¿Qué sería del Perú
sin la Iglesia Católica?
José Antonio Benito Rodríguez
Se debate en el Congreso de la República la
conveniencia de mantener lo que todas las constituciones sin excepción han
registrado: "Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado
reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación
histórica, cultural y moral del Perú y le presta su colaboración".
Suprimirlo sería caer en la amnesia total y negar la realidad.
“No hay mayor injusticia que tratar igualmente a los
que son desiguales”. Así reza el refrán popular. Pues manos a la obra,
padres de la patria. El artículo 71 de la proyectada reforma
constitucional no hace otra cosa que constatar un hecho, un acontecimiento
que es historia, que es vida: la Iglesia Católica es parte de la entraña
del Perú, de sus raíces, del tronco de sus árboles centenarios, de sus
frutos.. Según la edición estadística de Datum Internacional de El
Comercio en "La Encuesta del Milenio: Religión" (Lima 19 marzo 2000), "el
Perú es el país donde más se cree en un Dios (80%), reafirmando así una
tradición católica que no ha perdido vigencia" (p.5). Más allá de estas
cifras, hay que constatar datos evidentes como la gigantesca procesión del
Señor de los Milagros, considerada por la historiadora María Rostowrowski
advocación como la más importante para la hermandad racial e integración
pluriétnica del Perú. En nuestra Universidad Sedes Sapientiae, Lima se ha
conformado un equipo que está preparando una exposición acerca de esta
procesión para ofrecer en el meeting de Rímini (Italia) en agosto del
2003; a tal muestra cultural suele acudir cerca del millón de personas; el
Señor de los Milagros representa en la actualidad un emblema de peruanidad
en todo el mundo. Otro ejemplo, la procesión del Corpus en Cuzco, del que
se ofreció un espectacular documental la semana .pasada en el Congreso de
la República por obra del P. Vicente Santilli.
Pero la mayor riqueza del Perú, más incluso que el
representado en su bandera (reino minera, vegetal y mineral), lo
representan sus hombres. Misioneros intrépidos como el protomártir Fray
Diego de Ortiz, agustino, que misionó en Vilcabamba, en tiempos de Tito
Cusi Yupanqui hasta los mártires recientes de Chimbote de 1991 y que
pronto veremos en los altares.. Pensemos en centros de vanguardia que
formaban misioneros para la Amazonía como el convento de Ocopa o para los
Andes como la Recoleta franciscana de Arequipa. Por estas fechas se está
reeditando en Lima la monumental obra del P. Fr. Bernardno IZAGUIRRE OFM
Historia de las Misiones Franciscanas en el Oriente del Peru (tomos I y II)
Nueva edición preparada y anotada por el P. Fr. Félix Sáiz Díez, OFM,
Volumen I (1619-1767) Lima 2002, 776 pp.
Señala el documento “Ecclessia in America” (1999) que
los santos: son el fruto más sazonado de la identidad cristiana del Perú..
En este momento, según la obra Index ac Satus Causarum de la Congregación
para la Causa de los Santos (Ciudad del Vaticano 1999) junto a los cinco
canonizados Rosa de Lima (Isabel Flores y de Oliva), Toribio Alfonso de
Mogrovejo, Francisco Solano, Martín de Porres y Juan Macías; la Beata
arequipeña Ana de los Angeles Monteagudo, Beato Luis Tezza (1841-1923)
figuran otras quince causas relativas al Perú como la de Pedro Urraca
(1583-1657), Francisco del Castillo (1615-1673), Nicolás de Dios Ayllón
(1618), Francisco Camacho (1629-1698), Luisa de la Torre Rojas, Beatita de
Humay (1819-1869), Teresa de la Cruz Candamo (1875-1953), fundadora de las
canonesas, el salesiano Octavio Ortiz Arrieta (1879-1958), Melchora
Saravia Tasayco, la Melchorita 1895-1951. Martín Fulgencio Elorza
Legaristi, obispo de Moyobamba, pasionista (1899-1966). El profesor Rafael
Sánchez Concha tiene lista una obra monumental al respecto.
Casi todos los especialistas coinciden en afirmar que
la cristianización del Perú es un acontecimiento decisivo en la formación
de la identidad nacional. Releyendo la monumental “Historia de la
República” de Jorge Basadre nos recuerda cómo el primer congreso llegó a
nombrar como patrono del Perú a San José; vale la pena recordarlo ahora
que estamos en la fiesta del santo y en el centenario del gran
historiador.. V. A. Belaunde en su obra Peruanidad llegará a decir que la
peruanidad es una síntesis viviente creada por el espíritu católico. M.
Marzal escribirá en Religión Católica e identidad nacional (Lima 1979,
pp.148-9) que tal identidad católica se traduce en el peso de la Iglesia
institucional en el Perú y en la religiosidad popular. Por su parte J.A.
Arguedas sabe comprender el alma andina y descubrir en ella las raíces
profundas de una evangelización que se expresa en las palabras del
sacristán en la diminuta iglesia de San Pedro::” “Dios es esperanza, Dios
alegría, Dios ánimo”.
Vale la pena recordar el testimonio de la viuda de
César Vallejo, quien en su lecho de muerte, a finales de marzo de 1938,
dijo « Escribe » ; y le dictó : « Cualquiera que sea la causa que tenga
que defender ante Dios más allá de la muerte, tengo un defensor : Dios ».
¿Qué sería Perú sin la Iglesia? Si quitamos a sus
grandes hombres como Grau, católico practicante tal como ofrece la
modélica biografía del Dr. J.A. de la Puente; sin sus monumentos (pensemos
que la Casona de San Marcos o el Museo fueron iniciativa de Dominicos y
Jesuitas), sin sus archivos y bibliotecas, sin sus centros educativos
(colegios, universidades...), sin sus hospitales y centros asistenciales,
sin sus obras literarias, sin sus pueblos y ciudades, sin su
toponimia,.sin hombres El Perú, sin la Iglesia, sencillamente, no sería.
Publicado el 14 de marzo de 2003. |