Razones y sinrazones
de la clonación humana
P. Roberto Fernández Iglesias, OP
El deseo de perpetuarse a si mismo en el tiempo es una
quimera. Pues el clon sólo perpetúa algo genérico nuestro, no nuestra
personalidad ni nuestro espíritu.
Las razones más válidas para realizar una clonación
humana de tipo reproductivo podrían reducirse a tres: el deseo de una
persona de perpetuarse a sí misma, el deseo de los padres de reproducir un
hijo muerto accidentalmente reemplazándolo por otro idéntico, y el deseo
de reproducir un genotipo genial repitiéndolo en el tiempo, por ejemplo un
Mozart o un Einstein redivivos. Para la clonación no reproductiva
podríamos atenernos a una única razón, la de mantener una reserva de
células y de órganos para auxiliarnos en un accidente o enfermedad.
Examinemos detenidamente estas razones.
El deseo de perpetuarse a si mismo en el tiempo es una
quimera. Pues el clon sólo perpetúa algo genérico nuestro, no nuestra
personalidad ni nuestro espíritu. Estos se forman a través de las
experiencias del tiempo. Es además muy probable que el clon quiera
afirmarse a sí mismo incentivando las diferencias y usando la propia
libertad en contra del determinismo que lo empobreció privándolo de la
riqueza de probablilidades en el azar genético. Éticamente no se puede
hacer a otro lo que no quisiéramos para nosotros. De ahí que quien se
clonara por este motivo iría contra la base de los propios principios
éticos.
Reproducir a un ser querido muerto clonándolo es una
pretensión vana, pues, como en el argumento anterior, lo somático no
coincide con lo síquico. Además el ser humano es un fin, no puede ser un
instrumento, ni subordinarse ontológicamente a otro ser humano, Cada
individuo tiene derecho a ser respetado por sí mismo, a ser único e
irrepetible. Y son impredecibles los problemas psicológicos que afectarán
al clon cuando sepa que no es querido por sí mismo, sino por ser copia de
otro.
Un genio no es un producto necesariamente de los genes.
Depende también del ambiente familiar y social, de la educación y del
ámbito cultural, y es claro que nadie se puede bañar dos veces en el mismo
tramo del río de la historia. Cuentan que un cuerpazo de mujer le dijo a
Jorge Luis Borges en una ocasión: ¿Se imagina usted si los dos tuviéramos
un hijo... con mi físico y con su inteligencia? Y Borges le contestó: Y
¿qué tal si nos saliera al revés?...
Finalmente, en el caso de la clonación no reproductiva,
hay que destacar que no vale atenuar el problema diciendo que se trata
sólo de un embrión somático y no gamético. Es claro que ambos desembocan
en un ser humano. Por consiguiente, no puede utilizarse tampoco este
embrión como donante de órganos, pues ningún ser humano puede ser
instrumentalizado al servicio de otro. Por consiguiente también este
método repugna a la ética y a la condición humana.
En la base de la incansable búsqueda científica está la
curiosidad humana que nunca sacia su apetito y quiere investigar más y
más. El deseo de saber es una de las tendencias naturales del ser humano y
hay que verlo con simpatía, pero no es un absoluto. Debe compaginarse con
otra tendencia igualmente sana y natural que es el deseo del bien. De ahí
la imperiosa necesidad de un retorno a la ética. Y la sociedad mundial
debe impedir con firmeza que se manipule a futuros seres humanos en nombre
de la autonomía de la ciencia.
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Publicado en Diario "HOY", Quito, Ecuador.
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