Imprimir

Los caminos cuaresmales vividos en familia

Víctor Corcoba Herrero

Oración, ayuno y limosa son caminos cuaresmales. Y para sobrellevar la carga de la “subida”, la música desempeña una función elevada, única e insustituible.

Oración, ayuno y limosa son místicos caminos cuaresmales. Y para sobrellevar la carga de la “subida”, la música desempeña, entre las manifestaciones del espíritu humano, una función elevada, única e insustituible. Cuando ésta es realmente bella e inspirada, como son los conciertos de Antonio Linares Espigares, nos habla, incluso más que todas las demás artes, de la bondad, de la virtud, de la paz, de las cosas santas y divinas; porque, para él, la música es su gran vocación, es su vida misma. Así nos habla de tan nívea pasión: “No puedo imaginarme otra vida, ni un solo día, sin “producir” música. Si Dios me ha dado este don, no es para mí solo, lo quiero compartir. La música, aparte de unir, es el mejor alimento intelectual”. Desde siempre, el lema de su vida, cuando interpreta la música, no define egoísmo o satisfacción propia, es toda comunicación con el oyente que no espera solamente la interpretación, sino todavía más, es decir, que llegué y cale hondo.

La Sagrada Familia fue la primera en recibir y testimoniar el evangelio de Jesucristo, y lo hizo con plena docilidad a su vocación: constituye por ello el modelo y la mediación de gracia para todo hogar cristiano. A ella deseo acudir hoy para que los cristianos sepamos responder, con una atención especial, a esta tarea urgente: acoger y anunciar la buena nueva del matrimonio, la familia y la vida; en este tiempo de oración, ayuno y limosna. Como también acudo a ese Movimiento Familiar Cristiano de Granada (MFC), ejemplo de bien hacer y decir, que hace unos días, en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Carmen, hacían la renovación de compromisos de integración de sus miembros. Este emotivo acto, al que asistieron la gran mayoría de los matrimonios componentes en Granada del MFC, presidido por el consiliario diocesano don Sebastián Sánchez Maldonado y el matrimonio responsable diocesano: don Pedro Corchon Martínez y doña María del Carmen González Yagüe, es fermento de luz para la familia, santuario de vida y esperanza para la sociedad, por desgracia tan disgregada hoy.

Durante la Eucaristía intervinieron testimonialmente algunos de los matrimonios presidentes que lo fueron en algún momento, en los casi cuarenta años que el MFC está en Granada, sus palabras fueron un testimonio convincente de la posibilidad de un matrimonio vivido de manera plenamente conforme al proyecto de Dios y a las verdaderas exigencias de la persona humana. Como se escribe en el último número de la revista del MFC (Comunidad y Familia 2001), bellamente ilustrada con profundos textos -recomiendo su lectura-: “Todo aquello que el MFC nos ha dado tenemos que ponerlo al servicio de los demás, renovando nuestras ilusiones y entusiasmos, nuestros métodos y formas si es necesario, pero sin abandonar nunca convicciones y carisma. Las familias, las de hoy y las futuras, nos lo demandan, respondamos con nuestro compromiso e ilusión”.

Ante tanta cultura que nos disgrega, me surge la pregunta: ¿Podemos los cristianos permanecer indiferentes ante tanto dolor, ante tanta tragedia? Nuestra limosna, nuestro ejercicio de caridad y de solidaridad, la unión eucarística como ese ejemplo del MFC de Granada, la música vivida en silencio para beber sus angelicales pausas, la soledad compartida para reencontrar a Dios, será un espléndido y bien cristiano ejercicio cuaresmal.
 

Publicado el 24 de marzo de 2003.

 

Inicio ] [ Atrás ]