Santa Bárbara
Miguel Rivilla San Martín
Negros y espesos nubarrones aparecen en el horizonte
internacional presagiando la tormenta de la guerra. Todos hablan de ella,
todos la temen. Nadie en público dice quererla. Cada cual, a su modo,
piensa en el remedio para que no se desate. Una gran masa de gente hacen
lo que pueden y creen conveniente: Manifestaciones, pancartas, pegatinas,
gritos, discursos, discusiones, acusaciones..Otros más implicados, hacen
reuniones, pactos, escriben artículos, muestran preocupaciones y opiniones
en tertulias y en distintos medios.. Unos pocos, más influyentes, se
mueven nerviosos en cancillerías, embajadas, organismos internacionales,
en la ONU y en el mismo Vaticano... Mientras, los máximos responsables
siguen ciegos y sordos de conveniencia, ante lo que se avecina. ¿Quién
parará el desastre?¿Qué fuerza humana detendrá la tormenta que parece
inevitable?.
No tardando, quizás, ésta descargue con fuerza
irresistible de muerte y destrucción. Tendremos que sufrir muchísimos las
desastrosas consecuencias. No habría simples espectadores, sino
sufridores.. y es que las fuerzas humanas poco o nada pueden frente a la
furia de la naturaleza..
Entonces, muchísimos, al quedar al pairo de lo que se
les viene encima, como dice el refrán “se acordarán de santa Bárbara, sólo
cuando truena”. Intelligenti..pauca .
Publicado el 25 de febrero de 2003. |