Escuela de oración
Pbro. Roberto Visier
Al comienzo del nuevo milenio el Papa ha propuesto que
toda comunidad cristiana se convierta en una “escuela de oración” como una
de las prioridades pastorales que conducirán a un renacimiento de la fe
católica. La oración entendida como encuentro personal con Dios será uno
de los medios principales para el camino de santidad que nos invita a
recorrer el Santo Padre en este nuevo siglo.
Al comienzo del nuevo milenio el Papa ha propuesto que
toda comunidad cristiana se convierta en una “escuela de oración” como una
de las prioridades pastorales que conducirán a un renacimiento de la fe
católica. La oración entendida como encuentro personal con Dios será uno
de los medios principales para el camino de santidad que nos invita a
recorrer el Santo Padre en este nuevo siglo. Es lo que ha llamado la
primacía de la santidad, de la oración y de la gracia.
Efectivamente, el siglo XXI no comenzó como el anterior
ebrio de confianza en el poder de la ciencia y de la técnica o del
creciente desarrollo de la industria. El ateísmo no será en el presente
siglo una moda ideológica como fue antaño. Las guerras mundiales y los
presentes conflictos relacionados con el terrorismo a gran escala, la
injusticia de las grandes estructuras económicas que rigen el mundo, el
vacío espiritual que experimenta el ser humano rodeado de una tecnología
eficaz pero muy fría, le llevan a la búsqueda de valores espirituales. Por
doquier se extienden las ciencias ocultas y las supersticiones, los cursos
de espiritualidad oriental o de experiencias religiosas más o menos
reconfortantes. Todo ello tiene una clara tendencia sincretista en la que
se cree en todo, se mezcla todo y se acepta todo: astrología, yoga,
meditación trascendental, reencarnación, espiritismo, energías positivas,
aromas, brujerías, poderes mentales, sectas de corte cristiano u oriental,
etc.
Si bien todo esto revela una gran sed espiritual del
hombre contemporáneo, no está exento de una gran ambigüedad. ¿No estamos
convirtiendo lo espiritual en un objeto de compra y venta? En esta
espiritualidad postmoderna se descubre una nota común: la ausencia de
verdadero compromiso personal con Dios, de un cambio moral verdadero.
Pareciera que los fines principales giran en torno a la propia persona:
“crecer en la autoestima”, “superar mi sufrimiento”, “sentirme mejor”,
“tener suerte o éxito”, “sanar física o psicológicamente”. Se descubre un
profundo egoísmo y una extraña lejanía de Dios, a pesar de estar tratando
de cosas espirituales y de nombrarlo continuamente.
En este marco y siguiendo la invitación del gran líder
espiritual del siglo XX, Juan Pablo II, me parece muy conveniente iniciar
un hermoso viaje que nos lleve a profundizar en la esencia de la oración.
Bebiendo continuamente en las fuentes de agua fresca y transparente de la
bimilenaria espiritualidad cristiana, ascenderemos en busca del Dios
inmenso en su grandeza y en su poder, pero también en su bondad y
misericordia que le lleva a hacerse el encontradizo con nosotros, hasta
hacerse en Cristo uno de nosotros. Así es nuestro Dios, cercano, corporal,
amigo ¿cómo no salir a su encuentro para unirnos a él en un abrazo que se
prolongará en la eternidad?
Sirvan estas letras para convidar a mis asiduos
lectores y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que busquen
algo más que una experiencia espiritual exótica. Durante veinte semanas
nos sumergiremos en el apasionante océano de la oración. Acompáñenme en la
búsqueda del Dios vivo que está tan cerca, pero del que a veces nos
sentimos tan lejos, porque nosotros mismos nos alejamos de él
naturalmente, o porque no dedicamos un tiempo cada día al diálogo amoroso
con el Dios Amor. Si Ud. está espiritualmente sediento; si sabiéndose un
sincero católico no ha tenido ocasión de profundizar en su relación con
Cristo; si necesita vivir lo que cree y transmitirlo como una experiencia
personal honda y llena de sinceridad; si se siente demasiado débil para
ser coherente con su fe en su ambiente, en un mundo lleno de tentaciones y
presiones sociales perversas; si intuye que su vida espiritual no tiene
sabor, que su oración es rutinaria y fría; entonces Ud. necesita beber de
la fuente de agua viva de la oración de la Iglesia cristiana de todos los
siglos, plagada de maestros espirituales, de santos que llegaron a vivir
en intimidad con Dios. “Mi alma está sedienta de ti, Señor Dios mío,
cuando entraré a ver el rostro de Dios” (Sal. 42,3).
Publicado el 4 de marzo de 2003 |