Imprimir

El vacío moral de Europa es un vacío cultural

Víctor Corcoba Herrero

Sólo si reconocemos el imperecedero valor de nuestra historia cristiana realmente grande y lo utilizamos para nuestras misiones de hoy, será posible ofrecer al mundo, una Europa espiritualmente unida, que evitará la dualidad entre la Europa de los ricos y la Europa de los pobres.

Después de muchos años, una nueva Europa sigue caminando, en medio de sombras, alegrías y dolores. En este sentido, me parece extraordinariamente importante y urgente continuar valientemente el esfuerzo de edificación de Europa, con una adhesión convencida a aquellos ideales enraizados en la cultura cristiana. Los europeos estamos llamados a proseguir construyendo esa casa común. Y como el hogar doméstico es el lugar en el que cada uno se siente “en casa”, acogido, respetado y ayudado por lo que es, así también Europa debe convertirse en una “casa” en la que todos los pueblos se vean reconocidos y respetados en sus aspiraciones.

Solamente una cultura cristiana renovada nos ayudará a superar los traumatismos del pasado y las desgarraduras del presente. Esta idea reflexiva, entorno a Europa, surge a raíz de una conversación mantenida con un ciudadano europeísta, José Luis Valverde, granadino ilustre y una de las figuras políticas y universitarias de mayor prestigio internacional. Así ve el futuro de Europa: “En los momentos actuales, la construcción europea avanza a pasos agigantados, mucho más de lo que puede apreciar la opinión pública. La decisión de la ampliación a los antiguos países del Este es apasionante y decisiva. Por otro lado, el cambio institucional que hay que realizar es mucho menor que lo que algunos sectores preconizan. El proceso de construcción europea está en plena madurez. El proceso es irreversible y es ya una brillante realidad. En los próximos cambios institucionales, hay que profundizar en la originalidad de las instituciones europeas y evitar su desnaturalización. El objetivo de las instituciones europeas no es que éstas reproduzcan las instituciones nacionales, eso sería un error grave. Las instituciones europeas suponen una revolución en el derecho político y constitucional y deben mantener esa originalidad”.

En cualquier caso, el elemento constitutivo de la cultura en Europa, anterior a la Europa política y económica, ha de tener un denominador común, el de la solidaridad. Es cierto: “La era de la confrontación y de la división de Europa ha pasado” (Carta de París). Pero no menos cierto es que el sustrato cristiano del continente no debe ser marginado. ¿Cuál es esa herencia?. Pensemos por un momento en los valores fundamentales de nuestra civilización: la dignidad de la persona, el carácter sagrado de la vida, el papel central de la familia, la importancia de la libertad de pensamiento...; espíritu cristiano de fraternidad enseñado por el Evangelio.

Sólo si reconocemos el imperecedero valor de nuestra historia cristiana realmente grande y lo utilizamos para nuestras misiones de hoy, será posible ofrecer al mundo, una Europa espiritualmente unida, que evitará la dualidad entre la Europa de los ricos y la Europa de los pobres. Porque, en definitiva, la unidad de Europa no debe consistir sólo en tener intereses materiales comunes. Sin la fe cristiana, a Europa, le faltaría el alma, o lo que es lo mismo, el aliento para alentar la vida.
 

 

Fecha de publicación: 30 de enero de 2003

Inicio ] [ Atrás ]