La muerte y la vida
Rosa Martha Abascal de Arton
Mi vida entera pasó ante mi en breves instantes, pasé
a centímetros de la muerte. Este incidente me hizo reflexionar sobre la
fragilidad de la vida.
El viernes pasado, tuve un accidente. Una persona que
dio vuelta en un retorno, no me vio, me aventó su camioneta. Por
esquivarlo, di un volantazo al otro lado, logré esquivar el golpe, sin
embargo, me trepé a la banqueta.
Mis hijos, lloraban asustadísimos, yo temblaba, la
verdad, solo por ayuda divina puede librar un golpe, que hubiera dejado al
coche como sándwich entre la camioneta y un poste, seguramente con daños
no solo materiales sino humanos.
Mi vida entera pasó ante mi en breves instantes, logré
salvar un poste por centímetros... pasé a centímetros de la muerte.
Este incidente me hizo reflexionar, sobre la fragilidad
de la vida, de la salud, y de la estabilidad emocional y económica, todo
se puede desvanecer en un segundo.
Entonces, surgieron e mi estas preguntas:
1. ¿Estoy preparada para morir? El fin de mi vida,
siempre ha sido ser feliz en esta vida, siendo la mejor persona que pueda,
para en la otra vida llegar a Dios y ser feliz en la eternidad, pero...
¿lo he logrado? No, me ha faltado tiempo para Dios, para mi marido, para
mis hijos, para mis padres, hermanos, familia, amigos, para mi México, me
ha faltado darme más en todo lo que hago, para servir a los demás,
olvidándome de mi misma
2. ¿Estoy preparada entonces para vivir? Tal vez sea
extraña la pregunta, sin embargo, ante una experiencia en la cual uno se
enfrenta a lo que puede ser el fin de la vida propia o la de los hijos, o
la de cualquier ser humano, estoy convencida que uno debe asumir
compromisos con Dios, que nos ha permitido seguir viviendo, compromisos
que se hagan vida, que se manifiesten en servicio, amor, misericordia y
justicia.
He recibido todo en la vida, unos padres maravillosos,
ejemplo de amor y congruencia, un esposo, regalo del cielo al que amo
profundamente, tres hijos que son la alegría y el motivo de mi lucha, una
familia, unos hermanos y amigos que no me merezco.
Ayúdame Dios mío porque soy débil, ayúdame porque sin
ti no puedo, ayúdame porque soy nada. Te adoro, lo sabes, amo mi vida,
¿qué pasa entonces no lo demuestro plenamente?
Solo Tu, Señor, que me has concedido ésta nueva
oportunidad, sabes porque me la has dado, te imploro que me des la fuerza,
para que mi vida, sea servicio y amor, a Ti, Dios mío, a mi marido, mis
hijos, mis padres, mi familia, mis amigos y mi México querido.
Gracias Dios por esta nueva oportunidad.
Publicado el 24 de febrero de 2003 |