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Ante la guerra de Irak

Javier Menéndez Ros

Resulta imposible estos dias escaparse a la principal noticia que inunda los telediarios, los periódicos, la radio e internet. Y desgraciadamente, como la mayor parte de las noticias, no se trata precisamente de algo bueno, sino de una de las mayores desgracias que puede sufrir el ser humano: la guerra.

Es cierto que resulta difícil que haya paz en nuestro planeta. Pensemos que desde el Génesis hasta nuestros dias, desde la primera piedra que Caín arrojó a su hermano hasta el último misil lanzado en Bagdad, el hombre no ha hecho más que pelearse, luchar, matar y morir. Detrás de cada guerra se podrán descubrir diversas motivaciones: incrementar el poder, acabar con un enemigo molesto, riquezas, envidias, amores, pasiones, religión, y tantas otras de las que solo sabe el corazón humano. Parece incluso que en la actualidad no existe ni un solo momento en que no haya alguna guerra o conflicto en nuestro planeta. Pero el hecho de que la historia del ser humano esté llena de guerras no atenúa la gravedad del actual conflicto bélico en Irak.

Está claro que pretender entender todo el entramado político, militar, religioso y económico que se mueve detrás de esta guerra es algo así como ilusorio, pero quisiera lanzar algunas pistas que quizás nos sirvan para entenderla mejor.

No se trata éste de un conflicto que nos haya pillado por sorpresa, pues llevamos ya cinco meses debatiendo sobre su conveniencia, oportunidad o falta de ellas. Qué duda cabe que los actos terroristas del 11 de Septiembre han marcado de forma importante al pueblo y al gobierno americano, que al sentir en su propia carne y en su propio terreno las zarpas del terror, se han sensibilizado mucho más con todo lo que suponga acabar con los focos que lo originaron, incrementando más aún el papel de Estados Unidos como sargento policial del mundo.

A lo largo de ella hemos visto el esfuerzo denonado de los inspectores de Naciones Unidas por descubrir armas prohibidas en Irak y por lograr compromisos para su destrucción. Su trabajo ha sido lento y muy difícil, y aunque han conseguido algunos frutos, parece que no han sido suficientes para la impaciencia de Estados Unidos. Desde el momento en que los americanos movieron pieza, adelantando al golfo Pérsico un gran contingente de tropas, buques, aeronaves y toda la logística que eso lleva aparejada, se hacía difícil pensar que fueran a dar marcha atrás. Resultaría como lanzar un órdago y tirar las cartas antes de dejar contestar al contricante. Sería retirarse avergonzado, y eso no va con los americaos.

Ciertamente parece que se mide por otro rasero el caso de Israel, pais al que la resolución 242 de la ONU conminó hace más de 30 años a retirarse de los territorios ocupados y también país que cuenta con un armamento militar potencialmente más peligroso que el que tiene Irak. No parece probable que por ahora nadie esté pensando en atacarle por ello.

Como un simple observador de la realidad internacional intento entender algunas de las motivaciones que parecen esconderse detrás de esta guerra: acabar con un líder fundamentalista que puede acumular armas de destrucción masiva y que puede dar cobertura a otros terroristas islámicos, acabar con un foco de tensión y de riesgo futuro en la zona estratégica del golfo Pérsico, hacerse con el control de un pais con una de las mayores reservas petrolíferas del mundo, dar una lección al fundamentalismo árabe más radical, y quizás otras muchas…pero ninguna de ellas y ni siquiera la acumulación de todas ellas me convence de que ésta es una guerra necesaria.

Juan Pablo II, como cabeza de la Iglesia católica, ha hablado con claridad meridiana sobre la guerra, pero como tantas veces, cuando lo que dice no concuerda con nuestra opinión pues resulta muy facil hacer oidos sordos a lo que dice. El Papa ha hablado con unos y otros antes del inicio del conflicto, ha rogado para que se busquen soluciones en la paz, pero no se le ha escuchado. Ahora, solo puede, como de hecho está haciendo, implorar a la Virgen Santísima por el don supremo de la paz y rezar por "todas" las víctimas que la tragedia bélica devora cada día. El ha manifestado su profundo dolor y tristeza por unas actuaciones militares que considera no sólo indignas del mundo contemporáneo sino además inútiles, pues como dijo hace poco: "la violencia y las armas no pueden resolver nunca los problemas entre los hombres"

Y cuando los cañones hablan esparciendo sangre y muerte a su alrededor es difícil pensar en paz, reconciliación, soluciones para el futuro, etc. Por contra, lo que se está haciendo es ensanchar y agrandar de forma peligrosísima la separación entre el denominado "mundo cristiano occidental" y el mundo árabe. Este último muy dividido, pero que a causa del ataque anglo-americano parece que tiende a olvidarse de diferencias para unirse en la lucha contra la agresión injusta. Parece que en Arabia Saudí se están formando colas con centenares de iraquíes previamente huídos del regimen de Sadam para volver a su pais y luchar por su religión, por su tierra, que no por su líder. Es un dato significativo.

Veo en los telediarios imágenes que no por frecuentes dejan de ser terribles. Cuerpos destrozados, sangre, dolor y odio, mucho odio porque los civiles están muriendo como moscas, porque no entienden y no hace falta ser un vidente para preveer que lo que se está creando es carne de cañón para el terrorismo islámico del mañana.

Robin Cook, el dimisionario ministro laborista británico de Relaciones con la Cámara y jefe de los laboristas en los Comunes, que renunció a su cargo por no estar conforme con la postura de Blair sobre Irak, escribió hace poco un artículo, esclarecedor como pocos de los que he leído. En el comentaba las incongruencias de Estados Unidos y Gran Bretaña que en los años ochenta y cuando les interesó utilizar a Irak, le proveyeron con agentes de ántrax, y construyeron fábricas de productos químicos y municiones. Algo parecido a lo que hicieron los americanos ayudando a Bin Laden y sus compinches cuando les interesó que peleasen contra los soviéticos.

Nadie duda de que Sadam es un tirano, que masacró y gaseó sin piedad a los kurdos, que posiblemente esconda armas prohibidas, pero al que no se le puede hacer desaparecer rematando a un pueblo ya de por si muy malherido por guerras y embargos anteriores.

Pero ahí está: David contra Goliat, el potencial militar más sofisticado del mundo luchando contra tormentas de arena, matando y muriendo, pues de eso se trata en la guerra. De ella no podemos esperar imágenes bonitas, pues todo lo que se siembra en ella es odio y destrucción.

Y el gigante americano, parece que tiene todo ya muy pensado. No deja de chocar que, mientras aún están guerreando, salgan noticias tan chocantes como que un contrato de 4.8 millones de dólares para la reconstruccion del importante puerto iraquí de Um Qasr ya ha sido otorgado por la Agencia estadounidense para el Desarrollo internacional (USAID) a Stevedoring Services of America (SSA) con sede en Seattle. O que por ejemplo, la Armada americana haya adjudicado el principal contrato de lucha contra los incendios de los pozos de petróleo en Irak a una filial de Halliburton, multinacional presidida hasta hace tres años por el actual vicepresidente del gobierno, Dick Cheney, empresa que ya tiene adjudicada el suculento contrato de la logística que necesita el ejército americano. Al menos están planeados otorgar ocho contratos más a empresas civiles americanas para reconstruir lo "recientemente destruído" por un valor superior a los 900 millones de dólares. Todo ésto sin olvidar el nada despreciable negocio que las empresas armamentísticas y de alta tecnología americanas pueden estar haciendo con esta guerra.

Así que mientras unos hacen el negocio del siglo a otros no les queda sino morir, enterrar a sus muertos y alimentar su corazón con odio, rencor y ánimos de venganza.

Mención aparte merece los que han visto en este conflicto el arma perfecta para derribar o al menos debilitar a su adversario político, o los que han visto que se les presenta la ocasión perfecta para salir a escena, desempolvando viejas banderas anarquistas, republicanas y de toda índole. Con lo que la utilización política de la guerra a unos, como el partido republicano de Estados Unidos, les puede servir para salir reforzados e incluso ganar unas próximas elecciones y a otros, para hacerse con el poder deseado. En definitiva que usamos la sangre vertida para tener más poder.

Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que una guerra es una fracaso para el hombre, pues indica que la palabra, que el entendimiento no ha prevalecido sobre la fuerza de las armas. Esta guerra, sólo querida por uno de los bandos, es una prueba más del mal en el mundo y ante ella, nosotros los cristianos, no podemos sino expresar clara, rotundamente, como lo ha hecho la cabeza de nuestra Iglesia, nuestra oposición a la misma. Primero porque soy hombre y segundo porque soy cristiano me opongo a esta guerra.
 

Publicado el 28 de marzo de 2003.

 

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