Feminismo vs.
Feminidad
Rosa Martha Abascal de Arton
El movimiento feminista pretendió en un principio
reivindicar a la mujer que había sido sobajada, humillada y utilizada.
Pero las feministas se fueron al otro extremo, ya no solo defendieron los
derechos de la mujer, sino que comenzaron a atacar todo lo que pudiera
parecerse al hombre, la moral, la religión cayendo en el mismo error que
le criticaron a los hombres: el machismo, además del subjetivismo, el
individualismo y la carencia de cualquier regla moral.
He aquí algunos de los
postulados feministas
1. Las mujeres han sido
engañadas y se les ha lavado el cerebro para que asuman su papel de esposa
y madre como única meta, como consecuencia el ama de casa comenzó a ser
despreciada
2. Debe darse una
revolución social, una reforma de la imagen femenina, para que no tenga
conflictos de satisfacción sexual
3. La cultura existente no
permite a la mujer ser un ser humano pleno
4. Debe crecer la
personalidad humana, sin reglas morales o la religión. La mujer debe
enfrentarse a los "prejuicios religiosos" La religión usa "la técnica
manipuladora de la psicoterapia" para que la mujer no se libere, el
enemigo a vencer y a destruir es las religiones que no le den posiciones
de poder a las mujeres
5. El matrimonio no es una
vocación. Ser esposa y madre es un "papel"
6. La madre que trabaja, es
mejor madre que las dedicadas a los hijos al 100%
7. Luchan a favor del
aborto, lesbianismo, sacar a la mujer de casa. La razón: "libertad de
escoger"
8. El hombre es visto como
el enemigo a vencer, pues ha sido el sometedor de la mujer
Las mujeres
"humanistas-marxistas" comienzan a atacar a otras mujeres: las esposas y
madres tradicionales. De tal manera, que la tolerancia que ellas predican,
no la ejercitan, y acaban ya no solo con los hombres, con las religiones,
sino con las propias mujeres que no comparten sus ideas.
Es por ello necesario
replantear el papel de la mujer en la sociedad moderna, partiendo de las
siguientes premisas:
1. ¿Quien es la mujer?
Mujer es un ser humano, con inteligencia, voluntad y libertad, llamada a
la felicidad y al servicio a los demás, al igual que el hombre. Sus
características son:
1. Médicamente. El cerebro
de la mujer es esencialmente diferente al del hombre, razón por la cual
ve, siente y razona diferente al hombre
2. Psicológicamente la
mujer es mucho más sensible, perceptiva y emocional que el hombre, se
manifiesta a través de su feminidad. Una cualidad propia de la mujer, es
su capacidad de acoger al ser humano, comenzando por sus hijos, su esposo,
su familia, su sociedad y su trabajo
3. Ontológicamente, es un
ser bio-psico-social, único e irrepetible, tan humana como el hombre y por
lo tanto con la misma dignidad, valor y trascendencia que el hombre e
igualmente llamada a la felicidad temporal y eterna.
4. Físicamente, solo la
mujer puede ser madre y su cuerpo es diferente al del hombre.
5. Social y políticamente,
el sello femenino ha sido y es trascendental para el buen desarrollo de
los pueblos (Margaret Thacher, Juana de Arco, Isabel la Católica)
6. Familiarmente, el
corazón y el eje de una familia, siempre ha sido la mujer por su capacidad
de darse. La mujer está llamada a ser el corazón, el eje, esto viene en la
naturaleza, es irrenunciable e insustituible y es complementaria con el
hombre
7. Laboralmente una mujer
aporta además de sus conocimientos, su percepción, su tacto, su delicadeza
que transforman el ambiente de trabajo y benefician a todo el ámbito
laboral.
8. Económicamente, son tan
capaces como el hombre de aportar recursos a su familia, de hecho lo hacen
también con el trabajo del hogar.
9. Educativamente, el genio
de la mujer, impulsa valores éticos, afectivos, sociales, religiosos,
culturales... a la vez , madre y padre, son corresponsables de la
educación de los hijos
2. La realización de la
mujer depende de cómo ella, la sociedad y el Estado, entiendan y ejerzan
su personalidad, su sexualidad, sus deberes y derechos, su dignidad y su
vocación.
3. Las estructuras
públicas, políticas y económicas, deben verse enriquecidas con la
feminidad.
4. Valorar a la mujer
conlleva reconocer y revalorizar el papel insustituible y heroico de las
tareas maternas y familiares que ella realiza
5. El trabajo en el Hogar
es un trabajo necesario, complejo, absorbente, con alto valor social,
ordenado al bien estar y bien ser de las personas y que contribuye a la
estabilidad, progreso ético y espiritual de la familia, base de la
sociedad.
A partir de esas premisas,
se obtienen las siguientes conclusiones:
1. Se debe trabajar en una
política integral de Estado para que la mujer se reconozca y se acepte
como mujer, con idéntica dignidad que el hombre, pero con el don de la
feminidad que debe transmitir para contribuir al desarrollo de la familia,
la sociedad y la Patria.
2. Se deben abrir todos los
espacios educativos y sociales para que la mujer se prepare lo más posible
y transmita su genio femenino en todos los ámbitos en que conviva.
3. Las mujeres que trabajen
en la empresa o funciones públicas deben dar lo mejor de si mismas,
impregnando con su inteligencia, creatividad y sensibilidad, todas las
decisiones y su ambiente de trabajo y comunidad.
4. La mujer debe participar
en la modernización de todas las leyes en especial la laboral, para
proteger a las madres trabajadoras y evitar la humillación y
discriminación a la mujer
5. Se debe valorar y
reconocer educativa, cultural, fiscal y laboralmente el trabajo del Hogar
como aportación social invaluable e insustituible.
6. El hombre debe aceptar y
ejercer su corresponsabilidad en el Hogar con la mujer
7. Con el pleno
reconocimiento, aceptación y ejercicio del papel de la mujer,
necesariamente se fortalecerá la familia, la sociedad y el Estado.
El machismo no se ataca con
feminismo, los extremos no se concilian nunca, el machismo se ataca con la
afirmación de la feminidad como complemento de la masculinidad y
viceversa.
"Te doy gracias mujer por
el hecho mismo de ser mujer. Con la "intuición" propia de tu feminidad
enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las
relaciones humanas" (Karol Wojtyla)
Publicado el 11 de marzo de
2003 |