Imprimir

Sembradores de confusión

Pbro. Roberto Visier - cenaculost@cantv.net

Pero no queda ahí la cosa en la campaña anticatólica de la mayoría de las sectas fundamentalistas de corte cristiano. En pequeños folletos o revistas, normalmente publicadas por miles en EE.UU. y distribuidas gratuitamente en Latinoamérica, he leído afirmaciones que, si no tuvieran un efecto tan fatal, serían irrisorias

Pero no queda ahí la cosa en la campaña anticatólica de la mayoría de las sectas fundamentalistas de corte cristiano. En pequeños folletos o revistas, normalmente publicadas por miles en EE.UU. y distribuidas gratuitamente en Latinoamérica, he leído afirmaciones que, si no tuvieran un efecto tan fatal, serían irrisorias. Provoca reír por no llorar. Son tan absurdas, tan infundadas y apartadas de toda razón histórica, cultural o religiosa que no merecen ni ser rebatidas. Dichas elucubraciones de mentes ignorantes o mal intencionadas pretenden convencer a las gentes sencillas que el culto a la Eucaristía, la celebración de la Misa o la devoción a la Virgen proceden del politeísmo romano, del paganismo egipcio, o de antiguas divinidades femeninas de la fecundidad. Dicen que la Iglesia es una organización que promueve la violencia, que nada de lo que enseña tiene que ver con Jesús y el Evangelio. En definitiva se atreven a preguntarse en el mismo título del panfleto ¿son cristianos los católicos? Para demostrar de un modo ridículo que la Iglesia cristiana de todos los siglos, la que sembró la fe en Jesús en todos los rincones de la tierra, siglos antes de que muchas sectas cristianas de la actualidad existieran, la que durante mil años fue la única comunidad que difundiera la Biblia y la enseñanza de Cristo, esa Iglesia milenaria, ¡asombroso descubrimiento! ¡Ni siquiera se le puede llamar cristiana! Eso, estimado lector, es el colmo.

En ese punto el contraste con las iglesias protestantes antiguas es patente. Ni la Iglesia luterana, ni anglicana, ni mucho menos la ortodoxa se atreverían a decir que la Iglesia Católica no es cristiana. Me resultó muy consolador leer recientemente unas palabras del patriarca ortodoxo dirigidas al Papa en la fiesta de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, en las que también él compartía el dolor del Papa y de la Iglesia por la desunión de los seguidores de Cristo y exhortaba a seguir redoblando los esfuerzos para recuperar la unión deseada por el Maestro de Nazareth para sus seguidores. Esa debe ser la actitud de todo el que de verdad se sienta cristiano. Nunca debemos promover la rivalidad, el odio, la descalificación, ni recordar los errores del pasado si no es para reafirmar nuestra voluntad de no volver a cometerlos.

Un flaco servicio a la causa de Jesús le prestan los que siembran antipatías y prejuicios contra todo el que no sea de su estrecho y cerrado círculo. Mucho me temo que esas actitudes hostiles son el reflejo de una tendencia fundamentalista y fanática propia de grupos que muy posiblemente nacieron como secta y están llamados a desaparecer tarde o temprano. Algunos de ellos se ponen el nombre de cristianos pero su doctrina está tan alejada de la Biblia y de la tradición cristiana que se convierten en sospechosos de usurpadores de tal nombre. Quizás por eso están tan interesados en hacer creer a los demás que los únicos fieles a Jesucristo son ellos y que más nadie se salvará. Pero si algunos ni siquiera reconocen la naturaleza divina del Hijo de Dios (como los Testigos de Jehová) y otros le dan más importancia a un enigmático libro revelado (el libro del mormón) que a la misma Biblia, cabe preguntarse ¿de veras son cristianos? De hecho la mayoría de las Iglesias cristianas antiguas no los reconocen como tales y no son tomadas en cuenta por el Consejo Ecuménico de las Iglesias Cristianas, institución internacional creada para fomentar el diálogo entre las distintas confesiones cristianas. Así es como el dardo envenenado que lanzan para quedarse con la exclusiva de la salvación, se vuelve contra ellos como un bumerán para golpearlos y poner una sombra de fundadas dudas sobre su autenticidad.

Terminemos todas estas semanales reflexiones sobre la división entre los cristianos, rogando a Dios que el siglo XXI no sea de más confusión y dispersión. Al mismo tiempo suplicamos al Señor que en las presentes y preocupantes circunstancias que amenazan la paz mundial, la fe en Dios no vuelva a convertirse en excusa para la violencia y el odio, sino que descubramos que ese único Dios creador en el que todos creemos, es un Padre amoroso que rechaza toda violencia y odio y que no quiere la muerte ni goza destruyendo a los vivientes, sino que es el Dios de la Vida, del Amor, de la concordia y la reconciliación.
 

Publicado el 28 de marzo de 2003.

 

Inicio ] [ Atrás ]