|
[FIRMAS] Carlos
Díaz
Otra cara de Davos: La cuestión poblacional
Según la prensa habitual, para que el Tercer Mundo
salga de la situación de subdesarrollo en que se encuentra debería limitar
su tasa de natalidad. Este falsísimo argumento constituye sin embargo uno
de los tópicos favoritos del Norte. Pero es un argumento falsísimo porque:
La población de la Tierra dista aún mucho de haber
llegado a su saturación; cualquier economista especializado en geografía
de poblaciones sabe que podría multiplicarse todavía por cinco la
población mundial sin que faltasen en absoluto alimentos para mantenerla,
y ello sin contar con las eventuales potencialidades futuras derivadas del
progreso.
En el supuesto falso de que la Tierra hubiera llegado a
su saturación ¿por qué no se dice que los países con mayor densidad de
población no son los países pobres, sino Japón, Países Bajos, Inglaterra,
tan interesados en controlar la población fuera de sus fronteras?
¿Por qué están esterilizando a poblaciones autóctonas
del Sur con baja natalidad (por ejemplo, poblaciones andinas, poblaciones
indígenas muy reducidas que viven tranquilamente de la caza y de la pesca
en las selvas amazónicas del Brasil) a cambio de prestaciones económicas?
¿Por qué se oculta que África es un continente cada vez
más despoblado?
¿Por qué no se distribuyen mejor los recursos
existentes, en lugar de postular el exterminio de los pobres del planeta,
en medio de un ecodesarrollo insostenible?
Si el Norte se queja del avejentamiento de su pirámide
poblacional ¿por qué no dejan entrar en sus países a jóvenes procedentes
del Tercer Mundo?
No, no sobra población, sino que falta redistribución
de la renta, y los ricos del Norte antes serían capaces de rematar a sus
muertos, que de autorrestringir su derroche insultante. Tratando de
acallar todo esto, el rico sigue la táctica del cuco: da los gritos en un
nido, pero pone los huevos en otro.
Lo que preocupa en el Norte es que en el Sur sean
muchos y pobres, mas como no se quiere que dejen de ser pobres se intenta
que dejen de ser muchos. Lo que asusta al Norte y a las oligarquías del
Sur (también Norte) no es que las gentes sean pobres y mueran de hambre,
sino que devengan un factor desestabilizador; que al crecer el número de
pobres permaneciendo la desigualdad se altere la frágil paz de los
poderosos mediante migraciones masivas, guerras civiles e interétnicas que
bloqueen los trabajos de expoliación de materias primas, fenómenos de
contestación en algunos gobiernos que busquen romper con la 'normalidad'
de los precios en el mercado, integrismo de carácter religioso, etc.
Así las cosas, identificar «control de natalidad» con
«disminución de la tasa de natalidad» resulta enteramente falso, ya que
hay países infrapoblados pobres; de igual modo existen regiones
superpobladas y otras vacías pero con posibilidades de desarrollo. Así las
cosas, además de ser falsa la relación entre población y desarrollo
enunciada por la Conferencia de El Cairo, además de eso no se ha
concretado la asignación para el desarrollo pero sí en cambio se ha
concretado la lucha contra la población (17.000 millones de dólares hasta
el año 2000, de ellos, por cierto, 2/3 aportados por los países
subdesarrollados, repartidos como sigue: 10.2000 para planificación
familiar; 5.000 para servicios de 'salud reproductiva'; 1.300 para
educación y prevención del SIDA y otras enfermedades de transmisión
sexual; 500 para investigación y análisis de datos sobre población); en
definitiva, como ya había enfatizado canallescamente mucho antes Lyndon B.
Johnson, siempre buscando perpetuar la desigualdad, «cinco dólares
invertidos contra el crecimiento de la población resultan más eficaces que
cien dólares invertidos en el crecimiento económico». De ahí las medidas
antinatalistas: esterilizaciones en todo el Tercer Mundo no declaradas a
los interesados, especialmente a minorías étnicas (desde aborígenes
australianos a indios mexicanos), esterilizaciones y matanzas de nonatos a
cambio de unos dólares o de un transistor (como en la India), negación de
trabajo asalariado a mujeres embarazadas (también en Occidente), matanza
obligatoria de nonatos bajo sanciones incluso penales (como es el caso de
China), cierre de ojos universal ante la permanencia e incluso
renacimiento de la práctica del infanticidio femenino, etc.
Entonces ¿por qué los países pobres aceptan esas
asesinas imposiciones provinientes de los ricos? Porque son países
endeudados con el Norte, eternos dependientes de los precios mercantiles
marcados por el Norte, de los créditos, de los chantajes, etc, y no se
quieren enfrentar a sus amos. Terriblemente triste.
|