¡Recen por nosotros!
Carlos A. Le.Maire Aguilar
Es un llamado desde el corazón mismo del conflicto,
que se vuelve una consigna mundial para cada uno de nosotros. Tenemos que
orar, para que esto se detenga.
¡Recen por nosotros!. Ese fue el llamado suplicante que
la esposa de un periodista iraquí, afiliado a la cadena BBC de Londres, le
hace al mundo entero desde su casa, ubicada en medio de la destrucción de
Bagdad.
Y es que solamente nos queda orar y pedirle al
Todopoderoso, que guarde la vida de todas estas personas, que inocentes,
se encuentran en medio de un conflicto militar, que por su intensidad, no
tiene precedentes en la historia.
Nos queda orar por cada mujer, hombre, niño o anciano,
que lo único que quieren es seguir viviendo. En estos momentos tan
críticos, no piden nada mas, lo único que piden es vida.
Cuantas personas se encuentran acorraladas en sus
casas, sintiendo como la tierra se mueve por el impacto de los mísiles.
Escuchando como cruzan los aviones por encima de sus casas, oliendo el
humo de la destrucción y la desesperanza.
Quizás suene muy trágico, muy patético, pero la
situación de estas personas es definitivamente terrible. Cada madre que se
pregunta, si mañana vera a sus hijos crecer, que se pregunta si mañana
vera a su marido junto a su familia, si llegara a mañana.
Según los altos mandos de las fuerzas aliadas, ellos no
están bombardeando a la población civil, sus objetivos se centran en
instalaciones militares y estratégicas del régimen de Hussein, sin
embargo, hay informaciones de bombardeos en zonas de civiles.
Pero en todo caso, quizás no lleguen a tirar bombas
sobre alguna casa, pero el daño moral y psicológico que estas personas
están recibiendo no tiene ninguna justificación.
Testimonios de niños que no duermen, de niños que
lloran y gritan desesperados, con el miedo marcado en sus inocentes ojos,
ese daño, no lo compensará nada. Madres que quizás no vean regresar a sus
hijos o esposos, su soledad no la compensará nada.
Y esas madres se presentan en los dos bandos del
conflicto. ¿Cuantas madres norteamericanas o inglesas, no dormirán,
pensando si los muertos que ya se reportan, son sus hijos o esposos?. Ese
dolor y soledad no lo compensará nada ni nadie, nunca.
El Papa, Juan Pablo II en su mensaje del sábado pasado
ha dicho: "Cuando la guerra, como la de ahora en Iraq, amenaza el destino
de la humanidad, resulta más urgente para nosotros proclamar, con voz
firme y decidida, que la única paz es la construcción de una sociedad más
justa y compasiva".
Una sociedad justa y compasiva, donde nadie tenga que
derramar su sangre, por una causa, que quizás no es la suya. Que nadie
tenga que ver partir a sus seres queridos, con la incertidumbre si mañana
regresaran al hogar. Una sociedad donde todos y cada unos de sus
ciudadanos, tengamos la capacidad y el raciocinio necesarios para zanjar
nuestras diferencias. Donde sin importar nuestra raza o ideas, sepamos
sentarnos a dialogar y solucionar nuestros conflictos.
¡Recen por nosotros!. Es un llamado desde el corazón
mismo del conflicto, que se vuelve una consigna mundial para cada uno de
nosotros. Tenemos que orar, para que esto se detenga, tenemos que orar,
para que la paz social y personal del pueblo iraquí regrese.
Tenemos que orar, para que la paz sea para todos.
Nosotros desde este lado del mundo, también estamos afectados. Sabemos que
un conflicto de estos nos afecta también, afecta nuestras economías,
nuestros bolsillos y nuestra tranquilidad interna.
Somos testigos de las cientos de manifestaciones
diarias, en las que millones de personas alrededor del mundo, piden una
sola cosa: PAZ.
Necesitamos un mundo más coherente y más pacífico.
Oremos por esa familia en Bagdad, por todas las familias en Irak. Oremos
por todos nosotros.
Publicado el 24 de marzo de 2003. |