Para entender una
guerra "casi" inevitable
José Ignacio Calleja
Este texto o borrador para la ocasión, bien podría
titularse “verdades a medias” en torno a una guerra “casi” inevitable y lo
de “casi” por deferencia hacia la libertad humana y nuestra supuesta
“bondad”, pero las dudas sobre la inevitabilidad eran pocas. Veamos qué
decir sobre estas verdades y mentiras, o verdades a medias acerca de una
guerra.
La primera verdad, tal vez sea ésta: Es cierto que Irak
representa, con sus 22 millones de habitantes y 440.000 kms. cuadrados,
por su situación respecto a Israel y por su centralidad en el área del
“petróleo”, uno de los países a tener en más en cuenta por cualquier
potencia mundial como los Estados Unidos, Europa, Rusia, China o la India.
El hecho de que se trate de un país gobernado por un dictador
incontrolado, con esta situación geoestratégica y económica, es algo que
no puede pasar desapercibido y que constituye, al cabo, el hilo conductor
de casi todo. Pero es un país soberano, y si la soberanía vale para todos,
¿por qué para éste no? El problema es, también, la soberanía.
Es cierto también que Irak es capaz de desarrollar
armas químicas y bacteriológicas; de hecho las ha usado en la guerra
contra Irán, y parece capaz de hacerse con la tecnología y los componentes
necesarios para desarrollar otras armas de destrucción masiva, armas
atómicas. Esto en el futuro. Pero esto mismo lo están haciendo otros, o lo
han hecho antes, pienso en la India, Pakistán, Israel o Corea del Norte
entre los nuevos, y en todos los países con armamento nuclear, en Europa,
además de USA. Su uso y abuso por un dictador es algo que puede ocurrir en
varios sitios; y por un “George Bush”, en muchos otros todos.
Es cierto que Irak podría tener, relaciones muy
intensas con la red terrorista “Al Qaeda” de “Osama Bin Laden”, u otras
que pudieran surgir o ya están activas, las cuales de hacerse con armas de
destrucción masiva, cada vez más pequeñas y manejables, representarían una
amenaza gravísima para las poblaciones de los pueblos “ricos” y,
especialmente, de USA e Israel.. Se ha dicho, y es verdad, que la guerra
con estos medios está pasando a ser una cuestión privada, en cuanto que
cualquiera puede hacerla, y que lo que podría verse en breve dejaría lo
del 11S como cosa de niños. Pero el primer productor y exportador mundial
de armas es Estados Unidos; y él es el primero que pone en manos de sus
“aliados” la tecnología y componentes que convengan; y el primero que
desarrolla las armas que le convengan sin control o límite. Todo lo que se
produce en el ámbito de la “legalidad”, mediante el dinero, llega a otros
destinos.
Es cierto que Irak es una dictadura fuera de todo
control interior y exterior. Hacia dentro, como tantas dictaduras, cruel
con la oposición, pero contando con un respaldo popular asentado en la
demagogia, la manipulación, la ignorancia, el patriotismo falaz y el
fundamentalismo religioso... en fin, lo normal en estos casos, cuando la
gente prefiere seguridad a libertad, orden público a derechos, identidad
patriótica a razonamientos. Con este equipaje ideológico y político, el
régimen de Sadam Husein es temible por imprevisible. Pero como esta
dictadura hay en el mundo otras, comenzando por los emiratos árabes,
apoyados desde Estados Unidos mientras le son fieles, y cuestionados
cuando surgen problemas; luego la diferencia de trato a las distintas
dictaduras tienen que ser otras que el mayor o menor abuso de los derechos
humanos en esos países o el aprecio americano de la democracia por sí
misma, de “los valores irrenunciables a los que apelaba la carta de los
ocho presidentes europeos” del 30 de Enero de 2003, el famoso “orden”.
Es cierto que las resoluciones de la ONU relativas a
Irak y la destrucción de su arsenal de armamento químico, bacteriológico
y, en su caso, atómico, (resolución 687, de Febrero de 1991, en
particular) han sido objeto de ocultamiento, desprecio e incumplimiento
por este país, lo cual es inadmisible en una sociedad cada día más
convencida del respeto debido a la legislación internacional para
preservar la paz. Pero tampoco esto es una novedad, en particular en el
caso de Israel, o Rusia en Chechenia, donde ni las resoluciones de la ONU
se cumplen, ni USA es un ejemplo de respeto a la independencia de la ONU
para que formule las resoluciones que estime necesarias; es sabido que su
derecho de veto, el propio de los cinco miembros permanentes del Consejo
de Seguridad, y su peso en la financiación, además del político, marcan
decisivamente la agenda de la ONU. Los propios EEUU de América se han
quedado al margen de los mejores acuerdos internacionales como el de Kioto
(sobre el cambio climático), o en la OMC y las trabas comerciales que se
deberían superar, o la competencia del Tribunal Penal Internacional sobre
determinados delitos presuntamente cometidos por ciudadanos (militares)
norteamericanos. Además, Estados Unidos, tras la resolución 1441, aceptada
a regañadientes, se ha reservado el “derecho” a un ataque preventivo
contra Irak, haya o no otra resolución de la ONU que se lo autorice, y
supongo, si fuese posible, que se lo prohiba. Como se sabe, las peores
previsiones ya se han cumplido. Luego la cuestión del incumplimiento de
las resoluciones de la ONU tampoco parece decisiva.
Es cierto que Estados Unidos ha vigilado con lupa los
perversos planes e intenciones de un dictador, Sadam Husein, fuera de todo
control interior y exterior, y esto desde los años 90 y con beneficio para
todos. Pero no es menos cierto, que hay una cuestión de honra nacional,
(la guerra anterior no termino con el dictador de Bagdad en la calle,
quizá porque no se encontró un sustituto con ventaja), una cuestión de
financiación, el mundo entero abonó la factura de la guerra en la
reconstrucción, y el tirón de la industria de armamentos nunca ha sido
despreciable en la economía de USA. De hecho, otra vez USA tiene que hacer
un esfuerzo extraordinario para mover su maquinaria de guerra, pero a la
vez, y quizá primero, esta inversión descomunal de medios beneficia, ¡qué
casualidad!, a las empresas y grupos económicos que apoyaron el triunfo
republicano y, en particular, del tejano George Bush; y además, puede
significar la renovación de su triunfo en un nuevo mandato presidencial y
pone sordina a escándalos financieros (contabilidades falsas) que han
afectado al círculo de poder económico en USA.
Es cierto que Estados Unidos podría necesitar abordar
su crisis económica con otras medidas inversoras que activaran su economía
de manera más popular y tradicional, pero que nadie olvide que la
industria que es “el ejército” ha terminado por ser la ventaja comparativa
más evidente de USA y un poder inapelable: el que lo quiera tener, tendrá
que pagarlo, las resoluciones internacionales sólo valdrán si USA las
impone, pues de otro modo no hay fuerza humana que las haga obedecer. Es
el problema de una soberanía internacional, muy incipiente, y la falta de
una fuerza que legítimamente la haga obedecer aquí y allá. Se podría
decir, por tanto, que está en juego no sólo la guerra sí o no, sino la
lucha por una primacía internacional duradera; de ahí la oposición de
Francia, Alemania, Rusia y China. Algunos han dicho que Francia y
Alemania, además de intereses concretos en la zona del conflicto,
defienden una Europa capaz de tener un “euro”, moneda internacional de
pago en las transacciones comerciales, sobre todo, del petróleo, y de
reserva para el Tesoro de muchos países de Asia, América Latina y África.
Al cabo, USA intentaría ¡qué no cunda el ejemplo de Irak, ahorrando en
euros y aceptando el euro en pago de su petróleo! No me parece una causa
despreciable, dada la ventaja que el sistema actual de pagos, sin
convertibilidad desde la época de Nixon, supone para el dólar USA.
Esta clave internacional es, desde luego, muy
importante. Caigamos en la cuenta de que mientras USA está pensando en un
equilibrio mundial unitaleralista, bajo su poder, Gran Bretaña, y quizá
España, están pensando en una comunidad de naciones donde la renovada ONU
reconozca otros protagonismos, pero desde el multilateralismo colaborador
con USA; por contra, Francia piensa más en un eje propio de la UE y Rusia,
frente a USA, dando equilibrio al mundo por el camino de los contrapesos.
Son formas distintas de reestructurar los protagonismos en el nuevo
“orden” mundial.
Es cierto que las fuentes del petróleo, por el modo de
vida y desarrollo de Occidente, son hoy por hoy la primera necesidad de la
economía mundial. Es la materia prima de un modelo de desarrollo basado en
el consumo intensivo de petróleo y sus derivados. En manos de dictadores
que decidieran a su antojo, podría destruirse el “orden” económico
internacional que conocemos u otro que equilibre mejor los intereses de
productores y consumidores, pero sin cambiar en lo fundamental. Como digo,
unos regímenes políticos incontrolados no sólo podrían provocar una guerra
de precios, sino ahogar las economías de los países desarrollados.
Hablamos de una actuación caprichosa y chantajista, cosa no tan improbable
en países con poblaciones sometidas y acostumbradas al sufrimiento y,
sobre todo, hartas del desprecio cultural y político de Occidente en su
doble rasero ante Israel y los Palestinos, y en general los pueblos
árabes. Pero no es menos verdad que el petróleo está donde está y hacerse
con esas reservas concretas en Irak, y en general en golfo Pérsico, cuando
un barril de ese producto allí sale a 0.70 dólares, y se vende a 30
dólares, decía que hacerse con la dirección soberana sobre ese lugar
supone la soberanía económica mundial en el próximo siglo. Si se suma la
ventaja militar a la ventaja energética, quién podrá dudar de los
intereses en juego en el evite norteamericano.
Es cierto que todos los pueblos del mundo occidental
ganaríamos, a primera vista y sin consideraciones de justicia, con una
victoria militar rápida de USA en la zona, y con una organización más
“democrática” de ese país, y de otros cercanos, asegurando el respeto de
los acuerdos internacionales en la zona. La locura ideológica, es decir,
el fanatismo cultural y religioso que aparece por tanto lugares del
planeta, con sus secuelas de terror hasta manifestarse en los llamados
“comandos suicidas” y las redes en que se organizan, es una realidad
inapelable y terrible. Pero habrá muchos muertos y heridos en la población
civil de Irak, de lo cual algo habrá que decir; y, en segundo lugar, las
experiencias históricas de opresión y abuso económico o cultural a las que
en buena parte obedecen, también hay que reconocerlas y expiarlas. Cuando
USA, y a su manera Europa o Japón, se preguntan por qué nos odian, la
respuesta tiene que ser todo menos la cara de ingenuidad de quien no ha
roto un plato: el colonialismo, el desprecio cultural, el abuso militar y
el silencio ante la causa palestina, la explotación de las riquezas por
las multinacionales y la connivencia con lo peor de las élites autóctonas
más indignas, algo tendrán que ver en la respuesta a por qué nos odian
tanto. El victimismo es un mal consejero y suele acallar también culpas
propias, pero es evidente que el odio acumulado entre los árabes, y en
general, en las masas de cultura musulmana, hacia Occidente y su presunta
superioridad cultural, puede dar al traste con lo mejor de la tradición de
los derechos humanos universales. Otra vez, nuestra argumentación desde
“el orden” exige aclarar de qué orden hablamos y por qué es “el orden”.
Con todo esto, qué podemos pensar sobre la guerra
preventiva, o intervención militar preventiva, contra el dictador de
Bagdad, Sadam Husein, y al cabo, el pueblo iraquí, y sobre todo, sobre si
es inevitable, no sólo de hecho, sino como último recurso, una vez probado
el fracaso de todos los demás. Veamos mi tesis. Si hablamos de la guerra
que vendrá, la guerra preventiva contra Irak, los datos y fines
geoestratégicos se imponen por doquier. Hay muchas razones, y la del
desarme no es mentira, pero las económicas y estratégicas, dinero y poder,
lucen con luz propia y destacada. Se debe decir que la decisión de entrar
en guerra, la guerra preventiva o intervención militar agresiva, ha
precedido a los argumentos para probar que es imprescindible. Entonces,
¿no hay nada que hacer? Claro que hay que hacer, pero se impone hablar en
clave de justicia. Y si queremos abordar directamente la cuestión de la
guerra inmediata como algo inevitable, “para forzar el desarme de Irak,
que la ONU exige”, no lo olvidemos, debemos decir que, sin duda, hay otros
modos de responder al conflicto y buscar su resolución si guerra. Eso es
la política y para eso sirven políticos y diplomáticos, y para eso sirven
formas democráticas en el uso de “la fuerza” por la comunidad
internacional, que están por llegar, cierto, pero que también hay que
permitir e impulsar. Hemos hablado de que es necesario un nuevo orden
internacional sustentado en valores como la cooperación, el respeto, los
derechos humanos y el derecho internacional; hemos dicho que en se marco
había que dirimir los conflictos; hemos creído que ese “orden moral y
político” era nuestra obra civilizatoria; y llega una amenaza a los
intereses nacionales y geopolíticos de nuestros países, y la guerra
preventiva, la intervención militar preventiva (o agresiva), nos la
presentan como algo inevitable y justo. Todo esto es patético y cruel. Y
merece nuestra respuesta.
Debemos decir que lo que está ocurriendo es la crónica
de una guerra anunciada contra un dictador, sí, pero antes contra un
pueblo, Irak, la injusta guerra de una(s) potencia(s) con intereses
imperiales muy variados, que ha decidido ir a una guerra preventiva que le
es imprescindible para sus fines de potencia única, pero que no puede
justificar lo más mínimo, como recurso último e imprescindible, porque no
cumple ni uno solo de los criterios tradicionales: no hay causa justa bien
clara, en el sentido de bienes o derechos esenciales sometidos a una
amenaza cierta, grave e injustificada por el pueblo iraquí, ni autoridad
legítima con recta intención que la declare, ni último recurso tras
haberse agotado todos los medios pacíficos de solución, ni justicia clara
en los fines perseguidos y en los medios a utilizar, ni proporción entre
el bien que se busca y el mal que se puede causar, ni respeto del derecho
internacional en todos los momentos y pasos, ni posibilidad de impedir
daños indiscriminados sobre la población civil. ¡Que juzgue cada uno lo
que ve!
Y si nuestro pensamiento es, como a mi juicio se
impone, que la guerra moderna conlleva tal grado de violencia que hace
imposible su consideración como “mal menor”, verificándose en sí misma
siempre como un mal y, seguramente, “el mal mayor”, digan “no” con más
razón. Pero éste es otro discurso que a muchos, todavía, parece exagerado.
Sin embargo hay que ir adelantándolo. El futuro, y ya está aquí, requiere
el desarme de los pueblos, en sus grandes medios de destrucción, y su
encomienda a la ONU como la autoridad democrática natural para la
intervención humanitaria de la comunidad internacional donde sea
necesario. De hecho, el “Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares”,
con más de treinta años a sus espaldas, significaba la no nuclearización
de nuevos Estados, ciertamente, y la destrucción de los arsenales de los
nuclearizados. USA ha querido que se cumpla lo primero, olvidando lo
segundo. Es un ejemplo más de la doble medida moral y política de las
grandes potencias. Este compromiso antinuclear de todos, para salvarnos
todos, es el comienzo de una coherencia imprescindible para hablar de
“orden”. Por fin, el “orden al que apelamos tantas veces”, el que hace de
punto de partida de tantas opiniones y juicios, es decir, los derechos
humanos, aquello por lo que se dice intervenir, el orden democrático de
los derechos humanos regulando modos de decisión e intervención
“civilizados”, ¿no es cierto que para subsistir en los fines requiere que
se practique en las estrategias políticas o medios? Como alguien ha dicho,
¿cuánto tiempo podremos aguantar la contradicción entre la barbarie que
exige la hegemonía exterior y los principios y actitudes que requiere la
vida democrática al interior? Poco tiempo, sin duda. ¿Y el estado español,
con Aznar como Presidente del Gobierno? Todo el mundo ve que la posición
del gobierno del PP, presidido por el Sr. Aznar, es de plena
identificación con la estrategia de George Bush. Algunos han querido
probar que es la misma posición de Felipe González, en 1991, pero el
ex-presidente ha probado que es muy distinta (cfr., El País, 12 de Febrero
de 2003). Poco a poco, además, el Sr. Aznar se ha quedado sólo en el
Parlamento español y en la calle, y se ha aliado en la UE, con Gran
Bretaña e Italia, frente a Francia y Alemania. ¿Cómo es posible? ¿Qué
busca aislándose y “rompiendo” la UE, como promotor de la famosa carta, o
como “correo”? Convendría pensar en el apoyo de USA para acabar con ETA;
quizá la promesa de entrar en el G7, para que sea G8, y España octava
potencia mundial; quizá la posibilidad de apoyar más la política exterior
española, su comercio internacional, y sobre todo el apoyo del gigante
americano en algún proyecto de inversión internacional sobre las nuevas
energías (“hidrógeno”: unos 10.000 millones de euros); quizá asegurarse,
con Gran Bretaña, una posición más poderosa frente a Francia y Alemania;
quizá la convicción de llegar antes a la coalición donde Francia y
Alemania no faltarán; quizá protegerse frente al Norte de Africa,
especialmente, frente a Marruecos, y otros pretendientes a la amistad
americana, y “rivales” de España frente a Francia; quizá las reservas de
petróleo en la costa del Sáhara, participando con USA y Marruecos en su
explotación y reparto; quizá una idea muy conservadora de los males de
nuestro tiempo en clave de crisis de valores humanos y USA como
oportunidad; quizá una idea de España como nación Estado, más reconocido y
fortalecido internacionalmente en su unidad intrínseca. Vaya a Usted a
saber qué intereses les mueven finalmente.
Después de estas notas hechas a tientas, la guerra ha
estallado y ¿qué decir? Llegó la guerra, ¿comenzó el silencio? No,
ciertamente no. Era ilegal e inmoral, y los hechos consumados no hacen
bueno lo malo. Nunca callaremos sobre esto, ni aunque la guerra sea breve,
¡ojalá!, ni aunque nos convengan sus resultados, ¡veremos!, ni aunque
terminen con una dictadura, ¡cómo y a favor de qué otro "desorden"! Pero
ya no podemos detenernos en el lamento amistoso o en la queja moral.
Tenemos que hablar y hacer, sobre todo, hacer que dure lo menos posible,
hacer que se controlen en el uso de la fuerza, hacer que se sientan
vigilados por los ojos de lo que queda de comunidad política internacional
y de sus tribunales de justicia; no cejar en los esfuerzos diplomáticos
quien pueda ofrecerlos, hacer que la ayuda humanitaria cobre una prioridad
determinante, aunque sea por vergüenza, y hacer que los efectos políticos
representen el mayor provecho para los pueblos olvidados de la zona;
hablar y presionar, para hacerles ver que deseamos un mundo multipolar y
equilibrado en torno a la ONU, que no queremos nada que no nos pertenezca
honradamente, y que las víctimas de la guerra son más nuestras que ellos
mismos, aunque ellos nos gobiernen. Al cabo, sólo queremos vivir creyendo
que somos humanos y ningún dolor nos resulta ajeno, y que a la hora de la
verdad, nuestra primera religión, patria y civilización son los perdedores
inocentes en contiendas como ésta. Deben saber, debemos hacérselo saber,
que las guerras se ganan en el frente, pero se pierden en la retaguardia,
y nosotros somos su retaguardia. Callar, no; hablar más que nunca y
presionar como nunca para que sepan que exigimos el fin de la guerra ya,
¡es casi imposible, lo sabemos, pero éste es el realismo que no podemos
consentirnos sin se de ellos!, que los frutos de su triunfo sólo los
queremos si nos pertenecen y, aun éstos, no a cualquier precio y por
cualquier medio; que queremos para las generaciones futuras lo que es
suyo, aquí y en Irak, en Palestina y en todos los pueblos: la comunidad
equilibrada de los pueblos en torno a los derechos humanos, y no el
desarrollo insostenible construido sobre sangre ajena e inocente. Lo vamos
a decir mil veces, no porque seamos mejores que ellos, sino porque no
vemos otra manera de vivir mejor y ser mejores todos.
Publicado el 24 de marzo de 2003. |