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[FIRMAS] P. SANTIAGO MARTÍN
Se dejó tentar
1º Domingo de Cuaresma
9 de marzo de 2003
“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al
desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por
Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían”. (Mc 1, 12-13)
Cristo quiso asumir en todo la condición humana, a fin
de que estuviéramos convencidos de que nada nuestro le es ajeno. Pero si
Él no cometió pecado, sí llegó hasta las puertas del pecado: las
tentaciones. Era preciso que nos quedara bien claro que su amor por
nosotros había llegado hasta el extremo, un extremo que culminará cuando
llegue la hora de morir en la Cruz, en medio por cierto de la más terrible
de las tentaciones: la duda de fe en el amor de Dios.
Nosotros, sin embargo, debemos intentar evitar las
tentaciones, pues quien las elude evita el pecado. No hay que jugar con
fuego, pues el riesgo de quemarse es grande y mortales las heridas.
¿Cómo podemos, pues, imitar a Cristo, que se dejó
tentar?. Podemos equiparar la tentación a otro concepto: el de la
complicación, el del compromiso. En realidad, Cristo lo que hizo fue
complicarse la vida por nosotros, correr riesgos por nosotros. Y en ese sí
le podemos imitar. Podemos y debemos -por agradecimiento hacia Él-
complicarnos la vida por hacer su voluntad, echar en nuestros hombros
cargas ajenas para aliviar al que sufre -como hizo Él con nosotros-,
aceptar los riesgos del amor. Dejémonos, pues, complicar la vida por Él,
como Él se la complicó por nosotros, siempre con la debida prudencia.
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