[FIRMAS] CARLOS DÍAZ
¿Es esto un mundo cristiano?
¿Cómo vive la ciudadanía del Tercer Mundo que se ve
obligada primero a la huida del propio país y a la miseria después, ya en
el país de llegada? Vive en la carencia y en la des-moralización. Abusos
del poder politico, económico y policial, desviación especulativa del
dinero, confusión entre lo público y lo privado, administrado aquéllo en
función de intereses particulares, discrecionalidad de los medios de
comunicación, utilización y abuso de la mentira como forma de
comunicación, injusticias que claman al cielo porque el derecho penal cae
sobre los pobres mientras el constitucional engorda a los ricos que
alardean de su impunidad, suplantación de lo legítimo por lo legal, bosque
de leyes que lejos de resolver los problemas esenciales los enmascara,
violencia, desprecio a la vida, corrupción, desempleo, evasión fiscal,
tráfico de drogas, torturas, secuestros, etc. Entre el miedo y la
impotencia, entre la desconfianza y la maledicencia, entre la frustración
y la desesperación, en verdad ¿qué son -se preguntaba san Agustín- los
reinos sino grandes latrocinios cuando no existe justicia?.
No, no es éste un mundo fácil para los emigrantes, cada
vez más numerosos y cada vez más pobres (más pobres más pobres) mientras
los ricos cada día más ricos. La expulsión masiva de millones de personas
de la relación laboral en el mundo entero tiene sus primeras expresiones
en la disminución de ingresos económicos, o en determinados casos en la
ausencia total de los mismos; a su vez, de ahí se deriva tanto su
creciente marginalización objetiva, es decir, su ruptura con toda la trama
relacional de la vida privada, como su desesperanza subjetiva, al
percibirse a sí mismos como sujetos no rentables e inútiles que sólo
representan una carga para los demás y para las instituciones: en
definitiva, una incertidumbre y un vacío de sentido como resultado de una
crisis de identidad.
Pero existe un escalón aún mucho peor; en efecto, entre
estos desempleados que emigran se encuentran los ilegales, los
indocumentados, los sin techo, las minorías étnicas, las personas con
problemas personales (minusválidos, ex-psiquiatrizados, marginados
crónicos, excarcelados), o con problemas judiciales (libertad condicional,
tercer grado, condenas alternativas), etc, muchos de ellos con serias
dificultades adicionales tales como falta de actitud y de aptitud
adecuadas para llevar adelante una vida laboral normalizada. En
definitiva, estas personas desestructuradas existencialmente han agotado
todas las prestaciones o subsidios, si los tuvieron alguna vez, de ahí su
absoluta carencia de renta; además estas gentes se encuentran con
dificultad para acceder a los recursos disponibles, tales como planes de
empleo, cursos de formación ocupacional, formación reglada, escuela de
adultos, subsidios ocasionales; peor todavía, cada vez deviene mayor el
número de los que se saben excluídos no sólo del mercado de trabajo
convencional, sino incluso de los hoy ya complicados círculos de trabajo
alternativos tradicionalmente ocupados por colectivos desheredados (venta
ambulante, quincallería, chatarra, etc), de los cuales a su vez van siendo
progresivamente expulsados por los grupos «afortunados» provenientes del
desempleo.
Esta es la paradoja: que la clase social más abundante,
es precisamente la que menos significa; hay una relación inversamente
proporcional entre abundancia y significación: los menos abundantes
resultan ser los más significantes, y los más abundantes los más
insignificantes.
Si tales gentes podrían sentirse en su propio país como
un perro al que nadie saca a orinar, en país ajeno son tratados como perro
flaco y pulgoso al que todos tratan de apalear. Helos, pues, ya aquí,
llamando a nuestra puerta deshechos y desechados social, profesional,
familiar y personalmente muchos de ellos, cada vez más y más. La puerta
del segundo mundo se abre a la del tercero y ésta a la del cuarto, como en
una sucesión de improntas kafkianas sin término ni tregua. Y siempre viene
detrás otro más mísero comiendo las cáscaras que el mísero arrojó.
¿Es esto un mundo cristiano?
Publicado el 12 de marzo de 2003. |