In God we trust
Eduardo Hayen Cuarón
Para comprender mejor el espíritu bélico de los
Estados Unidos hay que echar una mirada a los principios religiosos
emanados del protestantismo que dieron origen a la nación. El conflicto
Estados Unidos-Irak puede comprenderse mejor a la luz de la relación que
los norteamericanos tienen con Dios.
Estados Unidos es un país guerrero. La guerra en Irak
es el último eslabón de una larga historia de intervenciones de los
norteamericanos en otros territorios del mundo. Son ellos la superpotencia
económica y militar más poderosa de la tierra. Es interesante recordar que
Estados Unidos es una nación fundada sobre principios religiosos muy
fuertes. Las palabras In God we trust, que significan “En Dios confiamos”,
fueron acuñadas en sus monedas por petición de algunas iglesias
protestantes en el siglo XIX. Estas proponían incluso un nuevo preámbulo a
la Constitución donde se reconociera a Dios como fuente de la autoridad y
del poder en el gobierno civil, a Jesucristo como Soberano de las naciones
y a la voluntad de Dios como la ley suprema de todo el territorio, en
orden a constituir un gobierno cristiano. En 1955 el presidente Eisenhower
ordenó que las palabras In God we trust fueran estampadas también en el
papel moneda. En aquellos años crecía la tensión de la guerra fría donde
se confrontaban la civilización judeocristiana y el ateísmo comunista. Era
una manera de hacer recordar al pueblo estadounidense que las raíces de su
libertad estaban plantadas en su fe en Dios y en el deseo de vivir bajo la
voluntad del Altísimo.
El 44 por ciento de los norteamericanos asiste en la
actualidad al culto una vez a la semana, lo que convierte a Estados Unidos
en el país con el índice más alto de asistencia a las iglesias. ¿Cómo
explicar, entonces su espíritu bélico? ¿Cómo entender sus esfuerzos por
propagar el liberalismo capitalista como el estilo de vida que debe
imperar en toda la humanidad? Un factor importante que nos ayuda a
entender esta mentalidad es, precisamente, la concepción que tienen de
Dios y su relación con él.
Estados Unidos es una nación eminentemente protestante.
Martín Lutero, quien inició la Reforma protestante en la Alemania del
siglo XVI, estableció dos principios fundamentales de su doctrina: para
salvarse basta la sola fe en Jesucristo, y la interpretación privada de la
Sagrada Escritura, lo que dio origen a la fragmentación de las iglesias
nacidas de la Reforma en miles de sectas. Lutero no solamente tuvo
problemas muy serios con la autoridad de la Iglesia Católica, sino también
con el misterio de la paternidad de Dios. Para él, Dios elige
arbitrariamente a quienes están destinados a salvarse y quienes se han de
condenar. Con Lutero comenzó a desfigurase el rostro de Dios que es Padre
de todos y que quiere que todos los hombres se salven. Juan Calvino
deformó aún más a Dios afirmando que es un Dios dictador, que hace lo que
quiere con el hombre y que predetermina su libertad. Las ideas luteranas y
calvinistas sobre los predestinados a la salvación influyeron en los
puritanos, quienes llegaron de Inglaterra a Norteamérica con la mentalidad
de que el éxito económico era un signo de su predestinación al cielo.
La conquista del territorio que ocupa Estados Unidos se
logró prácticamente con el exterminio de los pieles rojas, considerados
por los anglosajones como seres inferiores, pertenecientes al grupo de los
“condenados” porque la Biblia lo decía. Ellos los blancos, en cambio, eran
los “desarrollados”, los elegidos por Dios. Los colonos protestantes se
consideraron con el derecho, fundado en la misma Biblia, de poseer sin
limitaciones toda la tierra que lograran ocupar, como lo hizo el pueblo de
Israel, expulsando o exterminando a sus habitantes. In God we trust dicen
los dólares. Ahora entendemos también porqué in war they trust (en la
guerra confían).
En el fondo de las guerras estadounidenses hay un
cristianismo deformado que invoca a Dios en público, jura sobre la Biblia,
canta God bless America, pero al mismo tiempo exporta armas, provoca
guerras, impulsa la legalización del aborto y pisotea los derechos de
otros pueblos. Con un cristianismo así, ¡sálvese quien pueda! Es cuando
nos damos cuenta de que entre el terrorismo norteamericano y el islámico
no hay gran diferencia. Sólo que uno actúa desde la clandestinidad
mientras que el otro lo hace pidiendo votos en las Naciones Unidas.
Publicado el 24 de marzo de 2003. |