Conocer para amar
Felipe Santos Campaña
Una pareja, totalmente enamorada, me contaba el otro
día que para ellos, la mayor aventura de sus vidas había sido conocerse.
Entonces le dije que el principio de la sabiduría-
siguiendo la filosofía y la corriente espiritual cristiana y la oriental-
era conocerse a sí mismo.
¡Por qué?, me dijeron con cierto aire de inquietud en
sus ojos bañados de una preciosa luminosidad.
Muy sencillo, les contesté.
El conocimiento de sí mismo es la autopista para llegar
a todas partes con plena seguridad y con el corazón feliz y rebosante de
alegría.
El conocimiento de sí mismo es la misma plenitud
humana. Una persona que se conoce a sí misma, se convierte en un filtro
por el que pasa sólo lo que es digno, loable, bueno y bello. Lo demás se
rechaza.
Nuestras relaciones- seguían hablando -marchan muy bien
desde el día de nuestro primer encuentro, en el cual comenzamos una carera
brillante basada en el conocimiento mutuo.
No hemos tenido decaimientos, ni rupturas, ni
desengaños. Andamos por un camino de rosas.
Nuestro conocimiento hace que las espinas que se
ocultan tras la belleza de las rosas, no nos pinchen ni hieran nuestras
relaciones.
No se trata de e un conocimiento intelectual o
analítico. Se trata de acercarnos el uno a la otra o viceversa con la
confianza que engendra el afecto en el marco del diálogo que crea
intimidad en nuestras vidas jóvenes.
Nuestros corazones son océanos por los cuales solamente
navegan los barcos de la amistad, el conocimiento sincero y el crecimiento
de dos enamorados que maduran hasta la sazón
¡Vive hoy feliz!
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