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La Iglesia católica y Constantino

Pbro. Roberto Visier

Uno de las figuras históricas que influyó grandemente en la difusión del cristianismo fue el emperador Constantino que gobernó el Imperio romano en las primeras décadas del siglo IV. En el año 330, con el Edicto de Milán, suprimía todas las leyes de persecución contra los cristianos. Comenzó entonces, después de las sangrientas persecuciones de sus antecesores, una época de tolerancia.

Uno de las figuras históricas que influyó grandemente en la difusión del cristianismo fue el emperador Constantino que gobernó el Imperio romano en las primeras décadas del S. IV. Eso lo convertía en el hombre más poderoso del mundo dominado por Roma durante siglos. En el año 330 con el Edicto de Milán, suprimía todas las leyes de persecución contra los cristianos. Comenzó entonces, después de las sangrientas persecuciones de sus antecesores, una época de tolerancia que fue convirtiéndose en algo mejor. Existía una verdadera simpatía del emperador hacia el cristianismo que lo llevó a bautizarse poco antes de morir. Recordemos que la madre del emperador fue profundamente cristiana y se dedicó con éxito a buscar los restos de la cruz donde murió Cristo. La Iglesia la canonizó y pasó a la historia como Sta. Elena.

Constantino favoreció a la Iglesia cristiana cuanto pudo: edificó Iglesias (llamadas entonces basílicas) y concedió al Papa amplios territorios que se llamaron después los estados pontificios. Allí se edificó la primera Basílica Vaticana. El apoyo del Imperio aumentaba día a día y tuvo su ápice en la declaración del Cristianismo como única religión del Imperio promovida por le emperador Teodosio en el 380. Naturalmente esto hizo que la fe en Cristo se difundiera vertiginosamente. Fue la preparación de una cultura occidental que estará ya marcada para siempre por la doctrina cristiana.

Cómo es natural, por la fragilidad de la naturaleza humana, no iban a ser todo ventajas en la nueva coyuntura. Era fácil que la abundancia de bienes materiales atrajera la codicia de los mal intencionados. También las conversiones se multiplicaban a veces por imitación, como por moda, y muchos caían en la tentación de ser cristianos porque era lo normal, porque era la religión del estado. Eso los convertía en cristianos por conveniencia o por imitación pero que no vivían la fe con toda sinceridad y coherencia.

Este es el argumento principal esgrimido por iglesias cristianas no católicas y sectas contra la Iglesia católica. La acusación sería así: “la Iglesia católica se alío con el poder civil y se lleno de riquezas y poder lo que hizo que se corrompiera, apartándose de la enseñanza de Cristo. La Iglesia católica desde Constantino ya no es de Cristo o se ha desviado mucho de su enseñanza”.

Pero recordemos los argumentos de fe expuestos en otras semanas. ¿Podía Cristo abandonar a su Iglesia y permitir que se perdiera? ¿No sería eso faltar a su promesa de que no sería derrotada por el poder del infierno? (Mt. 16, 18). En caso de que fuera así ¿permaneció el mundo en las tinieblas del error hasta la llamada Reforma protestante mas de mil años después de Constantino o mil quinientos años después con el nacimiento de otras sectas como los Testigos de Jehová o los Mormones. En todos esos siglos ¿no existía la Iglesia de Jesús? No parece razonable.

Demos ahora algunas razones humanas e históricas. No me parece en absoluto negativa la actitud de Constantino, Teodosio u otros monarcas posteriores. O les vamos a negar el derecho a creer en Cristo y favorecer a la Iglesia con los amplios poderes que poseían. Bueno es que la fe se fortalezca en la persecución, que los mártires sean semilla de nuevos y valientes cristianos pero también es muy bueno que los poderes públicos fomenten lo bueno y colaboren en la propagación de la fe. Si muchos se convirtieron o nacieron cristianos por pertenecer a una sociedad cristiana, tuvieron la oportunidad después de profundizar e su fe y no quedarse en una costumbre. Ese tipo de católicos superficiales existen todavía y son los que son presa fácil de otras creencias o iglesias, porque al católico que conoce y vive su fe con intensidad ni se le ocurre porque se siente muy satisfecho.

Sería maravilloso que en lugar de estar de moda el divorcio, el adulterio o el aborto lo estuvieran los valores familiares, la fidelidad, la reconciliación y el amor. O que en lugar de la gelatina en el pelo o enseñar el ombligo se llevase el hablar de Dios o ir a la Iglesia. El que haya dinero para hermosísimas basílicas o catedrales no es malo. Mejor que derrocharlo en pornografía, tabaco o cocaína. Por tanto el apoyo económico y político no tiene que ser causa de deformación de la fe. Para eso está el Espíritu Santo para guiarnos hasta la verdad completa a pesar de los fallos humanos (Jn. 16,13).

Claro habría codiciosos o arrimados al poder, como los habrá siempre. La colaboración de la Monarquía con la Iglesia y de la Iglesia con la Monarquía tuvo sus inconvenientes históricos, pero de ahí a afirmar que la Iglesia se corrompió va un abismo. Porque pecadores y corruptos los habrá siempre y en todas partes pero es una realidad plenamente probada que la Iglesia enseñó siempre lo mismo a lo largo de los siglos. Ni la devoción a la Virgen, ni el que los curas no se casen, el sacramento de la confesión o el dogma del purgatorio son desviaciones de la doctrina del Nuevo Testamento sino prácticas antiquísimas y con claro fundamento en la Escritura.



 

Publicado el 4 de marzo de 2003

 

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