La Iglesia tiene
necesidad del arte
Víctor Corcoba Herrero
Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado,
la Iglesia tiene necesidad del arte.
Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado,
la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible,
más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible,
de Dios. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí
mismo es inefable. Ahora bien, el arte posee esa capacidad peculiar de
reflejar uno u otro aspecto del mensaje, traduciéndolo en colores, formas
o sonidos que ayudan a la intuición de quien contempla o escucha. Todo
esto, sin privar al mensaje mismo de su valor trascendente y de su halo de
misterio. La Iglesia necesita, en particular, de aquellos que sepan
realizar todo esto en el ámbito pictórico, sirviéndose de las infinitas
posibilidades de las imágenes que la Creación nos dona.
Hace días tuvimos la dicha de asistir a la inauguración
de una exposición singular, la del artista pictórico y cronista de
Maracena, Francisco Ávila, que expone en la Casa de la Cultura de su
pueblo, (hasta el día 14 de febrero), una original muestra expositiva de
diversos cuadros modelados en arcilla, bajo el título: “Un paseo por
Granada”. Subrayar dos notas: el interés de los asistentes que no fueron
pocos y la calidad de los cuadros. Por tanto, nos satisface que también en
los pueblos se exhiban grandes obras artísticas.
El artista es poseedor de un talento innato y de un
talante perfeccionista. Para muestra sólo hay que acercarse a sus cuadros,
que es como pasear por la Granada del verso. Creciente en la hermosura,
vive y se desvive por vivir en el universo majestuoso del arte, ya sea
modelando, pintando o esculpiendo. Su arte, en definitiva, es tan real y
vivo como la vida misma. Como auténtico artista, es un observador de todo
cuanto le rodea; y, por ello, su natural y sabio arte, germina a través de
la contemplación del entorno. En la creación artística, Francisco Ávila,
se revela más que nunca artífice de lo que siente movido a mirar hacia sí
mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y de
transmitir, elevando a lo más alto, su atmósfera de perfección. Ya
escribió Platón, que “la potencia del Bien se ha refugiado en la
naturaleza de lo Bello”, un empuje vital que establece esa relación con el
ser y su entorno, con la verdad y el bien. A través de esta logradísima
obra pictórica, llena de aciertos y de buen gusto, uno siente ese amparo
de paz y sosiego.
Se dice que, toda forma auténtica de arte es, a su
modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo.
Por ello, constituye un acercamiento muy válido esta exposición, ya que
nos encamina a un horizonte de poesía. De ahí, que esta muestra la conciba
como una invitación a gustar la vida y a soñar otros espacios más
sublimes. Es suficiente mirar y ver. A propósito, refrendo lo que escribe
María José López Montes, en el catálogo: “Es un maestro del modelado, con
extrema sensibilidad es capaz de transformar la pura gleba en un
sentimiento, en un recuerdo de su niñez, en un poema, o en una crónica de
la historia de Maracena”. |