Bienaventuranzas del
artista de Dios
Olga Cecilia Bustamante.
Felices los que anuncian el evangelio a través del arte
para hacer de la iglesia y de nosotros en ella, testigos vivos de
Jesucristo transformados por su Espíritu en una nueva creación. “
Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y
seréis mis testigos” (hechos 1, 8)
Felices los que cantan a Dios con su vida y con su voz,
para hacer del arte musical un camino hacia la santidad.
Felices los testigos de Dios que cantan con coraje para
afrontar los grandes desafíos de la época actual. “ Señor concede a tus
siervos anunciar con toda franqueza tus palabras” (Hechos 4,29)
Felices los artistas que no callan su voz ante la
injusticia y la opresión que viven los demás, que no se dejan vencer por
el temor y las dificultades, que no se avergüenzan de proclamar el
Evangelio con su canto, porque su premio será grande en los cielos. “Para
Ti es mi música Señor, voy a cantar tu verdad y tu justicia”.
Felices los artistas humildes de corazón que reconocen
sus talentos y dones musicales como un regalo de Dios. “Dichosos los
pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt.5)
Felices los artistas que renuncian a la riqueza, a la
fama, el poder y el dominio que otorga el mundo secular, por cantarle a
Dios. Felices porque cantan al servicio de Dios y “no al servicio de la
idolatría y de la glorificación del hombre” (Dn 3,5)
Felices los artistas que entienden que son simples
servidores musicales por medio de los cuales los demás creen en el Señor.
Felices porque enseñan a seguir “a Jesucristo como Señor” ( 2 corintios 4,
5) y no a sí mismos por su canto. Hoy que la industria cultural arrastra
grandes multitudes de “fans” a seguir ídolos humanos prefabricados como
objetos de consumo.
Felices los artistas que no se dejan seducir por el
orgullo, la vanidad y la soberbia que les da un liderazgo musical otorgado
por los hombres, porque han comprendido que el poder viene de Dios.
Felices los artistas que practican la caridad con los
más pobres. Porque Jesús dijo: “Todo favor que habéis hecho a los demás,
aunque sea a los más humildes, yo lo recibo como hecho a mí mismo” s.
Mateo 25,40.
Felices los artistas que guardan una armonía cristiana
en su vida personal , familiar y comunitaria, dando ejemplo a los demás
por lo que creen, dicen, cantan, hacen, piensan y sienten.
Felices los músicos que han sido objeto de persecución,
rechazo, burla, o que han sufrido carencias físicas por cantar el
Evangelio. Cor. 4 1-2 “No nos desanimemos porque Dios, en su misericordia,
nos ha encargado este trabajo”.
Felices los artistas que crean sus obras no solo con la
razón y la voluntad, sino con fe y con amor a Dios.
Felices los músicos de Dios que hacen de su canto una
verdadera oración al creador, porque “Dios recibe con agrado la oración”
cantada de los justos. Proverbios 15,4)
Felices los artistas que encuentran en la creación, en
la vida, en el amor, en la palabra de Dios y en la oración, sus fuentes de
inspiración para expresar mediante el arte lo que está por encima del
entendimiento humano.
Felices los artistas libres de los moldes musicales
predeterminados que el mundo les quiere imponer, porque confían en la
inspiración que les da Dios.
Felices los artistas cuyo principio y fin de sus obras
es Dios, sin dejarse seducir por las tentaciones del mundo.
Felices los músicos que interpretan las señales de los
tiempos y que hacen resonar con fuerza la Buena Nueva de la salvación en
Jesucristo.
Felices los artistas que integran el mensaje de
Jesucristo a la cultura de cada tiempo y lugar, para transformar los
corazones de los hombres.
Felices los músicos que permiten la participación
activa y consciente de la comunidad, enseñando y meditando los cantos para
que todos los fieles las conozcan y las puedan cantar.
Felices los artistas que graban su música, no en un
papel o en un fonograma – disco, casete, vh, dvd, mini disc...- sino en el
corazón de los hombres para su salvación.
Felices los artistas que escriben las letras de sus
canciones o las letras de sus libretos para radio, cine, televisión,
teatro..., “no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente” ( 2
corintios 3, 3)
Felices los que han hecho de los negocios musicales
católicos, el único negocio de “salvar almas” ( San Alfonso María Ligaria).
“Atesorad tesoros para el cielo. Donde está tu tesoro allí estará tu
corazón” Mateo 6.
Felices los que administran con sabiduría el dinero, o
las utilidades que se logran con la evangelización artística, para
revertirlos en favor de toda la comunidad y de los más necesitados.
Felices los que ven en sus compañeros de trabajo
musical al servicio de Dios hombres iguales, sin envidias, sin discordias,
sin distingo de raza, sexo o condición.
Felices los músicos que entienden que todos
representamos una nota dentro del gran concierto de la creación, y que
según como suene cada nota – clara, larga, continua, fuerte y aguda, o por
el contrario sorda, grave, corta y débil - “Dios pagará su trabajo” (1.
Corintios 3,4).
Felices los músicos que rechazan la competitividad como
norma, como criterio de evaluación, como reconocimiento frente a otros
artistas de su mismo credo, porque Dios es el supremo juez de nuestro
canto y de nuestro corazón.
Felices los artistas que buscan con su canto la paz y
la unidad.
Felices los artistas que buscan aprender en Dios. Dios
es el único maestro que nos capacita para ser sus servidores. Servidores a
través del arte no por un título, un pergamino, o un reconocimiento que
otorgan los hombres, sino por su espíritu. Felices los artistas que se
dejan moldear como arcilla en las manos de Dios.
Felices los artistas de Dios que crean nuevos métodos,
técnicas , conocimientos, y modos de aprendizaje, para emplearlos en una
nueva evangelización.
Felices los artistas que promueven con sus obras una
identidad cristiana católica en medio del secularismo y de la
proliferación de otras sectas.
Fecha de publicación: 24 de enero de 2003 |