Familia, ese
termómetro de la salud de una nación
P. Roberto Fernández Iglesias, OP
La familia es una institución anterior al Estado y,
por lo mismo, debe ser potenciada y apoyada desde políticas nacionales que
coordinen lo educativo, lo económico, lo laboral y lo político en
beneficio de la misma.
Marco Tulio Cicerón decía que la familia es "el
principio de la ciudad y el semillero de toda república" (De Officiis,
1,17,54). Por ello, para analizar las debilidades de nuestras poblaciones,
e incluso de toda la nación, sería bueno reposar también nuestra mirada
sobre la institución familiar, que ha venido debilitándose cada vez más en
nuestro país por tres motivos principales entre otros muchos: apropiación
del Estado y/o dimisión más o menos consentida de los derechos educativos
de los padres, desacralización del matrimonio y facilismo divorcista, y
últimamente la migración, que ha separado físicamente de sus hogares a
muchísimos compatriotas con efectos psíquicos y sociales muy dolorosos que
se irán viendo progresivamente en los próximos años.
No cabe duda de que la familia es la célula fundamental
de la vida social. Lo es en el orden biológico porque transmite la vida a
los individuos que son la causa material de la vida social. Pero además la
familia humaniza a sus miembros cuidándolos, transmitiéndoles los valores
y formándolos afectivamente con el amor familiar que implica diversas
relaciones: amor conyugal, parental, filial, fraternal... En esa compleja
red de afectos, la responsabilidad principal incumbe a los padres. No
pueden conformarse solamente con querer a sus hijos. Estos son mucho más
sanos y felices cuando ven que sus padres 'se quieren'. En esto radica la
principal armonía de un hogar. Pero también en los hogares atípicos, los
que carecen de alguno de sus miembros por abandono o muerte, o en los
hogares de adopción, el criterio del amor es fundamental porque de ese
cariño son correlativos el respeto, la libertad, la confianza y la
solidaridad: valores necesarios también como fundamento de la vida social
que dan el perfil de civilidad a cualquier nación.
Si como creyentes volvemos nuestra mirada a la Sagrada
Escritura, encontraremos allí que la familia forma parte del plan de Dios
sobre la humanidad. Desde el Génesis, pasando por los Sapienciales y los
Proféticos, vemos cómo el Creador asocia a la pareja humana como
colaboradora suya en la transmisión de la vida, en la educación amorosa y
responsable de la prole, en los deberes mutuos. El mismo Jesucristo nacido
de la Virgen María tuvo su familia en el hogar de Nazaret, con San José
como padre adoptivo. Y vivió incluso la experiencia familiar de la
migración y el exilio político en la huída a Egipto.
La enseñanza de la Iglesia nos recuerda que el hogar es
como una 'iglesia doméstica' cuyos miembros se unen más profundamente por
la caridad y por la oración.
La familia es una institución anterior al Estado y, por
lo mismo, debe ser potenciada y apoyada desde políticas nacionales que
coordinen lo educativo, lo económico, lo laboral y lo político en
beneficio de la misma. Se seguirían de ahí enormes bienes, sobre todo el
de tener ciudadanos equilibrados emocionalmente, felices de amar y de
sentirse amados.
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Publicado en Diario "HOY", domingo 19 de enero de 2003.
Quito, Ecuador
Fecha de publicación: 24 de enero de 2003 |