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[FIRMAS] CARLOS DÍAZ
El derecho a ser tratado como humano
Dostoyevsky, Los Hermanos Karamazov: «Dime
abiertamente, te invito a hacerlo, responde: imagínate que tú mismo debes
erigir el edificio de los destinos humanos con el objetivo final de hacer
felices a los hombres, de darles, por fin, la paz y la tranquilidad, mas
para ello es necesario e inevitable atormentar aunque sólo sea a la más
humilde criatura, a esa misma niña que se pegaba con su puñito en el
pecho, y, sobre los cimientos de esas lágrimas no vengadas, levantar ese
edificio; dime ¿aceptarías ser el arquitecto en esas condiciones? ¡Dilo y
no mientas!
- No, no lo aceptaría, articuló en voz baja Aliosha.
- ¿Y puedes admitir la idea de que los hombres para los
cuales habrías de construir consintiesen en aceptar su felicidad a cambio
de la sangre injustificada de una criatura torturada y que, habiéndola
aceptado, serían felices para siempre?
- No, no puedo admitirlo».
Y sin embargo pocas cosas habrán mantenido su esencia
tan inalterada a través del tiempo como las violaciones y los atentados
contra la dignidad humana. Ciertamente instrumentos e ingenios de tortura
y de muerte no han faltado: desde el potro o el aplastacabezas hasta las
descargas eléctricas o la administración de sicofármacos que alteran el
dominio del cuerpo va una serie de novedades históricas -aquí cuesta decir
avances o progresos- y un mismo siniestro hilo de ignominia que aún no se
ha roto ni mucho menos. Pero tampoco hacen falta demasiados instrumentos
materiales para tan macabro fin, basta con utilizar como instrumentos a
las personas mismas: torturtar a los familiares más próximos en presencia
del detenido, o incluso forzar a las víctimas a que tomen parte en la
tortura de sus propios familiares.
Mas cuanto ofende la dignidad del hombre perjudica a la
civilización. Ahora bien, aunque todos los humanos aspiran a ser tratado
como tales («¡trátame como a un ser humano!»), sin embargo, en este mundo
hay perros a los que se trata mejor que a personas, y personas a las que
se trata peor que a perros. Para que esto último no suceda, no trates a
los demás como no te gustaría que te tratasen a ti; trata a los demás como
te gustaría que te tratasen a ti mismo. Todo humano es digno, con
independencia de raza, color, profesión, sexo, edad, etc, incluso quienes
optan por comportarse inhumanamente; a estos últimos la sociedad debe
reeducarles y ofrecerles condiciones para su rehabilitación. Si la valioso
de un buen cuchillo consiste en cortar bien, lo valioso del humano
consiste en lograr la excelencia, aquello que nos hace humanos y no
inhumanos
Hay en toda persona más cosas dignas de admiración que
de desprecio, aunque a veces no lo parezca: las hay, al menos porque puede
llegar a haberlas, siendo nuestra misión la de madrugar para descubrir lo
bueno aún invisible que se oculta; así pues, cuando te cueste trabajo
despertar, recuerda: me despierto para llevar a cabo mi tarea de hombre.
Ser persona es sentir que, colocando la primera piedra, se contribuye a
construir el mundo. Las personas existimos unas por otras, así que
instrúyelas, o sopórtalas: la sabiduría deja de ser sabiduría cuando es
demasiado orgullosa para llorar, demasiado grave para reir y demasiado
llena de sí misma para buscar a los demás.
Publicado el 25 de febrero de 2003 |