Escúchelo; véalo;
léalo… si trabaja por la paz
Jaime Septién
Los medios de comunicación social al servicio de la
auténtica paz a la luz de la Pacem in Terris
Cada 24 de enero, día de San Francisco de Sales, el
Papa escribe un mensaje a los medios de comunicación, a los periodistas.
San Francisco de Sales es patrono de los periodistas. El mensaje en esta
ocasión se llama “Los medios de comunicación social al servicio de la
auténtica paz a la luz de la Pacem in Terris” y servirá de tema a la
XXXVll Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2003, que va a
celebrarse el 1 de junio. Ya analizaremos en esa fecha, que coincide con
la Ascensión del Señor, su contenido específico. Hoy, a la salida del
documento, quisiera dejar marcada una línea de pensamiento que se extrae
de este espléndido -como todos los suyos-llamado de Juan Pablo ll a los
responsables de la comunicación social y al público consumidor de radio,
cine, televisión y periódicos así como Internet y revistas, que somos,
prácticamente, todos.
Al apoyarse en la Pacem in Terris, la gran encíclica
del beato Juan XXlll, Juan Pablo ll no solamente quiere resaltar el papel
profético de aquel documento, publicado hace 40 años exactos; también
desea dejar en claro que buena parte de los medios de comunicación
(mundiales, nacionales, locales) han hecho caso omiso al llamado a
trabajar por la paz, por la auténtica paz en sus respectivas áreas de
influencia. Hoy los medios --en su mayoría-- son instrumentos de guerra,
de violencia, de discordia, de fuego cruzado entre grupos que quieren el
poder. A escala mundial y a escala municipal, es igual. Unos y otros (los
grandotes y los chiquitos) han perdido el rumbo y la responsabilidad. A
unos y a otros les encanta fabricar enemigos, “amarrar navajas”, mentir
para vender, engañar para circular, amenazar para sobrevivir.
Por lo demás, es el público el que tiene el poder en
las manos para impedir que este ambiente de violencia se siga propagando.
“¿Cómo?” “¿Qué puedo yo hacer?”, preguntará usted. Algo muy simple. De tan
simple, hasta parece tonto (pero no lo es; exige disciplina y capacidad de
discernimiento): no vea, no escuche, no lea (no les haga el juego) a
quienes en lugar de la paz (por vía del bien común) se escudan en usted
para vender violencia, desacuerdos, horrores y desalientos. Dicho de otra
forma: premie a quien promueva la civilización del amor, y castigue a
quien ande diciendo (o escribiendo) que la verdad es relativa; que la
justicia es utopía; que la libertad consiste en hacer lo que a uno le
plazca y que las relaciones humanas o son para el sexo o no son nada. De
su tiempo (muy valioso, por cierto) a quien trabaje por el entendimiento
entre los hombres y quíteselo al que sólo busca apesadumbrarlo,
desesperarlo a usted, para que, en el colmo del desencanto diga usted “oh,
qué valiente” y le haga ganar más “raiting”, o más dinero, que para el
caso es lo mismo.
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