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[MEDIOS] EL OBSERVADOR
La Guadalupana, ¿vendida?
Por Alfonso Navarro *
Kafka creyó haber imaginado los mayores absurdos de la
vida humana, pero ahora sus fantasías palidecen ante los excesos febriles
de algunos mexicanos.
Kafka estará -allá donde
esté- corroído por la envidia.Inconsolable.Pobre Franz. Creyó haber
imaginado los mayores absurdos de la vida humana, pero ahora sus fantasías
palidecen, ingenuas, ante los excesos febriles de algunos mexicanos. En
México -alguien ha dicho-, Kakfa no hubiera pasado de ser un escritor
costumbrista. Porque hay que ver lo que se escribe, se dice y se hace en
este país. “¡Qué lástima -pensará Kafka en su ignoto paraíso- no haber
nacido mexicano! ¡Cuan delirantes absurdos hubiera publicado, obteniendo,
adicionalmente, la adhesión admirada de no pocos ‘intelectuales’!”. Así
habrá razonado, envuelto en rabiosos celos, mientras lo traspasaba una
noticia tan aberrante como falsa y ruin: la imagen de la Virgen de
Guadalupe ya no pertenece formalmente a los mexicanos porque la basílica
de Guadalupe la ha vendido a una empresa estadounidense. Mísero Kakfa. Ni
su pesadilla más extravagante pudo trasladarlo a tan lejanos confines de
la demencia.
Y, ya instalados en el
tema, no pretendo ahora entrar en los detalles de un contrato de nula
vigencia legal desde hace casi un año, un contrato muerto desde hace más
de nueve meses, sobre el que se ha hecho girar ese gigantesco absurdo que
ha sacudido al país. Menos aún me interesa poner de relieve el pérfido
hecho de silenciar la primera cláusula de aquel contrato; en ella se
estipulaba claramente, explícitamente, que la Basílica “otorga(ría) la
venta y uso exclusivos de los registros”. Sí, de los registros; solamente
los registros colocables en los objetos religiosos, no la imagen de la
Virgen de Guadalupe. Tampoco haré hincapié, finalmente, en la malograda
finalidad del contrato: el legítimo derecho de la Basílica de allegarse
recursos lícitos para sus obras contando con la ayuda de una empresa que,
como quiera verse, estuvo dispuesta a arriesgar, a subvenir en tan noble
tarea. Pero tal parece que, en este idiotizado país, hasta la pretensión
de ayudar a los demás, de mejorar la condición de los necesitados, se ha
convertido en pecado imperdonable.
Como dije, paso por alto lo
anterior. Me preocupan más otros absurdos: por ejemplo, el manejo perverso
del secreto. Al ser publicado aquel contrato efímero de la Basílica, la
privacidad de la misma quedó conculcada por un amarillismo disfrazado de
investigación periodística, urgido de comercializar y aumentar las propias
ventas. De nada hubiera servido a la Basílica el invocar la comisión de un
delito constitucional y penal en su contra. Su queja se hubiera deshilado
en el aire. En México, la privacidad y el secreto -Kafka se muerde las
uñas- es virtud en los abusivos, y delito en los fregados. Así estamos en
este sórdido país, sórdido no por su pobre y noble gente, sino por los
poderes -los cuatro- que cada día lo apestan más.
Pero la estampida
arrolladora, elefantesca, de las sandeces ha corrido también por otros
campos. Muchos han hablado y escrito de simonía, de fines de lucro y, en
el colmo de la ignorancia, del business del episcopado. Scripta manent.
¡Ingenuo Franz Kafka, ilumínalos, por piedad! Esos tales, antes de hablar
o escribir, debieron investigar el objeto y contenido exactos de aquel
fugaz contrato; debieron demostrar con pruebas la venta de objetos
religiosos bendecidos; debieron probar, no imaginar o suponer, la venta de
la imagen guadalupana; debieron... y ahora deben detener su diarreica
esquizofrenia o su misticismo hipócrita, viperino. Pueden empezar, para
ello, por llevar la investigación periodística a otros templos, sinagogas,
mezquitas, ashrams, estupas, pagodas y ONG’s. Un paseíllo por esos lares,
por sus contratos, por sus fuentes de ingresos, por las fundaciones
extranjeras subvencionantes, no estaría por demás. Los que difaman
tozudamente a la Iglesia católica, ¿creen que allá sólo florecen los
lirios de la santidad económica? ¡Oh, Kafka!
Para fortuna de la cordura
nacional, el cardenal Rivera puso los puntos sobre las íes: “Es una
rotunda mentira el decir que la imagen original de la Virgen de Guadalupe
se ha vendido, se ha concesionado en exclusiva a alguna persona… nadie
tiene la exclusiva; si pertenece a todos los mexicanos, nadie la puede
vender. Lo que sí pueden hacer, y lo ha hecho el Rector de la Basílica, y
lo han hecho muchos artistas, y lo han hecho muchos comerciantes, es
vender imágenes de la Virgen de Guadalupe. A eso todo el mundo tiene
derecho: de reproducir la imagen y distribuirla, regalarla, venderla en
oro, en plata, en una camiseta, en una veladora… Nadie tiene exclusiva
sobre la Virgen de Guadalupe”. De ahí que, con absoluta honestidad
intelectual, el editorial de Excélsior haya concluido: “Con la explicación
de Rivera la situación queda clara, tan clara como siempre ha sido, y
otros comentarios resultan ociosos”. Ni más ni menos, aunque les pese a
los kafkianos.
*Director de Comunicación
Social de la Arquidiócesis de México.
Publicado el 10 de marzo de
2003 |