consecuencia de esta tendencia, en
ocasiones perdemos el rumbo, y pensamos que la cultura es otra cosa,
cuando es hacer por los demás y cultivarse, puesto que la cultura es
aquello por lo que la persona, en tanto que ser humano, es más humana. Y
en este sentido, la firmeza de la Iglesia en defender las normas morales
universales e inmutables no tiene nada de humillante, ya que ante ellas no
hay privilegios ni excepciones.
Al hilo de lo anterior, la profesora y arquitecta
granadina Consuelo del Moral, me apuntaba en una conversación reciente, y
teniendo en cuenta que este año ha sido declarado por la Unión Europea,
como Año Europeo de las Personas con Discapacidad, la necesidad que
tenemos en nuestra provincia de seguir avanzando en hacer por los demás, y
ahí está ese cada día más alto porcentaje de discapacitados, que se
encuentran con un montón de barreras arquitectónicas para desarrollar su
vida. Ella me comentaba, su deseo de poder montar una gran exposición
sobre este tema, planteando los problemas y dando solución a los mismos.
Se le veía apasionada por el arte social y por su accesibilidad a favor de
las personas con discapacidad.
Convencida Consuelo del Moral de que la arquitectura
influye en nuestras vidas, incluso más de lo que a primera vista parece,
me comentaba: “Pienso que si las ciudades y sus espacios estuviesen
diseñadas y construidas para las personas que las habitan y las utilizan
habría menos guerras. La configuración de una ciudad está directamente
relacionada con la sociedad que la habita; yo, a veces, me hago algunas
preguntas sobre las zonas marginales de las ciudades: ¿Cómo se puede
pretender que niños, niñas y jóvenes no sean delincuentes si ni siquiera
tienen una plaza cómoda, segura y estéticamente agradable en la que poder
hablar, jugar o relacionarse? ¿Cómo se puede tener la misma pretensión
cuando viven en edificios mal configurados, de materiales pobres y sin las
mínimas instalaciones que permitan que funcionen con tres características
fundamentales para cualquier ser humano, comodidad, seguridad y autonomía?
Por último, ¿cómo se puede pretender que los habitantes de esas áreas de
ciudad tengan un desarrollo normalizado si carecen de los mínimos
servicios, de los mínimos equipamientos públicos, que sin embargo sí que
tienen otros habitantes de la misma ciudad? Creo que pedimos demasiado a
las clases sociales más desfavorecidas en ocasiones, ya que resulta
difícil y costoso establecer mecanismos de control sobre la veracidad de
las situaciones personales de aquellas familias que pertenecen a las
mismas”.
Está bien eso de los buenos propósitos de los años
internacionales, pero como me decía Consuelo del Moral, aún tenemos más
barreras de las debidas. Quizás si tuviésemos todos más asumido lo del
deber moral de coherencia, caminaríamos con más alma. En cualquier caso,
sirva esta última reflexión: No podemos tener dos vidas paralelas: por una
parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y exigencias; y
por otra, la denominada vida “secular”, esto es, la vida de familia, del
trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la
cultura. En suma, La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo
«camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de
entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura que,
inspirada en el Evangelio, reproponga el patrimonio de valores y
contenidos de la Tradición católica.
Fecha de publicación: 24 de enero de 2003 |