Cristianos en el
PSOE: ¿nuevos aires o mera táctica?
Fernando José Vaquero Oroquieta
Desde hace casi una década, se vienen produciendo, en
el seno del PSOE, algunos movimientos dirigidos hacia sectores del
catolicismo español. ¿Quiénes son sus protagonistas? ¿Cuál es su alcance
real?
El PSOE y los
católicos.
José Luis Rodríguez Zapatero, en sus
inicios como candidato socialista a la presidencia del Gobierno español,
realizó algunas declaraciones, de cierto interés, en las que propugnaba un
nuevo diálogo con el catolicismo con la perspectiva de superar viejos
fantasmas. Con el mismo motivo, elaboró el prólogo del libro
Tender puentes: PSOE y mundo cristiano
(Ramón Jáuregui y Carlos García de Andoín, 480 páginas, editorial Desclée
de Brouwer, colección Palimpsesto, Bilbao 2001). Allí se señala, entre
otros aspectos, que el PSOE cuenta con un 30% de votantes que son
católicos practicantes y otro 50% de católicos no practicantes. En dicho
prólogo, José Luis Rodríguez Zapatero coincidía con Antonio Guterres (ex
primer ministro portugués, presidente de la Internacional Socialista y
católico practicante) en una idea: un Estado aconfesional no puede ser
indiferente ni hostil a las religiones y menos a la cristiana. El nuevo
líder socialista español también afirmaba que “Reivindicamos y defendemos
un Estado aconfesional. Sin embargo, la laicidad, en este nuevo contexto,
no puede convertirse en el argumento para un dogmatismo antirreligioso. La
defensa del pluralismo y de la democracia no puede hacerse sobre la
indiferencia o el rechazo a la religión. La religión puede ser un
complemento valioso de la democracia. Y la democracia es el mejor marco
para el ejercicio de las religiones”.
Por ello, desde medios católicos muy
diversos, se prestó cierto interés al colectivo “Cristianos en el PSOE”,
dado a conocer en buena medida por el mencionado libro Tender
puentes, alguna página web y diversos
encuentros de personalidades socialistas con católicos proclives a la
colaboración política con la izquierda en torno a valores como la
solidaridad, la lucha contra la exclusión y la pobreza, etc. Por cierto,
el citado libro, Tender puentes,
fue remitido, por el propio PSOE, a todos y cada uno de los obispos
católicos españoles; un hecho cargado de simbolismo que no puede pasar
desapercibido y que rompe toda una tradición de cultura anticlerical
socialista.
En algunos
ambientes católicos se sospechaba que, todo ello, se trataba de meros
ardides electoralistas, lo que no fue desmentido al incurrirse,
posteriormente, en los clásicos tópicos laicistas de un PSOE de larga
trayectoria anticatólica. Así el 21 de julio de 2002, el secretario
general del PSOE reclamó “una España laica”, al asegurar que el PP
practica “la imposición religiosa”. También han provocado un profundo
rechazo, entre muchos católicos, las manifestaciones realizadas por varias
organizaciones de izquierda, especialmente UGT, y determinados líderes
socialistas, frente a la Ley de Calidad de la Enseñanza, en las que
arremetieron especialmente contra la enseñanza privada, la asignatura de
religión y la propia Iglesia católica. También pesa, en la memoria
colectiva de muchos católicos, la labor disolvente y muy negativa, para la
Iglesia, realizada por algunas personalidades socialistas del "núcleo
cristiano" del PSOE en los años 80 del pasado siglo.
En este breve repaso, a la novedosa
atención prestada por el PSOE al catolicismo, debemos detenernos en el día
8 de octubre de 2002, jornada en la que se presentó el libro
Nuevo socialismo y cristianismo de izquierdas,
obra del sociólogo Rafael Díaz-Salazar; uno de los autores más citados por
los integrantes del colectivo “Cristianos en el PSOE”. En este texto se
pretende analizar la relación entre religión y política, las desigualdades
entre los países y el sindicalismo de la clase obrera. La presentación
tuvo lugar en el marco de la reciente constitución, en Burgos, de un foro
de diálogo integrado por cristianos y miembros de colectivos de
izquierdas, creyentes y no creyentes. Allí se afirmó también que “Por
ejemplo, el PP (Partido Popular) está muy representado (por)
un nuevo fenómeno que es el laicismo de derechas o una herencia no
religiosa. El PP no ha abolido la ley del aborto, en el tema de las clases
de religión, la situación está como en los tiempos del PSOE...”
En una entrevista publicada en el
Diario de Burgos, el día siguiente
de la presentación, Rafael Díaz-Salazar dijo, entre otras cosas, que “En
la izquierda española, hay una cultura laicista y antirreligiosa que suele
identificar con muchísima torpeza posiciones de izquierdas con laicismo o
antirreligiosidad. Pero también hay ateos y agnósticos que valoran muy
positivamente el fenómeno religioso”. Aseguraba, además, que “Lo que
ocurre es que hay un progresismo laicista, con mucha presencia en los
medios de comunicación, que sólo habla de fenómenos reales pero no
centrales de la vida religiosa”. Igualmente, afirmó que en España “hay un
prurito de laicismo muy fuerte que identifica progresismo con laicismo y
que es poco europeo”. Sin duda, unas
afirmaciones del máximo interés.
En resumen:
parece existir, al menos entre algunos destacados dirigentes socialistas,
como Ramón Jáuregui, una voluntad de aproximación a sectores del
catolicismo social, desde posiciones doctrinales novedosas, alejándose en
ello del tradicional anticatolicismo del socialismo español. Esto coincide
-o tal vez sea su consecuencia en alguna medida- con un movimiento
impulsado por católicos, a su vez, interesados en aproximar esas dos
tradiciones éticas y políticas: mundo cristiano y mundo socialista.
Ciertamente, las relaciones del PSOE con la Iglesia católica no han estado
presididas por el diálogo y la ausencia de prejuicios; tampoco en nuestra
historia reciente. Por ello, ese doble movimiento parece, en sí mismo,
constituir toda una novedad. En otros países de Europa, por el contrario,
existen interesantes muestras de diálogo, respeto y colaboración;
circunstancias inéditas en España.
Por todo
ello, podemos preguntarnos: esas señales, ¿son sinceras?, ¿expresan que
“algo” está cambiando en el socialismo español o sólo son mera táctica
electoralista?
Web
“Cristianos en el PSOE”.
De la mano de
la Secretaría de Innovación y Comunicación Interna del PSOE, en la web
oficial del partido se encuentra disponible una sección denominada
“Cristianos en el PSOE” a la que se puede acceder desde su página
principal.
Son varios
los apartados que recoge: quiénes somos, documentos, propuestas (reforma
de la cooperación al desarrollo, humanizar la política penitenciaria y
acción pública con las personas sin hogar), enlaces, actividades
(formación de grupos locales en el PSOE y agenda internacional), y mejores
enlaces a webs de cristianos socialistas (sobre, europeas). Por último,
ofrece las portadas de algunos libros, la noticia de eventos culturales y
acciones solidarias.
Según la información allí proporcionada,
encontramos los orígenes de este grupo, “Cristianos en el PSOE”, en la
confluencia de Euskadiko Ezkerra en el Partido Socialista de Euskadi -
PSOE. En esa formación ya desaparecida concurría un significativo número
de militantes cristianos participantes, a su vez, en diversos movimientos
sociales. En esta tesitura, Ramón Jáuregui asumió cierto protagonismo,
facilitando la creación de un grupo, en el seno del partido vasco, que
fuera un espacio propio de los cristianos para el encuentro, la reflexión
y la propuesta. Así se constituyó Cristianos en el Socialismo
vasco en otoño de 1993. Diversos
encuentros nacionales, posteriormente, dieron a conocer la novedad a nivel
nacional, sumándose presentaciones de libros, la elaboración de varias
propuestas y su constitución, como red de grupos y personas, al amparo de
la secretaría de Movimientos Sociales del PSOE. En esta perspectiva radica
una importante clave: "Cristianos en el PSOE" cuenta con una trayectoria
de 10 años, sobreviviendo a diversos cambios en los órganos directivos del
partido, lo que parece desmentir un simple y reciente electoralismo.
En su génesis podemos encontrar otros
antecedentes históricos, como el de Cristianos por el Socialismo
de los años 70, pero sus impulsores
afirman la originalidad y novedad de esta experiencia: entonces se trataba
de reflexionar en torno al socialismo desde fuera;
ahora se trata de actuar desde dentro.
Habrían influido además, y de forma especial, otras dos circunstancias:
El impulso
transformador derivado de la opción preferencial por los pobres traída de
la teología de la liberación.
El
conocimiento de la práctica del Partido Comunista Italiano (especialmente
a través de los escritos de Rafael Díaz-Salazar).
“Cristianos
en el PSOE” se concibe, a nivel organizativo, como una red de grupos
locales de trabajo inscritos en cada federación provincial y autonómica,
adscritos a las secretarías de movimientos sociales y coordinados
estatalmente. En esta concepción subyace la idea de una red de grupos y
personas, con una intención de transversalidad a todo el movimiento
político de izquierda.
Algunos
aspectos de interés:
Desde nuestro observatorio de
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica,
al analizar la documentación de “Cristianos en el PSOE”, hemos encontrado
algunos aspectos de máximo interés; pudiendo llegar a identificarnos, en
parte, con determinadas propuestas y afirmaciones allí recogidas.
Veámoslas.
Pretensión de superación del
anticlericalismo tradicional del PSOE. “La izquierda, el socialismo
democrático, en estos diez años ha pasado del escepticismo y de la
desorientación -incomprensible en muchos aspectos- que supuso la caída del
Muro de Berlín a la búsqueda de un nuevo relato identitario que sustente
su proyecto político más allá de la propia tradición socialista,
social-demócrata y laborista. En este proceso de reconstrucción, la
dimensión ética y moral toma un papel nuclear”. ¿Qué papel puede jugar el
cristianismo en esa reconstrucción?. A su juicio “Este proceso ideológico
de la izquierda ha facilitado enormemente una reconsideración del
hecho religioso en su conjunto, y
en concreto del papel del Cristianismo” (Josep María Carbonell i Abelló,
de su intervención en la Asamblea Nacional de los Cristianos
Sociales de Demócratas de
Izquierda, antiguo Partido Comunista
Italiano, Roma, 3 de febrero de 2001). Sin embargo, ese camino parece
estar menos despejado en el PSOE pues “Lo que ya no parece tan educado en
el ambiente y en la cultura del partido es que la fe cristiana se exprese
públicamente: donde se levanta el muro invisible es en la publicidad y en
la politicidad de esta identidad cristiana. Lo cristiano se percibe como
un asunto estrictamente privado, algo que pertenece al foro interno de la
persona. Así se desplaza lo cristiano hacia un espacio externo al partido,
hacia un espacio fuera de la política…” (Carlos García de Andoín, en
Los Grupos vascos de cristianos en el socialismo,
conferencia pronunciada en III
Encuentro de Cristianos y Socialistas,
celebrado en Madrid en 1999). Por ello, según el apartado 10 del texto de
carácter programático ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos y a qué?
“Exige trabajar para conseguir un cambio de actitud de militantes del
partido. Un cambio que les haga pasar de la reticencia o la clara
oposición a todo componente religioso de la militancia política a una toma
de conciencia progresiva de las virtudes existentes en el cristianismo
como fuente de transformación ética y cultural”. Una voluntad que implica
la expresión inequívoca de la dimensión pública, cultural y política del
cristianismo.
Percepción crítica de un viraje
ideológico y político en el PPE. “De hecho
se está produciendo una separación profunda y mucho más importante de lo
que podría parecer entre el Partido Popular Europeo y los valores
religiosos del cristianismo y, por el contrario, se está tejiendo una
nueva relación en la práctica
entre el socialismo europeo y el cristianismo”. Así, “se trata de la
laicización mercantil de su ideario, que ha marginado -y dilapidado-
aspectos fundacionales e identitarios que forjaron el carácter propio y
singular de la Democracia Cristiana”. De esta forma “la tradición social,
personalista y humanista-cristiana, que tanto influyó en la DC, ha
prácticamente desaparecido” (Josep María Carbonell i Abelló, de su
intervención en la Asamblea Nacional de los Cristianos Sociales
de Demócratas de Izquierda,
Roma, 3 de febrero de 2001). Termina su análisis afirmando que “La derecha
tenderá a reducir la acción de la Iglesia a la de una ONG más en el campo
de la moral y de la caridad, financiándola y así justificar las políticas
más liberales y desequilibradoras. La izquierda, a mi modo de ver, debería
no querer ver reducida la acción de la Iglesia y del Cristianismo en este
aspecto de la caridad, invitándola a participar, desde su propia
identidad, insisto, en la construcción de un mundo más justo, solidario,
pacífico y libre y de una Europa, casa de todos…”.
La política, también, como lugar para la
evangelización. Así, en el apartado 12 del mencionado texto
¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos y a qué?
reclaman a toda la Iglesia para que “asuma con libertad y pluralismo un
pleno impulso misionero en todos los ámbitos de la vida pública como la
economía, la cultura o la política”. Es decir, lo contrario a la
privacidad de la fe. Concretan, al respecto, en el apartado 14 del texto
anterior que “El Evangelio no se agota en ninguna mediación ni programa
político. Es posible y bueno el pluralismo político de los cristianos”.
Por su parte Carlos Beorlegui, en su texto Aportación de los
cristianos a la política y de la política a los cristianos
(del libro Cristian@s en el socialismo vasco,
Bilbao, 1997, editado por el PSOE-PSE-EE), afirma con claridad que “Lo
político es un nuevo ámbito de extensión y contagio de la fe cristiana,
esto es, un campo de misión”. Pero reconoce que “Faltan estructuras para
promover e integrar la experiencia del compromiso político dentro de las
estructuras parroquiales y diocesanas”. En este contexto, ¿qué puede
ofrecer el PSOE a los cristianos? Según Ramón Jáuregui, en su conferencia
pronunciada en III Encuentro de
Cristianos y Socialistas, celebrado
en Madrid en 1999, “Tenemos que ofrecerles la credibilidad de que el
Partido Socialista es el partido que complementa su compromiso desde la
concepción de un partido de la izquierda transformadora que utiliza el
B.O.E. (Boletín Oficial del Estado) para hacer justicia”.
Rechazo de la
privatización de la fe. Esta perspectiva fundamenta los planteamientos
anteriores de forma expresa. Además, en el apartado 4 del texto
¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos y a qué?
convocan a diversos grupos de cristianos, pues “A todos ellos esperamos
animarles a significar la dimensión pública y cultural insoslayable de la
fe cristiana”. Pero esta visión positiva no ahorra otras críticas a
considerar, como las de Carlos Beorlegui en su texto Aportación
de los cristianos a la política y de la política a los cristianos
al caracterizar a algunas organizaciones cristianas: “Los grupos
cristianos pueden caer en el vicio de convertirse en grupos
interpersonales que se consuelan con poner en común sus vivencias,
sentirse acogidos y a gusto en el entorno pequeño y conocido, y trabajar
en ámbitos sociales de asistencialismo sin demasiadas obligaciones”. Una
crítica que incide, sin duda, en la necesaria publicidad de la fe
cristiana.
Papel de la
jerarquía de la Iglesia católica. En el apartado 13 de su escrito
¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos y a qué?
afirman que “(…) somos conscientes que no somos los interlocutores
cualificados de toda la Iglesia ante el Partido Socialista. Nuestra acción
no puede sustituir de ningún modo las legítimas relaciones de
interlocución entre los responsables del Partido y las jerarquías de las
Iglesias cristianas”. Debemos precisar la dimensión ecuménica del grupo,
al integrarse en el mismo también cristianos no católicos, incluso
agnósticos. Ese reconocimiento del papel de la jerarquía parece
significativo, al huir de viejas polémicas producidas en algunos medios
católicos, en las que se negaba efectividad, incluso legitimidad, a la
misma.
Hemos visto,
pues, diversas líneas generales de su pensamiento, con las que miembros de
otras realidades eclesiales con vocación de presencia pública, en la
orientación marcada por algunos de los llamados “nuevos movimientos
eclesiales”, pueden identificarse en alguna medida.
Algunas
reflexiones en esta coyuntura.
Desde una
perspectiva fundamentalmente política, sin duda, destaca la crítica
realizada por los promotores de “Cristianos en el PSOE” al Partido Popular
Europeo, de la que no escapa, evidentemente, su homólogo español y a la
que podrían sumarse muchos de sus votantes católicos, decepcionados y
desconcertados.
Los católicos
nos encontramos, por tanto, en una situación política marcada por dos
factores: de una parte, el abandono por el Partido Popular de algunas de
sus señas de identidad ideológicas determinantes, vinculadas en su origen
al cristianismo, y, de otra, un interés del PSOE nada disimulado en la
captación de votos católicos, lo que coincide con el inicio de una nueva
mirada hacia el hecho religioso por parte de este partido. Entonces, ¿no
se requiere de cierto esfuerzo de reflexión, para determinación de la
acción, por parte de los católicos?
Ciertamente, los
electores católicos pueden incluirse entre los sectores sociales
desairados por la política popular.
No sólo no se ha apoyado decididamente a la familia, salvo retóricas
verbales de mínimo efecto, sino que se ha dado cancha a las llamadas
uniones de hecho “alternativas”, se ha avanzado social y mediáticamente en
la “normalización” de las uniones de homosexuales, etc. Y hay otros muchos
asuntos pendientes: la situación de los profesores de religión, la
investigación bioética, la defensa de la vida y sus alternativas frente a
la práctica voluntaria del aborto sin apenas restricciones, la política
cultural, la aplicación del principio de subsidiariedad, etc.
Los católicos
no podemos estar contentos con la gestión del Partido Popular. Por ello,
aunque escasas, han sido significativas las voces alzadas en este sentido.
Lo curioso y significativo de esta situación, es que algunos de los más
conscientes de este desencuentro, estén en la izquierda. No podemos
extrañarnos, por tanto, que, al margen de la sinceridad de este proceso de
diálogo entre cristianos y socialistas, se hayan retomado esfuerzos para
captar al electorado católico, especialmente al de convicciones
izquierdistas e impedir que arribe en Izquierda Unida. Con todo, parece
claro que el programa socialista difícilmente podrá ser asumido, en tanto
no se produzcan cambios sustanciales en el mismo, por los católicos que
defienden con mayor insistencia los valores sociales de la familia, la
defensa de la vida, la iniciativa social en la educación y otros ámbitos,
etc.
Como escribió Reyes
Mate en El País hace casi
dos años, “El PSOE se compromete a tomarse en serio las propuestas que se
hagan y, los cristianos, a hacer propuestas. El reto es ver la capacidad
de respuesta del uno y la capacidad de propuesta de los otros”. Y ¿desde
qué capital pueden realizar aportaciones los cristianos?. Según Fernando
Vidal Fernández, en su propuesta de resolución denominada Los
cristianos en el proyecto del Partido Socialista Obrero Español:
“Reconocemos cómo la comunidad cristiana
es matriz viva de muchas de las principales organizaciones civiles, redes
ciudadanas, iniciativas voluntarias, cooperativas e instituciones sociales
que están luchando por la defensa y promoción de la plena dignidad de la
vida de los hombres y mujeres, por la democratización y desarrollo
sostenible de los pueblos, la erradicación de las causas de la exclusión y
la pobreza”. En este contexto, ¿qué aportaciones pueden realizar los
cristianos?: la centralidad de la compasión por la situación de las
mujeres y hombres en sus situaciones concretas, su servicio a las personas
y pueblos más pobres del mundo, la gratuidad de su motivación y la
disposición a poner los propios intereses particulares al servicio de los
generales y los de los más pobres, la conciencia de comunidad,
universalidad e Historia, la esperanza en hacer posible lo deseable, la
apertura a lo trascendente, el sentido radicalmente fraterna de la
justicia…”
Cierto
socialismo considera que existe en el catolicismo, en definitiva, una
potencialidad positiva para la sociedad europea de hoy. A los católicos
corresponderá hacerla plausible en la política activa, los movimientos
sociales, las nuevas plataformas transversales, etc. Y muchas serán las
dificultades que tendrán que remover los "Cristianos en el PSOE", un
partido en el que, además de ciertos interesantes avances en la aceptación
de la plena ciudadanía de los católicos en su seno, sigue existiendo una
cultura anticlerical e incluso anticatólica, muy marcada. En este contexto
José Luis Rodríguez Zapatero puede jugar un importante papel: ¿tendrá las
convicciones y la autoridad moral suficientes para impulsar ese cambio
histórico?
En cualquier
caso, un peligro es evidente, y no sólo desde el PSOE, sino desde
cualquier partido y cultura política: que se produzca una apertura a la
Iglesia pero sólo en relación a ALGUNOS de sus valores y no como realidad
histórica con TODOS sus ingredientes sustanciales.
El dirigente
socialista portugués Antonio Guterres, con motivo del Congreso
Católicos y vida pública organizado
por la Fundación Universitaria San Pablo
y la Asociación Católica de Propagandistas
en Madrid, intervino, el pasado día 15 de noviembre de 2002, nada menos
que como ponente reflexionando en torno a la actualización de la Doctrina
Social de la Iglesia. Esperamos que no se trate de un hecho aislado, sino
que ponga de manifiesto una auténtica capacidad y voluntad de diálogo
entre diversas sensibilidades del catolicismo social español.
Sin duda, se
está produciendo un conjunto de novedades en el catolicismo social
español, de incuestionables efectos políticos que no puede obviar el
Partido Popular, y que intentaremos seguir, de cerca, desde esta
publicación digital.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica,
Nº 63, noviembre de 2002 |