¡Amén, Jesús!
Ignacio Munilla
Sobre la película "Amén", injuriosa cinta contra la
memoria de S.S. Pio XII.
Ciertamente, la película Amén, de Costa-Gavras, no va a
pasar a la historia por su calidad cinematográfica, sino por su ataque
frontal al Papa Pacelli. Además de acusar a Pío XII de haber mantenido un
silencio cobarde ante el holocausto judío, su figura es presentada de una
forma patética, con los ribetes propios de un angelicalismo bobalicón
Conviene recordar que Costa-Gravas no ha hecho sino
llevar a la pantalla la obra teatral El Vicario, estrenada en 1963 por el
alemán Rolf Hochhuth, con la que empezó en Occidente la leyenda negra
contra el papa Pío XII. En los países del otro lado del telón de acero,
esta campaña ya había comenzado en los años 50; y alcanzó su momento
álgido con el estreno de El Vicario, elemento fundamental de la propaganda
antirreligiosa de los sistemas comunistas. En Checoslovaquia, por ejemplo,
el gobierno obligó a los teatros de todas las ciudades a incluirla en sus
carteleras con el objetivo de desacreditar a la Iglesia católica. Rolf
Hochhuth, que en su infancia había militado en las juventudes hitlerianas,
y que sorprendentemente había llegado a ser un converso de la ideología
marxista, fue el instrumento de los regímenes comunistas para trasladar a
Occidente su campaña contra Pío XII. La mejor forma de combatir a quien
era considerado como la bestia negra del comunismo, era presentarle como
"filo-nazi".
Pero los hechos históricos hablan por sí mismos: Si las
acusaciones contra Pío XII fuesen ciertas, ¿cómo es posible que desde el
fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, hasta la representación de esta
obra, en un período de 18 años, ningún contemporáneo de aquellos
acontecimientos hubiese hecho reproche alguno a Pío XII; sino que, por el
contrario, el mundo judío se hubiese prodigado en agradecimientos hacia el
llamado “Papa de los judíos”? ¿Cómo se concilian esas acusaciones con el
hecho de que el Congreso Mundial Judío donase a Pío XII al finalizar la
guerra, más de un millón de dólares al cambio actual “para demostrar la
gratitud del pueblo judío por todo lo que había hecho en su favor”? ¿Cómo
entender que el rabino de Nueva York, David Dalin, declarase que “durante
el siglo XX, el pueblo judío no tuvo un amigo más grande que Pío XII”?
¿Cómo se explica que el Rabino Mayor de Roma, Israel Zolli, se convirtiese
al catolicismo en 1944, y que se bautizase con el nombre de "Eugenio", en
honor y agradecimiento al Papa, Eugenio Pacelli, por lo que había hecho
por su pueblo? ¿Y qué decir del hecho de que el estado de Israel
considerase ofensiva la obra de Rolf Hochhuth, hasta el punto de que
canceló el 25 de Septiembre de 1963 el estreno de la representación de la
versión hebrea de El Vicario en el teatro nacional israelí? ¡Está claro
que los promotores del infundio contra Pío XII fueron los países
comunistas, y no los judíos!
La acusación de que Pío XII guardó un silencio cómplice
no se sostiene. Ni el mundo lo percibió así: "Pío XII es casi el único
gobernante que queda en el continente europeo que se atreve a levantar la
voz " (Editorial del New York Times 25-XII-1941). Ni tampoco el mundo
judío: "Durante diez años de terror nazi, cuando nuestra gente atravesó
los horrores del martirio, el Papa alzó su voz para condenar a los
perseguidores y se conmiseró con sus víctimas." (Golda Meir, ministro de
Asuntos Exteriores Israelí, comunicado a la muerte de Pío XII)
De hecho, ya en su primera encíclica, Summi
Pontificatus, Pío XII cuestionó de raíz la filosofía nazi, al remarcar la
unidad de la raza humana. ¿Un lenguaje demasiado abstracto? Las SS no
parece que lo entendieran así, ya que prohibieron la publicación de la
encíclica; y los Aliados tampoco, ya que lanzaron 88.000 copias por
paracaídas en Alemania, al modo de propaganda subversiva. En el famoso
discurso de Navidad de 1942, que es tergiversado y ridiculizado en la
película, el Papa se pronunció en contra de los regímenes totalitarios y
denunció la muerte de miles de personas, por razón de nacionalidad o de
raza.
Si el Papa se centró en el plano doctrinal y moral, sin
adentrarse en la denuncia política, fue porque tenía clara conciencia de
que una mención expresa a Alemania y a los judíos hubiese agravado la
persecución de católicos y hebreos en los territorios ocupados. No puede
perderse de vista que a diferencia de otros gobiernos, la Santa Sede no
hablaba "desde fuera", como podían haberlo hecho los gobiernos aliados
(¡y, por cierto, sorprende que nadie cuestione su silencio, mucho más
incomprensible!). El caso holandés había sido clarificador: cuando la
jerarquía católica de Amsterdam se quejó públicamente en 1942 del trato
que se daba a los judíos, la respuesta alemana fue limpiar Amsterdam de
judíos, incluídos los conversos al cristianismo, enviándolos a los campos
de concentración y más tarde al exterminio.
En realidad, la estrategia de Pío XII fue similar a la
de la Cruz Roja Internacional (con sede también en una Suiza neutral).
Renunciaron a las denuncias públicas políticas, por considerarlas
ineficaces y hasta contraproducentes, para centrarse en la acción: Y el
hecho es que Pío XII ordenó (y no sólo permitió, como parece sugerir la
película) el refugio de los judíos perseguidos en las instituciones
católicas. Según datos proporcionados por el diplomático israelí Pinchas
Lapide, se estiman en 860.000 los judíos salvados de la muerte por la
Iglesia Católica.
Mientras veía la película desde mi butaca, una pareja
sentada a mi derecha hacía comentarios sobre el comportamiento del Papa,
con un tono indignado, con la reacción propia de quien asiste a una
lección de historia. La Iglesia Católica se enfrenta a un grave problema
cuando la realidad se ve filtrada por el espectáculo ideologizado. ¿Qué
explicación cabe dar a la proliferación de películas anticatólicas: El
Cuerpo, Estigmata, La sonrisa de mi madre, Priest, Amén, etc...? ¿Por qué
no se producen películas en las que se cuestionen otras iglesias o
religiones? Yo tengo mi explicación personal, pero mejor lo dejaremos para
otro artículo... ¡Nosotros seguiremos condenando el belicismo USA y
exigiendo el respeto, no sólo de los derechos del pueblo judío, sino
también del palestino! ¿Amén? Más bien, ¡Amén, Jesús!
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