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El abuso de Internet

Javier Arnal

Para algunos, Internet es como un pequeño nuevo dios, cuando es un medio, que puede ser una gran ayuda o foco de pérdidas de tiempo, dinero y hasta salud. Una vez más, entre el uso y el abuso, la separación es más importante de lo que parece.

Todo avance está sujeto al riesgo del primitivismo o resistencia ante lo nuevo y el papanatismo de proferir alabanzas sin fin. Cuando el avance es tecnológico, como es el caso de internet, parece que toda crítica o alerta sobre su abuso tenga un cierto “tinte” de ir contra de la ciencia, que suele ser lo único que se acepta como verdad en nuestros días.

Entre los que más utilizamos internet, sobre todo por razones profesionales, van aceptándose posturas que piden un uso racional. Y no digamos cuando se tiene alguna función directiva, pues se observa cómo no pocos trabajadores se refugian en internet, en más de una ocasión como una “navegación superflua” que aparenta ante sus superiores una actitud laboriosa, cuando lo que envuelve es una buena dosis de pereza para resolver o estudiar cuanto antes lo que debe sacar adelante en su trabajo. Curiosamente, estar delante de un ordenador parece sinónimo de estudio profundo.

En no pocas empresas, ha bastado que algún directivo se acercara a algún ordenador y, delante del trabajador, repasara el “historial” de internet de las últimas semanas. Salen consultas y “navegaciones” más que peregrinas, absurdas o innecesarias para el trabajo, y lógicamente se van adoptando medidas laborales.

Para algunos, internet es como un pequeño nuevo dios, cuando es un medio, que puede ser una gran ayuda o foco de pérdidas de tiempo, dinero y hasta salud. Una vez más, entre el uso y el abuso, la separación es más importante de lo que parece.

Internet puede ser el alimento diario de la superficialidad de algunos, que viven del momento y de la frivolidad de nuevas sensaciones o noticias en las que sólo la curiosidad innecesaria o malsana aparece como justificicación.

El abuso de internet puede generar, incluso, patologías que hasta ahora no conocíamos, y esto va siendo admitido por psiquiatras y psicólogos. Desde luego, los niños son los más vulnerables ante estas nuevas enfermedades, que cultivan el “tecnoautismo”, es decir, la incapacidad de expresar las emociones sin la ayuda de las nuevas tecnologías. Que haya un 20% de niños buscando amistades en la red presenta riesgos: sustituir la relación personal. Y no digamos el dato que revelan ya algunos estudios: más de la mitad de los chavales pasa cada día con los videojuegos un par de horas, ¡pero es que el 5% pasa más de cinco horas! No me negaran que son datos orientativos más que preocupantes.

Son factores de desequilibrio, y también de dejación por parte de las familias, que son quienes han de educar a los chavales en el uso razonable de este nuevo medio, tan decisivo. Los educadores tienen su responsabilidad, pero menor que los padres.

 

Publicado el 20 de febrero de 2003

 

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