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[FIRMAS] CARLOS DÍAZ
El papel manipulador de los medios en la globalización
neoliberal
Un mundo donde existen tantas riquezas produce cada vez
más pobres, algo condenado enérgicamente por los padres de la Iglesia: «es
la riqueza, dice san Juan Crisóstomo, asesino implacable, fiera
indomesticable, déspota más feroz que un bárbaro, enemigo irreconciliable
que no sabe de treguas ni depone jamás el odio contra los que la poseen.
¿Por qué huyendo de la pobreza, perseguís la riqueza, enemiga que es,
asesina y más feroz que las fieras? ¿Por qué azuzas a una fiera que
debieras domesticar? ¿Cómo, pues, dejará la fiera de ser fiera? Mas, si la
sacas de la sombra y la distribuyes entre las manos de los pobres, la
fiera se torna oveja; el insidioso, protector; el escollo, puerto; el
naufragio, calma. Aun cuando seas opulento, si gastas más de lo necesario
tendrás que dar cuenta de la riqueza que te ha sido confiada. No vayas a
pensar que por el hecho de que los ricos no paguen aquí sus iniquidades
carecen de pecado. Si fuera posible castigar en justicia a los ricos, de
ellos estarían llenas las cárceles. La verdad es que, entre los otros
males de la riqueza, hay que contar el de que el rico, al cometer la
maldad impunemente, no habrá manera de que se detenga en ese camino, sino
que recibirá heridas sin remedio y no habrá quien ponga freno a su
iniquidad... El cuerpo del ricachón entregado ha sido a la tierra; mas la
vista de las grandes construcciones no permite que con él quede enterrada
la memoria de su avaricia. Todo el que pasa, al contemplar la grandeza y
cultura de la espléndida casa, no dejará de decirse a sí mismo o a su
vecino: '¡Con cuántas lágrimas no se habrá edificado esta casa! ¡Cuántos
huérfanos se habrán quedado desnudos! ¡Cuántas viudas no habrán sufrido
una iniquidad y cuántos obreros no habrán sido defraudados de su jormal!'.
De modo que te salen las cuentas del revés: querías gozar de gloria
mientras vivías, y ahora ni después de morir te ves libre de acusadores.
La casa lleva tu nombre como esculpido en una estela y obliga a que te
ultrajen quienes no te vieron en vida». «¿Por qué mientras los pobres
perecen todos los días de opresión, hambre, frío, injurias, tú eres amigo
del oro, guardas la plata, tienes por sacrosantos, como si fueran ídolos,
los vestidos preciosos y los ornamentos lujosos superfluos? ¡Cuántas almas
asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras
una sola de tus joyas, distribuído su precio entre los pobres, conocerías
por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos vale tu ornato» (San
Zenón de Verona).
Pero... Un simple noticiero televisivo de treinta
minutos nos hará contemplar todo tipo de catástrofes naturales y
artificiales, todo tipo de escándalos financieros, políticos, eróticos,
etc, y tras este baño de porquería uno se pregunta si todo esto no tendrá
como objeto despertar en cada televidente la sensación de que su propia
vida es menos desastrosa, y que al fin y al cabo todo va bien porque a mí
personalmente no me va tan mal como en la tele. La gente feliz y a la vez
sencilla sale menos en pantalla, no fuera a ocurrir que por comparación el
televidente se sintiera desgraciado y llegase a pensar cómo mejorar la
situación. Sólo se nos muestra en la pantalla pequeña a felices gentes de
la jet society lejos de nuestras posibilidades, para que no se nos ocurra
ni por lo más remoto identificarnos con ellas por la mera vía del ensueño,
de la irrealidad o realidad virtual.
Todo, en fin, pensado para que nadie proponga un mundo
mejor, donde tal vez los primeros en desaparecer serían los propios medios
de masa en su actual configuración. En la geografía del mundo inútil o
mapa de nuestros (des)informadores, aprendemos que América Latina ocupa
menos espacio que Europa, y mucho menos que EEUU y que Canadá. ¿Extrañará
que los niños jueguen a cow-boys sin que ninguno de ellos quiera hacer el
papel de indio?
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