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La ética cristiana de los transplantes

P. Roberto Fernández Iglesias, OP

Es necesario tomar conciencia de su bondad ética y tratar de comprender que, una vez muertos, nos constituimos en donantes voluntarios de aquellos órganos que pueden ser útiles a la vida de alguien.

Desde que en 1968 el Dr. Christian Barnard y su equipo realizaron exitosamente un transplante de corazón, el transplante de órganos se practica cada vez más en el mundo actual y su demanda supera la oferta. Por eso es necesario tomar conciencia de su bondad ética y tratar de comprender que, una vez muertos, nos constituimos en donantes voluntarios de aquellos órganos que pueden ser útiles a la vida de alguien. La decisión corresponde a las familias en el caso de que el fallecido no lo haya determinado expresamente antes de su muerte.

Pueden hacerse los transplantes desde animales hacia seres humanos y esto no plantea teóricamente ningún problema ético. Asi, en 1984, se transplantó al corazón de un mandril a una niña (aunque murió al poco tiempo) y también se usaron válvulas biológicas de cerdo en cirugías del corazón. Otros transplantes se dan entre seres vivos y sólo pueden hacerse en el caso de órganos gemelos, y cuando el donante es adulto y además con un consentimiento informado y por escrito y gratuitamente, pues la vida es como el amor; ni se compra ni se puede vender. Pero no se excluye éticamente que pueda haber una compensación económica al donante como gesto de gratitud del beneficiado o como una justa retribución del Estado.

Los transplantes más frecuentes se dan desde el cadáver de una persona hacia otra que, para seguir viviendo necesita órganos del fallecido. Los cadáveres se venían usando desde hace mucho tiempo para los estudios de anatomía. Ahora se da un paso más y se utilizan sus órganos como repuesto. En lugar de que esos órganos se vayan desintegrando en la tumba o se hagan humo y ceniza en la cremación.Es infinitamente superior que puedan seguir viviendo y permitiendo vivir a algún enfermo. Se constituyeron así los bancos de órganos a los que aplican innumerables pacientes que esperan por lista la llegada de una buena noticia.

Están muy bien todos estos avances de la Medicina y hay que aplaudirlos desde la ética. Porque en el fondo se trata de la solidaridad humana, de esa tendencia natural a la conservación de la especie, no sólo en una vida rudimentaria, sino en una calidad de vida que responda a la dignidad de cada persona. Es inhumano amputarse pero hacerlo por el bien del propio cuerpo o para ayudar a los demás es laudable y es moral. Cuántas veces la extirpación de un órgano o la amputación de una pierna le han permitido al ser humano prolongar su vida. Y, hoy, gracias a los transplantes muchos son los que recuperan vida y salud con la consecuente felicidad personal, familiar y social.

Claro que todo tiene que estar enmarcado en un código de ética que se resume en cuatro principios fundamentales: 1. Para obtener órganos no se pueden reducir los esfuerzos por salvar la vida del presunto donante. 2. La muerte del donante tiene que estar absolutamente certificada antes de extraer los órganos. 3. Hay que respetar durante la extracción la dignidad del difunto y los sentimientos de sus familiares. 4. Los órganos deben ser repartidos según la justicia legal (Cfr. Niceto Blázquez; Bioética, pág 315 y ss).

Pero además, como creyentes tenemos otros motivos que superan la ética común y me refiero a las enseñanzas y a la vida del mismo Jesús. "Nadie me quita la vida, yo mismo la doy, pues he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn. 15, 13). Es que en la Ética de Jesús la enseñanza principal consiste en que no es cuestión de dar esto o aquello, es cuestión de darse uno mismo. Y en esta donación consiste la nueva religión, el verdadero sacrificio. Esta palabra tan repudiada por nuestra cultura actual y, sin embargo tan hermosa y tan sagrada. Sacrificio no significa algo doloroso, negativo o masoquista. Sacrificio significa "hacer lo sagrado". Y sagrada es la vida, la verdad, la libertad. Cosas por las que siempre merecerá la pena sacrificarse.

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Publicado en diario "HOY", domingo 2 de marzo de 2003. Quito, Ecuador

 
 

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