La música como alma,
para un mundo sin hambre
Víctor Corcoba Herrero
Mientras escuchaba el piano me interrogaba a mí mismo.
¿Será posible erradicar el hambre, o quedará simplemente en un ideal
inalcanzable?.
Fue una llamada a la solidaridad el extraordinario
concierto ofrecido por el musicólogo, compositor y concertista de piano:
Juan Gallego Coín; encuentro benéfico organizado por el colegio granadino
“El Carmelo”, en una apuesta “por un mundo sin hambre”. Las obras de
Mozart, Chopin y Albéniz, ejecutadas por el joven y genial artista,
produjeron una intensa emoción en la Sala del Auditorio de la Caja Rural,
por los variadísimos matices y las poéticas delicadezas que brotaron de
sus dedos apasionados y vibrantes. Con los sonidos, su alma; y, con su
alma, el olmo del aire, vibrando en un etéreo desafío por la paz en el
mundo.
La crítica más exigente ya ha dicho que Juan Gallego
Coín es uno de los jóvenes valores del piano en España. Es cierto. Su
forma de acariciar el teclado, el silencio de su voz que habla en soledad,
la lírica mirada y el gesto profundo del níveo sentimiento, sus elegantes
y poéticos movimientos, todo es en él música y lirismo, poesía y belleza.
El pianista nace en Granada y a muy temprana edad (once años) ya consigue
el Premio de Composición Musical de Andalucía, en un Concurso convocado
por la Consejería de Turismo de la Comunidad. Más tarde obtiene, en 1993,
la Medalla “Joven intérprete” de Juventudes Musicales de Granada, del que
su Presidente: Dámaso García, ha dicho que es: “un poeta del piano”.
Durante el curso 97-98, traslada su residencia a Bruselas, becado por la
Junta de Andalucía, para estudiar con Aquiles Delle-Vigne - alumno de
Claudio Arrau. También ha recibido clases de Joaquín Achúcharro. Doctorado
en Ciencias de la Música por la Universidad de Granada, actualmente
realiza la tesis doctoral. Es profesor Superior de Piano en los
Conservatorios de Granada y Málaga. En cualquier caso, a mi modo de
interpretar lo oído en el “Gran Concierto Solidario”, el concertista,
aunque joven, ya tiene un estilo personalísimo, inconfundible, la calidad
del sonido en conjunción con el tema, fue tan excelente, tan exento de
monotonía, que no es fácil escuchar en el piano unos efectos como los que
él obtiene, mediante unas cadencias singulares.
Por una causa solidaria se celebró el Concierto
Benéfico, “por un mundo sin hambre”. Mientras escuchaba el piano me
interrogaba a mí mismo. ¿Será posible erradicar el hambre, o quedará
simplemente en un ideal inalcanzable?. En verdad, entiendo, que es un
asunto de todos, y como tal, un asunto de derecho internacional,
específicamente contenido en diversos instrumentos de los derechos
humanos. Un mundo sin hambre sería un mundo sin la desigualdad cruel en la
distribución de los alimentos. Un mundo sin hambre sería un mundo sin una
degradación ambiental generalizada. ¡Es necesario romper el círculo de la
miseria! ¡Es urgente unir las fuerzas, los conocimientos y el ánimo, el
arte y la vida, para incrementar proyectos que terminen con la
desnutrición y el hambre!. Por ello, es una buena noticia, la de organizar
este tipo de eventos. Nos sirven para examinarnos de conciencia, tan
deficiente en ocasiones.
Publicado el 16 de febrero
de 2003 |